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jueves, 27 de julio de 2017

La Sombra de la Duda

Por: Francisc Lozano*



Así que, o bien los fiscales e investigadores de antes eran muy malos y los de ahora son genios, o el Fiscal quería proteger a los inversionistas de Navelena para que el escándalo no afectara su imagen.


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Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Santos y Néstor Humberto Martínez. Fuente: lasillavacia


El 5 de enero del 2017, en un hecho increíble, y después de sólo dos semanas de investigación (sí, Sherlock Holmes sería un inepto en la Fiscalía General de la Nación), el Fiscal Néstor Martínez lanzó una afirmación temeraria: “Hoy la Fiscalía ha descartado la posibilidad de corrupción en el caso de la adjudicación de las obras del río Magdalena. En ese caso específico no hemos encontrado corrupción”. Y digo que es temeraria porque, por ejemplo, después de más de 20 años de investigación, la Fiscalía no ha podido cerrar el caso del Palacio de Justicia, o tras 18 años del asesinato de Jaime Garzón, aún no se sabe exactamente quién lo mandó a matar, por qué y quiénes más participaron. 


Así que, o bien los fiscales e investigadores de antes eran muy malos y los de ahora son genios, o el Fiscal quería proteger a los inversionistas de Navelena para que el escándalo no afectara su imagen. Mas Justicia Tributaria y Jorge Robledo se encargaron de distribuir sus hallazgos en este caso y, gracias a su trabajo y valentía, hoy sabemos que el Banco Agrario le entregó irresponsablemente un crédito de 120.000 millones de pesos a Odrebecht, plata que ya sabemos se robaron. Exactamente esa misma suma era la que el Gobierno había prometido invertir en la construcción del alcantarillado en Quibdó para saldar una “deuda histórica en San José de Tadó, Bahía Solano, Nuquí y así, doce municipios más”, así que saquen cuentas de lo que se perdió.


Pero las astucias de Martínez no terminaron ahí. Un mes después, el 7 de febrero, le trasladó gran parte de la investigación sobre la financiación de las campañas de Santos y Zuluaga al Consejo Nacional Electoral para que investigara “lo de su competencia”. Y como es sabido, el CNE no es la institución más fuerte en el ámbito de investigación criminal en el país, por lo que los frutos de dicho traspaso no serán plausibles. Y sí levantarán dudas como la que me atañe en este momento: ¿Por qué el CNE le abrió una investigación formal a Óscar Iván Zuluaga y su campaña, y no también a Juan Manuel Santos y su campaña? Esto da mucho en qué pensar, ¿no?


Ahora bien, en unas declaraciones lamentables, Santos ha dicho “me acabo de enterar”, una vez la Fiscalía habló de los pagos de Odebrecht a su campaña, y para colmo de males, ha dicho que sólo un funcionario de segundo nivel de su campaña ha sido procesado por las autoridades, como si eso significara que más no caerán o que su campaña fue menos corrupta que la de Zuluaga. Y remató diciendo "señor Fiscal, no tenga ninguna contemplación y que le caiga todo el peso de la ley a quien le tenga que caer", y yo me hago las siguientes increpaciones: ¿Qué hubiera pasado si Santos no hubiera dicho eso? ¿Acaso no hubiera investigado el Fiscal su campaña? ¿El Fiscal recibe órdenes del Presidente sobre qué debe y qué no debe investigar? ¿No conoce el Fiscal sus funciones?


En un país serio, el Fiscal, quien ha asesorado directa o indirectamente al Banco Agrario en el consorcio Navelena, a Navelena y a la Ruta del Sol, entre otros, como lo han demostrado Justicia Tributaria y Jorge Robledo (ver vídeo), y el Presidente que recibió dinero de una compañía extranjera ya hubieran renunciado. Pero este no es un país serio, y aquí muchos de los funcionarios no entienden de ética y pulcritud.





Después de que se ha destapado este impresionante caso de corrupción, a todos nos debe quedar por lo menos la sombra de la duda sobre el actuar del Fiscal, el Presidente y varios funcionarios más.



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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jueves, 22 de junio de 2017

Los Miserables

La reacción que uno hubiera esperado tras ese horroroso acto hubiese sido de rechazo absoluto e incondicional del hecho y de solidaridad con las víctimas. Pero no en Colombia, no aquí.

Por: Francisc Lozano*


Anne Hathaway, protagonista de Los miserables. Fuente: elterritorio.com.ar

En 1862, Víctor Hugo culminó una de sus obras maestras. Los Miserables (Les Misérables) relata la historia de varios personajes presos del hado. Estos personajes viven su vida entre la miseria más absoluta y todas las peripecias legales e ilegales que llevan a cabo para tratar de zafarse de su nefasto destino. Seres como Jean Valjean, Fantine, Javert, Eponine, Marius y Gavroche son miserables, pero son unos miserables producto de las decisiones de los demás, no por iniciativa propia. En Colombia, no obstante, hay miserables por elección.

El 17 de junio el país se fue a dormir con un gran pesar y un alto grado de incertidumbre: esa noche un grupo de asesinos activó un artefacto explosivo en un exclusivo sector de la capital colombiana (Centro Comercial Andino). Ese hecho de barbarie acabó con la vida de tres mujeres y dejó heridas a varias personas más. Las víctimas son mueres, principalmente, porque los terroristas que dejaron los explosivos usaron el baño para mujeres como el lugar elegido para perpetrar su criminal acto.

