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jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Qué tan útil es la extradición?

Por: Francisc Lozano*


La extradición es lo que más le conviene a Moreno y a sus cómplices porque así no tendrá que delatarlos, y tal vez recibirá beneficios con la justicia de ese país para ir por menos tiempo a la cárcel.


Todas Las Sombras, Francisc Lozano, qué tan útil es la extradición.
Gustavo Moreno y Alejandro Lyons. Fuente: Semana

Lo primero que haré después de escribir el título de esta columna es decir que no pretendo mostrarme como un conocedor en el tema, y muchos menos descalificar a quien piensa que la extradición es fundamental para mantener la institucionalidad en Colombia. Al contrario, mi búsqueda es la de expresar algunas inquietudes y dudas que me han surgido en los últimos años al pensar en este tema que ha sido decisivo para la historia reciente del país.

Me parece fundamental hacer un recuento corto de la historia jurídica de la extradición en Colombia: En 1870, Colombia estableció el primer tratado de extradición con Perú; en 1888, Colombia suscribió su primer tratado multilateral de extradición; en el 36, se introdujo la extradición a la ley colombiana; en el 38, se formula el Código de Procedimiento Penal que establece cómo se realiza el proceso introducido en el 36, y cuándo aplica el procedimiento colombiano y cuándo el de los acuerdos internacionales; en el 79, se suscribe el tratado de extradición con USA; en el 80, el Congreso aprueba el tratado con USA; en el 82, Belisario dice que no extraditará a nacionales por razones filosóficas; de ahí en adelante, las declaraciones de exequibilidad e inexequibilidad por parte de la Corte Suprema se sucedieron unas a otras. (Puede visitar este artículo para obtener mayor información)

Las décadas del 80 y el 90 del siglo XX son una época cargada de sobresaltos y dolor en la historia de este país. Durante esos años Colombia vivió la expansión exponencial del narcotráfico, de la corrupción y del poderío militar de las guerrillas y de los paramilitares, y el derramamiento de sangre de cientos o miles de compatriotas como consecuencia de los fenómenos anteriores. En esa era surgieron o ganaron renombre criminales de la talla de Pablo Escobar, Carlos Ledher, Fabio Ochoa, Jhon Jairo Velásquez “Popeye”, Gonzalo Rodríguez Gacha, Gilberto Rodríguez Orejuela, Miguel Rodríguez Orejuela, Carlos Castaño y Víctor Suárez “el Mono Jojoy”, entre otros.

En esa época sombría y fúnebre de nuestra democracia, un grupo de ciudadanos valientes luchó contra la criminalidad y la muerte que ella les trajo. Entre esos ciudadanos están Guillermo Cano, Rodrigo Lara, Luis Carlos Galán, Carlos Mauro Hoyos, Enrique Low,  Diana Turbay, Jorge Pulido, Antonio Roldán y otros cientos o miles de colombianos anónimos que por defender la democracia, o por azares de la vida, fueron víctimas de algunos de los criminales más despiadados que ha producido nuestra historia.

La extradición, se cree, sirve para que los criminales colombianos paguen por sus delitos en el exterior ante la imposibilidad de la justicia colombiana de imponerles e implementarles la pena adecuada en suelo nacional.  Como dije antes, no quiero descalificar la lucha de quienes intentaron mantener y blindar los tratados de extradición para proteger la democracia colombiana, pero sí quiero plantear los siguientes cuestionamientos:

¿De qué nos sirve a los colombianos que a los criminales se los lleven de este país y paguen por los delitos que cometieron contra otras naciones? Muchos dirán que sirve para asegurarse de que paguen por algunos crímenes, y entiendo que es muy lógico pensar así. No obstante, ¿qué pasa cuando el delito que cometieron contra esos ciudadanos extranjeros es menor que el que ejecutaron contra ciudadanos de Colombia? ¿Qué pasa cuando los criminales pactan acuerdos con las autoridades extranjeras y terminan cumpliendo penas menores a las que cumplirían en Colombia? ¿Qué ocurre cuando, como en el caso de los paramilitares, nunca terminamos por conocer las verdaderas razones detrás de los crímenes? Cuando los cabecillas de las autodefensas fueron enviados a USA, los colombianos nos quedamos sin saber quiénes fueron sus creadores ideológicos, quiénes patrocinaron su expansión, a quiénes asesinaron por orden directa de los grandes terratenientes, quiénes fueron los que compraron las tierras de los despojados, quiénes pagaron para que se realizaran sus horrendas masacres.  Y lo digo porque ¿qué le importa a la justicia extranjera que los criminales cumplan con las penas a las que fueron condenados en Colombia, una vez que hayan cumplido con las penas en sus países?

Hace un poco más de dos meses se descubrió que, el  entonces Fiscal Anticorrupción, Gustavo Moreno estaba exigiendo y recibiendo sobornos de personas investigadas por la Fiscalía o la Corte Suprema de Justicia. Se presume que Moreno les tramitaba sentencias positivas a sus investigados a cambio de ingentes sumas de dinero. También se presume que expresidentes de la Corte como Leonidas Bustos, Francisco Ricaurte y Camilo Tarquino eran los encargados de darle vía libre a esas absoluciones y receptores de buena parte de los dineros producto de los sobornos que hacían Moreno y Pinilla. Todavía no se sabe toda la verdad del tema, y lo más interesante es que Moreno ha pedido que se le extradite lo más pronto posible a USA para ser procesado por la justicia del país del norte por lavado de activos, como lo revelan estos artículos de El Tiempo y El País


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Exmajistrados: Leonidas Bustos, Francisco Ricaurte y Camilo Tarquino. Fuente: ElHeraldo

La extradición es lo que más le conviene a Moreno y a sus cómplices porque así no tendrá que delatarlos, y tal vez recibirá beneficios con la justicia de ese país para ir por menos tiempo a la cárcel; y quizá también vea sus cuentas bancarias crecer por cuenta de los cómplices a los que no delate, ¿pero qué nos ganamos los colombianos con eso? ¿De qué nos sirve que lo envíen a una cárcel allá si sus cómplices seguirán delinquiendo aquí o se irán a vivir a las mansiones del exterior que con dineros nuestros o producto de la ilegalidad se han ganado?

Una de las grandes conquistas de la justicia debe ser la verdad, y en este país hay que trabajar para que se sepa la verdad de todos los delitos cometidos por criminales nacionales e internacionales: guerrillas, paramilitares (bandas criminales), el Estado (militares y civiles) y criminales del común.


Así, conociendo toda la verdad, es posible que por fin podamos construir una Nación que haga de la justicia y la justicia social su modo de vida.  Lamento decirlo, pero creo que la extradición está sobrevalorada.








@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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jueves, 31 de agosto de 2017

¡Estudien, Vagos!

Por: Francisc Lozano*


Estos negros e indígenas sí que han sabido esconder su riqueza por siglos. La han escondido tan bien y se han comprometido de tal forma a no permitir que nos enteremos de que ellos son sus verdaderos propietarios que prefieren morirse de hambre para no revelar el secreto, como los hacen los wayúu en La Guajira.


Estudien, Vagos. María Fernanda Cabal, Todas Las Sombras, Francisc Lozano
María Fernanda Cabal. Fuente: sentiido.com


El pasado 10 de abril, Álvaro Uribe hizo una rabieta para retirarse del Congreso y no escuchar a las víctimas del conflicto que tenían la palabra antes que él.  Ese día era el día de las víctimas, y en consecuencia era lógico escuchar lo que tenían para decirle al país y al mundo.

A las afueras del Capitolio, María Fernanda Cabal se dirigió a un grupo de manifestantes que protestaban por la forma en la que Uribe y todo el Centro Democrático se comportó para no escuchar a las víctimas. Las palabras que usó Cabal fueron las siguientes: “¡Estudien, vagos!” (haga clic para ver el vídeo)


Cuando a uno le dicen algo como eso, uno supone que quien lo dice es una persona que estudia mucho, y por eso tiene la moralidad para soltar semejante expresión tan desobligante y ofensiva para un pueblo tan trabajador como el colombiano.