La reacción que uno esperaría tras ese horroroso acto sería de rechazo al hecho y de solidaridad con las víctimas. No obstante, en este país la miseria de muchos de nuestros compatriotas no tiene límites y llevó a muchos personajes públicos a expresarse no en contra del horrendo acto, sino para usar la muerte y el sufrimiento de los afectados para hacer política y promocionar sus odios personales. Estas son algunas de esas expresiones repugnantes:



  
Estos personajes son algunos de los miserables. Los hay de todos los matices profesionales, ideológicos y políticos; son de izquierda, de derecha y de centro. No importa de dónde vinieron ni qué estaban pensando cuando ocurrió el deplorable hecho. Ellos son los verdaderos miserables. 




@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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miércoles, 31 de mayo de 2017

Concentración, riqueza y miseria

Por: Francisc Lozano*


El Informe Mundial sobre Ciencias Sociales  de septiembre del 2016 destacó que 62 personas poseen tanta riqueza como la mitad de los seres humanos.


Concentración Riqueza y Miseria. Una aldeana pobre de Bangladesh, Todas Las Sombras, Francisc Lozano, http://todaslassombras.blogspot.com/2017/05/concentracion-riqueza-y-miseria.html
Una aldeana pobre en Bangladés. Fotografía de Balaram Mahalder


En septiembre del año anterior, se dieron a conocer los resultados del Informe Mundial sobre Ciencias Sociales en Estocolmo. En ese informe, que se centró en la desigualdad económica, se destacó que 62 personas (menos del 0,9% de la población de la Tierra) poseen tanta riqueza como la mitad de los seres humanos (más o menos 3.600.000.000 de personas). Pero la cosa no paraba ahí, también se pedía en el documento investigar a profundidad otros tipos de desigualdades asociadas al acceso a la educación, la salud y el género, porque no hay suficiente información respecto a esos aspectos, y al contar con ella se podría hacer un mejor diagnóstico sobre la desigualdad real del mundo. Un elemento que no aparece visibilizado es el de la etnia que, en países multiétnicos, representa una verdadera desventaja para ciertos grupos poblacionales (negros e indígenas, principalmente, pero no únicamente) en el camino al crecimiento social y económico.



Ante tan devastadora noticia, lo que hacen los principales medios de comunicación no es preguntarse por qué hemos llegado a un mundo en el que todos terminaremos trabajando para algunas docenas de personas o cómo vive un ser humano que está en el 30% de las personas más pobres del mundo. No, lo que hacen los medios de comunicación es felicitar a esas 62 personas por lograr concentrar, legal o ilegalmente, la mitad del dinero que existe en el mundo.


En enero del 2017, no obstante, Oxfam lanzó su estudio “An economy for the 99%” en el que destaca que “desde el 2015, el 1% de la población (los más ricos) ha poseído más riqueza que el resto del planeta Tierra”, y las desalentadoras noticias continúan:
  •  8 hombres poseen ahora la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre de los habitantes del mundo.

  • Los ingresos del 10% más pobre de la humanidad han aumentado en menos de 3 dólares entre 1988 y 2011. O sea, el aumento anual de sus ingresos ha sido de 0,13 dólares, o, lo que es lo mismo, 390 pesos colombianos.

  • En Vietnam, el hombre más rico gana más dinero en un (1) día que la persona más pobre del país en 10 años.



Y los hallazgos continúan, pero la conclusión es la misma: la situación es catastrófica. Saber que 62 personas tienen la mitad de la riqueza del mundo debería obligarnos a repensar el mundo y la forma en la que se hacen los negocios, pero comprender que 8 personas tienen tanto o más que la mitad más pobre de la humanidad debería destrozarnos. No llamo a la violencia o al odio hacia quienes más tienen, hago un llamado al florecimiento de ese sentimiento de humanismo, a esas intenciones de cambiar la realidad. Hago un llamado al respeto por las necesidades de los demás y a cambiar el modo en el que sólo nos sentamos a pensar en nosotros. Hago un llamado a una visión del mundo como uno solo, y no como células dispersas. Hago un llamado a pensar cómo vamos a cambiar la realidad de aquellos que tienen nada.


Algo tiene que estar muy mal con una sociedad que no sólo permite estos niveles insoportables de desigualdad, sino que además la alienta. Todos sabemos quiénes son esos 8 hombres (Gates, Slim, Ortega, Zuckerberg, Buffett, Bezos, Ellison y Bloomberg). Forbes y todos los diarios económicos y no económicos los repiten y los resaltan sin parar. A todos los vemos año tras año encabezando la lista de multimillonarios del orbe, pero ¿quién conoce a esos miles de millones que no tienen qué comer? Da para pensar, ¿no?


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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viernes, 12 de mayo de 2017

El país de los avispados

Por Francisc Lozano*

Atardecer en Bogotá, Colombia. Fotografía de Francisc Lozano.Todas Las Sombras, El País de los avispados. Fuente: http://todaslassombras.blogspot.com/2017/05/el-pais-de-los-avispados.html






Fotografía de Francisc Lozano


Ahora que el tema de la corrupción está de moda en el país y en la región, y que todo el mundo habla de él y de Odebrecht y Reficar en particular, y que será el caballito de guerra de todos los políticos (tanto los que la quieren acabar  como los que viven de ella), llegó el momento de decirnos unas verdades en la cara:

Los colombianos, como casi cualquier otro grupo de connacionales de cualquier región afectada grave e impunemente por la corrupción, tendemos a identificar a los corruptos como a una clase distinta de persona. Una raza que, aunque humana como nosotros, parece haber venido de otro país o, más interesante aún, de otro mundo y concentrar todos los defectos o accionares que se enfrentan a la moral y a la ética.  Y este hecho es visible en casi cualquier conversación sobre corrupción que surja entre un grupo de ciudadanos. En ese tipo de charla, generalmente se habla de los corruptos como “los otros”, “ellos”, esos seres que de manera esporádica terminaron gobernando la región o dirigiendo las organizaciones que terminan impactando en la región. Nunca los identificamos como producto de nuestras sociedades y, por más doloroso que sea, son personas que nacieron, crecieron y/o se educaron en las mismas ciudades y campos que nosotros.


Sí, “esos corruptos”, como comúnmente les llamamos, son “nuestros corruptos”. Es doloroso aceptarlo, lo sé, pero es una realidad y, como realidad que es, lo mejor que podemos hacer es empezar por reconocerla para poder cambiarla. Ahora pretendo explicar por qué considero que los corruptos son producto de la misma sociedad que nos engendró a nosotros, quienes nos consideramos no corruptos.


Lo primero que voy a decir a este respecto es que una sociedad que basa su moral y su ética de desarrollo en expresiones del tipo “sea avispado, no se deje”, “el vivo vive del bobo”, “no dé papaya” y “póngale malicia indígena”, entre otras, está condenada a generar corruptos por montón. Y sí, aunque nos duela admitirlo, hemos sido criados para tratar de “darle en la cabeza” a los otros. Nuestros padres y la sociedad nos aplauden cuando demostramos que somos “avispados”, cuando somos capaces de sacar más provecho de una transacción del que debería existir para cada una de las partes involucradas. Nos sentimos héroes cuando somos capaces de comprar un producto por el mismo precio que le costó al vendedor, y si lo compramos más barato, somos geniales.


Cuando uno le pregunta a alguien “¿por qué no paga el pasaje de Transmilenio?”, después de las excusas del alto costo de transporte (que es una realidad inocultable, sobre todo si se compara con el costo del metro en metrópolis como Ciudad de México donde un recorrido vale $7 MXN, algo así como $1.080 COP) o de la imposibilidad de pagar por sus bajos ingresos, una de las primeras respuestas que da es “porque los corruptos se lo roban”. Y eso es una realidad en muchos casos, sin duda, pero no puede ser la regla para todos los casos, y aunque lo fuera, no puede ser la excusa para no pagar porque, aunque no lo queramos reconocer, eso es corrupción.


Otro ejemplo de conductas similares se da cuando tenemos que hacer una cola, con el propósito que sea (en un banco, un hospital, un supermercado, etc.), y en lo primero que pensamos, algunos de nosotros, es en una manera de llegar más rápido al final de la cola. Y, de ser posible, nos valdremos de cualquier circunstancia para lograr nuestro objetivo, como acercarnos a un conocido que está más próximo al principio de la cola. Y no nos gusta admitirlo, pero es corrupción. Y los casos son innumerables, pero el significado no: nuestra sociedad es corrupta y engendra corrupción. Y no importa si son hechos pequeños de corrupción como pasarnos el semáforo en rojo, porque, aunque no lo sepamos, tal vez así hayan empezado Samuel e Iván Moreno, Emilio Tapia y los Nule o el presidente de Odebrecht, Duda Mendoca y los colaboradores de Uribe, Zuluaga y de Santos, o los Uribe (Tomás y Jerónimo) robando a la Dian. Así que si usted quiere acabar con la corrupción, es muy posible que tenga que empezar a revisar sus actos y cambiar muchos de ellos, y después elija, no a quien le regala un tamal o un bulto de cemento, a quien tiene una carrera política sin manchas y tiene planes para atacar la corrupción. Así es que vamos a reducir o eliminar la corrupción.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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viernes, 7 de abril de 2017

Ahogados en un mar de corrupción

Por Francisc Lozano*


Ahogados en un mar de corrupción, IPC, Colombia, Todas Las Sombras, Francisc Lozano, Fuente: http://transparenciacolombia.org.co/wp-content/uploads/2017/01/CPI2016_Americas_ES.jpg
Índice de Percepción de la Corrupción 2016. Fuente: transparenciacolombia.org.co

Cada gobierno tiene su gran desfalco; cada año viene con su descalabro para el bolsillo de los contribuyentes; cada mes se descubre un nuevo robo astronómico; y cada día, hora, minuto y segundo alguien se está robando algo.  Sin importar quién sea el criminal de turno, la víctima siempre es la misma: el pueblo colombiano.


Hace casi cuatro décadas, el entonces presidente de la República César Turbay expresaba lo siguiente: “hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Pero se equivocaba Turbay. La corrupción no se debe reducir, se debe extirpar, así como los médicos extirpan los tumores que de otra forma terminarían por acabar con la vida de sus portadores. No se puede simplemente reducir el tamaño del tumor porque, al final terminará volviendo a crecer e invadirá el organismo por completo. Así es la corrupción, y no puede ser tolerable, aunque la realidad es que todos la toleramos o la practicamos de una u otra forma. Pero eso será tema de otra columna.


Cerca de tres años atrás, el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez calificaba al gobierno de Uribe Vélez como “el más corrupto de la historia reciente” en su columna El país que imaginamos y temimos. En ese momento, tal vez, Vásquez estaba dando en el blanco, pero con las últimas revelaciones de la fiscalía y los testigos en casos de corrupción, me temo que sólo sabremos cuál merece esa deplorable distinción cuando hayan pasado entre 4 y 6 años del gobierno de Santos y, lo que parece aún peor, creo que la competencia seguirá con los futuros gobernantes, con lo que sólo tendremos una disputa de nunca acabar por ser los laureados con tan peyorativa calificación.


A uno como colombiano ya le sorprenden muy pocas cosas, y, generalmente, esos hechos son los buenos: logros de Llinás en neurociencia, de los deportistas de la necesidad (el deporte es su única esperanza para poder comer porque sólo nos aprovechamos de su imagen para hablar bien de Colombia, pero nunca les ayudamos cuando no han logrado grandes hazañas), las selecciones colombianas de fútbol femenino y masculino, un grupo de personas que intentan proteger el medio ambiente o brindarle oportunidades a los menos favorecidos en las zonas marginales de Colombia, uno que otro político honesto que hace bien su trabajo, un grupo de médicos que no cobran por salvarle la vida a quienes lo necesitan y uno que otro caso más que se me escapa.  


Sin embargo, el día sábado 1 de abril me sorprendió por dos razones: Mocoa quedó destruida y cientos de vidas se perdieron y tal vez se seguirán perdiendo, y Uribe, Ordóñez y “Popeye” lideraron una marcha “contra la corrupción” y contra Santos. Si la marcha hubiese sido organizada por gente decente, uno podría haberse tomado el tiempo de participar porque la corrupción nos carcome y Santos es uno de esos presidentes que sólo podrá ser recordado por un par de cosas buenas y por muchas malas, así como su antecesor antioqueño. El problema es que quienes la organizaron hacen parte de la élite que más provecho le ha sacado a la corrupción.


Uribe tiene incontables casos de corrupción en su haber que han sido destapados: Ejecuciones extrajudiciales de colombianos por parte del ejército, Odebrecht, Agro Ingreso Seguro, el cartel de la contratación en Bogotá, Saludcoop, la Zona Franca de Occidente, la compra de votos para su reelección, las interceptaciones ilegales del DAS, sus exjefes de seguridad detenidos por narcotráfico, su hermano investigado por paramilitarismo, su primo condenado por paramilitarismo, y las lista sigue. Por el lado de Ordóñez uno puede destacar que fue él precisamente quien se encargó de comprar su reelección -inconstitucional- entregándole cargos a los familiares de los magistrados, corrupción dura y pura. Y si de Popeye hay que hablar, uno no puede olvidar que es uno de los mayores asesinos de la historia de este país, y que ejecutó muchos de esos asesinatos en contra de personas que luchaban contra la corrupción, por orden de Pablo Escobar. Así las cosas, Uribe, Ordóñez y Popeye tienen rabo de paja cuando de corrupción se habla, por lo que la marcha resulta, cuando menos, contradictoria. Pero como ya dije en otro momento, eso no habla mal de Uribe, Ordóñez y Popeye, eso habla mal de una sociedad inerme que endiosa a los corruptos y castiga a los honestos. La sociedad donde “el vivo vive del bobo” y de “no de papaya”.  Sí, la corrupción es culpa nuestra, nosotros somos los responsables porque aplaudimos al pillo y valoramos la “malicia indígena”. Eso nos hace corruptos a todos, a todos.


En cuanto a la destrucción en Mocoa, esa también la podemos interpretar como consecuencia de la corrupción que hizo que no se manejara adecuadamente el riesgo, y que los dineros no se hubieran invertido en las transformaciones que necesitaba la población para reducir los riesgos a los que está expuesta. Sólo hay que ver cómo Ecuador no ha sufrido los estragos que sí le han tocado a Perú y a Colombia por cuenta de las grandes precipitaciones que se han vivido en las últimas semanas, pero el tema tendrá que ser tratado en otra ocasión.


Si algo nos han enseñado las últimas dos administraciones del país, es que la reelección representa un verdadero peligro en una Nación sin control real y sin memoria histórica y política.  Porque una cosa es aguantarse un gobierno corrupto durante 4 años, pero hacerlo durante 8 o 16, como está pasando con Santos que ha continuado por los mismos caminos de Uribe, eso sí es devastador, y Reficar, Saludcoop, Odebrecht, los robos de Tomás y Jerónimo Uribe a la Dian y de Samuel e Iván Moreno y su grupo de compinches a la Nación, y los otros cientos o miles de desfalcos son una prueba de ello.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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miércoles, 22 de marzo de 2017

Otro color para tu sueño

Por María Gloria Pérez*



"Y el hombre... Pobre! Vuelve los ojos,
 como cuando por sobre el hombro nos llama
 una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo
 vivido se empoza, como charco de culpa en la
                              mirada.
Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé"
                                                        César Vallejo

A la memoria de mi vecina Martha Luz Ríos



Madre e hijo. Otro color para tu sueño. Todas las sombras. Fuente: https://genial.guru/admiracion-curiosidades/20-fotografias-de-mamas-hermosas-y-sus-felices-hijos-varones-417/#image1107310Madre e hijo. Fuente: genial.guru


     -Estás tan frío, hijo.
     -Sí, mamá.
     -Si pudiera abrazarte como cuando eras niño, ¿recuerdas?
     -Sí, mamá.
     -"Usted siempre está tan calientita", decías.
     -Y fue su calorcito lo que más extrañé, lo que más busqué después.
     -¿Qué pasó, acaso nadie te abrigó?
     -Todos trataron de abrigarme, pero el frío me venía desde adentro.
     -Nunca viniste a visitarme.
     -No sabía dónde estaba,nadie me dio razón de usted. Sólo al final lo supe y aquí estoy.
     -¿Nunca te dijeron la verdad?
     -No. Nunca.
     -¿Por qué no preguntaste?
     -Siempre pregunté y siempre me dijeron: "Eres muy pequeño aún, cuando seas grande entenderás".
     -Pero creciste... mira cuánto... alto y delgado... tan delgado...
     -Igual que mi papá, ¿no le parece?
     -Sí, claro, igual que tu papá. ¿Qué pasó con él? Al principio venía todos los domingos. La última vez que estuvo aquí fue en uno de mis cumpleaños, se quedó conmigo hasta muy tarde, hasta que lo sacaron. Creo que fue el vigilante quien le dijo: "Hora de partir, amigo. Lo siento, pero yo cumplo órdenes" y se fue, callado. No volvió jamás.
     -Es que siempre está muy ocupado.
     -Sí, lo sé. Y yo aquí sin poder hacer nada, antes le ayudaba mucho...
     -No se ponga triste. No ve que otra vez vamos a estar juntos.
     -Pero ha pasado tanto tiempo. Tanto...
     -No se preocupe por eso, yo supe conservarlo todo. Me quedé como clavado, fijado en ese día. El último día que usted se puso su vestido amarillo, ¿se acuerda? Nos queríamos tanto. Usted sentada frente a la máquina de coser y yo en el corredor, mirándola, y usted me sonreía y me enseñaba tantas cosas: "Son del arco iris los colores, este es el rojo, rojo es el color del amor y de la guerra; azul, color del mar, del cielo y de los sueños; y el que más te gusta mi niño, el amarillo, es el más cálido de todos". Me enseñaba  una oración y quería que la repitiera y cuando le decía siquiera una palabra, se ponía tan feliz que se alejaba de su oficio y  me abrazaba llenándome de besos. Yo jugaba con sus manos, eran alas y eran mágicas, todo lo podían. Reíamos y usted cantaba y yo trataba de imitarla: "Palomita blanca de piquito azul...". Y su calor, ese calorcito de su cuerpo, pero sobre todo el de sus pechos. Tan grandes. Con ese sabor salado y dulce de la leche. Usted tan orgullosa de sus pechos. Yo, dueño de ellos. Me servían de cojines cuando en las tardes azules de verano nos tendíamos en el patio a soñar con las nubes que pasaban por el cielo. "Esta parece un elefante, con esa trompa larga; aquella otra es una mariposa; detrás viene una bruja ¡qué fea! con la nariz tan larga y sin escoba".

     Fue para mi quinto cumpleaños que su mirada empezó a tomar color de lejanía. Sí, yo ya sabía por su mirada y sus silencios, que algo no iba bien. Era la época aquella en que las gentes se encerraban en sus casas muy temprano. La ciudad se tornó extraña. Los muchachos de la esquina ya no estaban; se acabaron los partidos de fútbol de los niños de la cuadra; mi papá guardó la cometa que hicimos en diciembre diciendo: "Por ahora no hay dónde elevarla. Esperemos a que haya buenos vientos". Poco cosía usted entonces, como si casi nadie pensara en estrenar y cuando mi papá volvía del trabajo usted o recibía con un "gracias a Dios". ¿Se acuerda? Él también estaba triste, y enojado, entonces me decía malas palabras y usted lo regañaba: "No maldiga, no maldiga que con eso no ganamos nada": y yo sin entender lo que pasaba. Ustedes encendían la radio y escuchaban, a mí no me dejaban escuchar. Él maldecía, usted rezaba y yo sin entender. Y aquellas explosiones de día y de noche, de noche y de día. Yo refugiándome en sus brazos y el miedo brotando de sus ojos y corriendo por la casa.

     El día de mi cumpleaños usted llenó la casa con bombas de colores y aleluyas. ¡Eran tan lindas las bombas de colores...!

     Yo quería unos zapatos nuevos y usted dijo: "No te los compro porqueseguro que alguien te los trae de regalo" y después dijo: "Tanto regalo y nadie te trajo los zapatos. Cuando entregue el vestido que estoy haciendo te los compro".

     Yo me quedé en la puerta, esperándola. Esperando que llegara con los zapatos nuevos, pensaba en el olorcito de las cosas nuevas, ese olorcito extraño y delicioso. Usted no llegaba y yo esperándola. Muchas personas vinieron a la casa, venían de visita, algunas mujeres lloraban y rezaban, los hombres maldecían y usted no llegaba. Me paraba en la puerta y la veía venir con su vestido amarillo y los zapatos nuevos en las manos, sonreía y me decía "Ven a probártelos, son bonitos". En la noche buscaba entre la almohada el olorcito extraño y delicioso y buscaba sobre todo su calor, mamá.

     Crecí esperándola en la puerta, de tres a seis. De tres a seis todos los días. Al principio todos parecían entender y me dejaban quedar allá parado, esperándola. "No le digan nada, él irá entendiendo". "¿Por qué no lo llevan a la escuela?, va a estar entretenido". Me llevaron a la escuela. Era bonita, tenía un patio grande y muchos corredores. Pero me angustiaba pensar que mientras estaba allí usted llegaba: "¿Y si viene y no me encuentra y nadie le dice dónde estoy, y me busca y al no verme se va otra vez...?".

      La maestra, que se esforzaba por ser buena y comprensiva, se cansó de mis ausencias, porque aunque estuviera allí sentado, cerraba los ojos y me volvía como de caucho y me estiraba lento, primero las piernas y los pies, después el tronco con los brazos y luego la cabeza y así, estirado, estirado, sentado en la banca de la escuela, salía por los techos, doblaba las esquinas y esperaba en la puerta de la casa.

     -La maestra ha dicho que no debe volver. Que se ha convertido en un problema, que no juega, ni habla, que está ausente.
     -¿Qué vamos a hacer?¿Qué vamos a hacer con él?
     -Esperar, esperar, irá creciendo y con la edad le irá llegando la razón.

     Ya no me iban a obligar. Usted iba a venir y me tendría explicar tanta demora y me tendría explicar qué era lo que yo iba a entender cuando creciera. Usted tenía una respuesta para todo, yo sabía. Mi papá, siempre tan callado lo estaba más entonces. Llegaba tarde y bebía, bebía mucho. La abuela se enfadaba pero él salía en las mañanas muy temprano y no volvía hasta muy tarde. Entraba a mi cuarto y me besaba, eran unos besos tan distintos a los suyos, tenían sabor amargo -los suyos eran dulces- y sobre todo aquel olor desagradable de sus besos, fuerte y penetrante. "¿Por qué no viene mi mamá?", "ya vendrá, ya vendrá...". Siempre lo mismo, yo dormía hasta loa hora del almuerzo, la abuela me daba de comer y me arreglaba abrigándome muy bien porque el frío no me dejaba; a las tres en punto de la tarde ella misma abría la puerta silenciosa, casi cómplice. Con el tiempo fue perdiendo la paciencia. Se la veía tan ajada y lenta, le dolía la cabeza y siempre estaba disgustada. A veces la sorprendía observándome a escondidas, con un gesto extraño; otras veces la escuché comentando con las vecinas sobre lo confuso de mi mirada, mis palabras, mis silencios, todo los mío resultaba para los demás dudoso. Y él, él no decía nada. Una mañana, muy temprano, mi papá me despertó y me dijo: "Nos vamos hijo, la abuela está cansada y enferma, te voy a llevar a un lugar donde te van a cuidar y te van a ayuda hasta que te pongas bien, ya verás...". Me abrazó fuerte y por primera vez, desde que usted se fue, sentí calor. En un maletín pequeño empacaron mis cosas, eran pocas. Ella se quedó en la puerta, diciendo un adiós con la mano, mientras con el dorso de la otra se enjugaba unas lagrimitas menudas -como ella- que despacio se le iban escurriendo.

     Desde entonces me quedé en aquel lugar sombrío. Todos vestían de blanco. Yo no hablaba con nadie, ni siquiera con el señor de barba y bata blanca que todas las mañanas venía a interrogarme y anotaba en unas hojas mi mirada, porque yo nada le decía. Era difícil mamá, muy difícil. No sabía dónde estaba y me perdía tratando de encontrar una salida para estirarme nuevamente y viajar por los tejados y llegar hasta la puerta. Nadie sonreía, caminaban presurosos y apenas me miraban. Sólo el señor de barba y bata blanca se quedaba conmigo, sentado, preguntando. Sus palabras y sus gestos eran duros, él tampoco sonreía. Parecía llevando una razón de otra perdona, seguramente más severa. Me asustaba ese señor, pero pensaba que él también debía asustarse frente a la otra persona que mandaba la razón, entonces, cuando pensaba esto, le sonreía, nunca me devolvía la sonrisa y por eso nunca le hablé. Insistía y yo callado. Cuando salía me alegraba pensando "lo van a regañar".

     Vino después el tiempo del sueño. Quizás fue mucho, no lo sé. Fue maravilloso: Llegó con su vestido amarillo y mis zapatos nuevos en las manos, eran también amarillos. Los calcé , podía hasta volar con ellos. Yo volaba, usted me sonreía y a veces también volaba. Y ese olorcito extraño y delicioso que tanto me gustaba. Reíamos y jugábamos. Otra vez aquel calor, el de su cuerpo. Hablábamos de todo.
    
     Volvimos a cantar:
     "Palomita blanca
     de piquito azul,
     tiéndele la cama
     al niño Jesús,
     que viene muy cansadito
     de cargar la cruz".
     Un día desperté y no la vi más. Un ruido sordo invadió mi mente. Frente a mí estaba el señor de barba y bata blanca, me habló y lo escuché, y entendía, y pregunté y volví a entender y otra vez pregunté y también entendí. Entonces supe dónde estaba yo y dónde estaba usted. Ya no llevaba su vestido amarillo; ni conservaba el calor de su cuerpo, y sus manos, que todo lo podían, no eran nada.

     Traté de imaginarla pero todo era confuso, Eran otras las bombas y eran otros los colores que venían al recuerdo, aquellos, los de entonces, los que usted trajo a mi vida. Sin embargo, comprendía bien de qué me hablaba él: Estallidos... vida... guerra... madre... muerte... soledades...

     Por primera vez el hombre me sonrió poniéndome una mano sobre el hombro antes de salir del cuarto. Por primera vez le dije adiós.


     Medellín, 1992/1994

   
Este cuento fue ganador del Concurso Nacional e Cuento de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia en 1996. Publicado en el periódico El Mundo, el 18 de diciembre de 1999 y por la Secretaría de las Mujeres de la Alcaldía de Medellín en su libro Ellas Escriben en Medellín, en noviembre de 2007. Todas Las Sombras  reproduce este relato bajo la autorización de su autora y para contribuir al homenaje que ella le hizo a Martha Luz Ríos, su vecina.


*María Gloria Pérez: Nació en Anorí (Antioquia), un pequeño pueblo minero que por más de 40 años ha sufrido todas las batallas de esta guerra. Estudió licenciatura en Historia y Filosofía en la Universidad de Antioquia. Se desempeñó como profesora de literatura. Ha publicado en varias revistas y ha sido ganadora de tres premios nacionales de cuento.


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miércoles, 8 de marzo de 2017

Un partido histórico


Por Francisc Lozano*

 Barcelona, PSG, Todas Las Sombras
  Barcelona vs PSG. Fuente: bleacherreport.net

Pocas veces puede uno presenciar algo como lo vivido el 8 de marzo del 2017. Pocas veces puede uno ver cómo se escribe una historia inolvidable.



Se enfrentaban el FC Barcelona y el París Saint-Germain FC, y la serie parecía liquidada a favor del club francés. A pesar de ello, el Barcelona terminó remontando el marcador inicial de 4-0, y se puso 6-1. ¡Memorable!

Pero para poder ver el desenlace de este fabuloso encuentro, creo que hubo tres participaciones que fueron determinantes, y son las del Barcelona, el árbitro y el París Saint-Germain.

El Barcelona jugó un gran partido, sin dudas. Y no fue un gran partido porque haya hecho algo increíble en el desarrollo del encuentro, sino porque fue capaz de anotar 6 goles y sólo conceder uno después de haber perdido por 4 goles a 0 en el partido de ida en contra del mismo rival al que hoy vapuleó. El club español hizo lo que intenta hacer desde hace muchos años: dominar el balón, jugar en el campo del rival y mover el balón rápida e inteligentemente para abrir espacios y anotar tantos goles como pueda. Entre los desempeños más sobresalientes del equipo hoy están los de Neymar, Iniesta, Suárez y ter Stegen. Neymar salió de un pozo en el que estuvo durante el primer tiempo, y logró anotar dos goles magníficos y entregar el pase para el gol definitivo de Sergi Roberto. Iniesta jugó bien. No estuvo a su máximo nivel, pero generó jugadas importantes, y una de sus genialidades significó el segundo gol del Barcelona (autogol de Kurzawa). Iniesta lanzó un taco, y el defensor del club francés la terminó embocando en su propia portería. Suárez hizo el primer gol del encuentro, y se tiró dos veces en el área, sí, se tiró, para que le marcaran un penal inexistente y para que le sacaran una amarilla por fingir en la otra jugada. Del penal que le pitaron vino el segundo gol de la noche de Neymar, y el quinto para el Barcelona. Ter Stegen estuvo firme en un ataque del París en el que Cavani llegó solo frente al portero y éste no le permitió anotar gracias a su buen achique. También se posicionó bien en la jugada que pudo haber terminado la historia en Cataluña a favor de los franceses, pero que Di María desperdició de manera increíble. Así es la vida, un día eres héroe y al otro villano, y viceversa. Y eso lo sabe bien Sergi Roberto que hoy será considerado un superhombre.

El árbitro también se jugó un partido inolvidable: no pitó un penal a favor del PSG en el primer tiempo cuando Busquets agarró descaradamente a Matuidi en el área del club catalán; no pitó un penal en el segundo tiempo cuando Mascherano se tiró al piso en el área chica en un ataque del París y sacó la pelota al tiro de esquina con la mano; le regaló un penal al Barcelona a escasos minutos para el final del partido cuando Suárez se lanzó al piso después de que un jugador parisino lo tocó en el cuello; y dejó de expulsar a Piqué en el primer tiempo cuando debió recibir su segunda amarilla por una fuerte falta que le cometió a Cavani. Su actuación fue trascendental para lo que hemos visto hoy.

No nos olvidemos del París, y por el París me refiero a todos sus miembros, incluido el técnico y sus ayudantes: hace tres semanas todo el mundo hablaba del PSG. Había jugado un partido impecable e inolvidable desde el punto de vista estratégico, táctico, físico, futbolístico y psicológico. Ese día apabulló al Barcelona y le propinó una goleada que a varios nos puso a pensar en el partido que el Bayern Múnich le había ganado en Alemania al mismo club español, y que culminó de manera maravillosa con una victoria 3-0 en España. Hoy, como antítesis de ese partido, el PSG jugó un encuentro para el olvido: Sus defensores estuvieron tibios, sus mediocampistas estuvieron desaparecidos, su portero fue un jugador de cera, sus delanteros fallaron dos oportunidades para liquidar el encuentro, y su técnico se olvidó por completo de la estrategia, la táctica y hasta la motivación.  Así como en su partido anterior contra el Barcelona, el París Saint-Germain había sido el culpable de todo el desarrollo del partido porque había adormecido al rival, hoy fue en gran parte responsable de lo ocurrido en el campo de juego.  Jugó a entregarle toda la responsabilidad al Barcelona. Desde los primeros minutos se metió en su propio campo, y sólo amagó con salir a contraatacar en pocas ocasiones. Yo entiendo que la psicología pesa mucho, y que haber ganado 4-0 influye mucho en el planteamiento del segundo juego, pero el PSG jugó a perder. Y jugó a perder porque se sabe inferior al Barcelona, porque no tiene historia, porque es un club armado con plata y no con lucha y ambición.

Pero no por la desatinada actuación del PSG y del árbitro voy a decir que lo del Barcelona sea un logro menor, lo de hoy es histórico e inolvidable. ¡Lo de hoy es propio de clubes grandes de verdad!



@Franzlozano



*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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martes, 3 de enero de 2017

Una reforma contra los colombianos

Por Francisc Lozano*

Una Reforma contra los colombianos, Bandera de Colombia, Francisc Lozano, Todas Las Sombras. Fuente: http://todaslassombras.blogspot.com/2017/01/una-reforma-contra-los-colombianos.html
Bandera de Colombia por Francisc Lozano

Juan Manuel Santos es un presidente impopular, y eso se lo tiene bien merecido. En estos 6 años de administración, sólo tiene logros para mostrar en tres o cuatro frentes: disminución de la violencia, vivienda de interés social, infraestructura, y protección de desplazados y víctimas del conflicto armado colombiano. Logró concretar un acuerdo con Las Farc, a pesar de todos los problemas que se generaron alrededor del diálogo; construyó 100.000 viviendas de interés social, a pesar de incumplir varias veces los plazos establecidos por él mismo; ha construido algunas vías y está reparando otras. Nada del otro mundo, pero algo ha hecho; y diseñó y puso en marcha la Ley de Restitución de Tierras que protege a quienes han perdido sus parcelas por causa de los promotores de la violencia en Colombia. Un desempeño mediocre.


En el año 2013, el Gobierno Nacional gritaba a los 4 vientos que había logrado niveles de reducción de la pobreza plausibles: 7 puntos porcentuales (del 44 al 37%) y 3.200.000 personas en términos reales. Lo que no decía era que esa reducción se explicaba principalmente por un cambio del método de medición y no por logros reales (disminución del valor mínimo de ingresos para considerar pobre a alguna persona), como expliqué hace varios años en esta columna.  Por otro lado, en la relación reforma vs pobreza, lo primero que hay que decir de la reforma tributaria estructural es que no es estructural. Y no lo es por la sencilla razón de que, como todas las reformas “estructurales” de Santos, Uribe, Pastrana, Samper y otros, no resuelve los problemas tributarios de manera sostenible y definitiva, porque recarga inhumanamente el peso gasto público y del despilfarro gubernamental en los hombros de los más pobres. Pues bien, con la nueva reforma tributaria presentada por Santos y por Cárdenas, el Gobierno quiere congraciarse con las entidades monetarias internacionales, y destruir los mínimos y mediocres avances logrados en el campo de la reducción de la pobreza, la iniquidad y los logros en materia social y económica para los colombianos más vulnerables (ver artículo de JusticiaTributaria).


La concentración de la riqueza

Casi todos hemos sido testigos de los comerciales en los que se habla de una supuesta “protección” de la canasta familiar al “no” gravarla con el IVA del 19%. Ese comercial, como tantos otros de los gobiernos colombianos, es una falacia. No es cierto que no se esté gravando la canasta familiar. Lo cierto es que ya hay muchos productos gravados, por lo que deberían decir es que no se aumentará la cantidad de productos gravados (aunque me temo que sí se va a hacer), sino la base gravable. O sea, el impuesto pasará del 16 al 19%. Teniendo en cuenta que la tributación directa disminuirá (impuesto a la riqueza, renta), y que la indirecta aumentará (IVA y otros impuestos indirectos), como de manera criminal lo ha reconocido el Gobierno (ver cuadro 5.1), habrá que decir que la reforma vendrá para hundir más a los colombianos pobres y beneficiar más a los ricos y las personas de la clase alta. Típico.





El índice de concentración de la riqueza (Gini) calculado por el Dane para el año 2015 fue de 0,522, lo que establece que el 52,2% de la riqueza del país está concentrada en el 1% de la población o, lo que es lo mismo, pero más ilustrativo, que, si en Colombia hubiese una población de sólo 100 personas, una, sí, una sola, tendría más de la mitad de la riqueza de toda la Nación. Y el tema se hace mucho más complejo cuando entidades como la Cepal dicen que el índice puede estar mal calculado, y que el valor real del coeficiente Gini puede ser cercano al 0,55, con lo que el panorama se hace más desolador. Y si a lo anterior le agregamos que el Gobierno Nacional ha puesto una mayor carga impositiva sobre las personas que menos tienen, o sea el restante 99% de la población, la concentración de la riqueza y los niveles de pobreza no pueden menos que aumentar.


En un ejercicio comparativo, realizado por la organización Justicia Tributaria en Colombia, se ilustran claramente los retrocesos que en materia tributaria estamos dando en Colombia con el único propósito de mantener una alta calificación internacional (calificadoras de riesgo) y beneficiar la inversión privada, mientras desmembramos a los colombianos de a pie. Al analizar 15 productos de la canasta familiar ya gravados, se observan los cambios proyectados con el IVA del 19%, y la pérdida de poder adquisitivo que tendrán los asalariados colombianos. Los hallazgos son devastadores: la diferencia entre los precios actuales y los proyectados, al sumar esos 15 productos, equivale a $3.533, lo que para alguien que se gana $680.000, o menos, es un verdadero atentado a su integridad y la de su familia. Y eso que el estudio se hizo con los precios de D1 y Colsubsidio, porque con los precios del Éxito, Olímpica o Carulla, la diferencia puede triplicar el valor, y ese aumento se repetirá cada vez que compren eso productos, entre los que se incluyen el jabón de baño, el detergente, las salchichas, el papel higiénico, el aceite vegetal comestible, el chocolate en polvo y otros nueve. Esos $3.533 son dos pasajes de bus menos para esa persona o ese grupo familiar, y eso que no estamos hablando de temas escabrosos como el impuesto a los planes de telefonía, Internet, y a los dispositivos tecnológicos.  El único tributo que podía ser conveniente era el que le querían imponer a las bebidas azucaradas para combatir en algo la obesidad y la carga que esta representa para el sistema de salud, pero de nuevo se impuso la ley del más rico, Santo Domingo (Bavaria) y Ardila Lülle (Postobón), contra el pueblo, y se eliminó el impuesto. Aquí hay un vídeo para que no se deje engañar.


Todas esas personas que “salieron” de la pobreza en el Gobierno Santos, todos los que tienen salarios de hambre y todos los miembros de la clase media son los que van a pagar por los despilfarros de Uribe, Santos, Vargas Lleras, Cárdenas y todos los demás ministros de mentira que tenemos, pero no sólo eso, sino los despropósitos de Ordóñez, el exfiscal con los contratos de Natalia Springer, y todas las otras burradas y chanchullos cometidos por los encargados de aprobar y ejecutar el presupuesto nacional. Mientras eso pasa, los bancos siguen generando utilidades netas por más de 10 billones de pesos, y Reficar ya ha probado haber generado un detrimento patrimonial por más de 4 billones de pesos, y Saludcoop y Cafesalud, los contratos de la 7ª de Transmilenio, Electricaribe y los desfalcos a la salud, educación y al agro siguen costándonos billones de pesos porque las entidades encargadas de controlar y fiscalizar a estas organizaciones son incapaces, y permiten que nos roben día a día. Porque son los ciudadanos de a pie los que pagarán por todo eso, y mucho más, es que esta es una reforma contra los colombianos.   


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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