 Y es que no es necesariamente vago quien protesta, así como no es obligatoriamente estudioso quien no lo hace.  Primer error en la argumentación de la Representante a la Cámara y que contradice su supuesta capacidad para estudiar.

Pero el tema no queda allí: a finales de junio de este año, la representante no sólo revivió a la Unión Soviética (disuelta en 1991), sino que además la nombró en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando debatía sobre la entrega de armas de las Farc a la ONU en los puntos de concentración de esa organización. Iván Cepeda estaba enumerando los países que componen el Consejo de Seguridad (China, Francia, Irlanda del Norte, Reino Unido, Rusia y USA), pero Cabal nos retrocedió 26 años en el tiempo e incluyó a la Unión Soviética en vez de a la Federación de Rusia. Segundo error que afecta su credibilidad cuando de estudiar se trata.

Y como no podía faltar, hubo un suceso más (de este nos enteramos, no sabemos si hay muchos más) en el que mostró que lo suyo no es la academia, aunque se siente con el derecho moral de recomendársela a los demás.  En julio, Cabal fue invitada al programa La Tele Letal de De Francisco y Moure. En ese programa le preguntaron por la concentración de la tierra en manos de unos pocos en Colombia. Eso la señora Cabal respondió: “Yo le digo dónde está concentrada. Está en manos de los territorios colectivos de comunidades negras y en manos de los resguardos indígenas…”. Tercer error letal de la política vallecaucana.


(Ver vídeo desde el minuto 30 al 32)

Cuando a uno le sueltan una frase de ese tipo, uno se queda helado, y piensa: ¿O sea que los negros y los indígenas son los verdaderos dueños de las tierras y se esconden para no salir en Forbes o en los listados de las personas más ricas de Colombia que sacan La República o Portafolio? ¿Será que los Santodomingo, los Ardila Lülle, los Sarmiento Angulo, los Santos, los Lafaurie y los Uribe Vélez son una fachada de los negros y los indígenas? ¿Por qué nunca vemos a un Carabalí, a un Mosquera, a un Rentería o a un Guapacha presidiendo la asamblea de la Andi o dirigiendo a los ingenios azucareros? ¿Por qué nunca vemos a un negro o a un indígena como presidente de Fedegán (como sí lo es el esposo de Cabal)?¿Será que negros e indígenas son los dueños de la palma de cera sembrada en toda la vía que recorre el Magdalena medio? ¿Qué hace Cabal posando para la fotografía de esta columna con esos grandes multimillonarios en vez de estar defendiendo los derechos de los más necesitados que son más que los ricos?

Estos negros e indígenas sí que han sabido esconder su riqueza por siglos. La han escondido tan bien y se han comprometido de tal forma a no permitir que nos enteremos de que ellos son sus verdaderos propietarios que prefieren morirse de hambre para no revelar el secreto, como los hacen los wayúu en La Guajira.

En el informe "Radiografía de la Desigualdad: lo que nos dice el último censo agropecuario sobre la distribución de la tierra en Colombia", la ONG internacional Oxfam dice que, al analizar los datos del censo agropecuario de 2014 (el primero hecho en 45 años), se “confirma que Colombia es el país más desigual de Latinoamérica en cuanto a la concentración de la tierra”. Pero hay más: “El análisis de los datos muestra que el uno por ciento de las explotaciones agropecuarias más grandes concentra el 81 por ciento de la tierra, dejando sólo el 19 por ciento de la tierra distribuida entre el 99 por ciento restante de las unidades productivas.”. O sea que si en Colombia hubiese 100 personas y 100 hectáreas de tierra productiva, una persona sería la dueña de 81 hectáreas, y el resto (las 99 personas restantes) serían dueñas del 19% del total de las tierras productivas. Así las cosas, es muy difícil pensar que la paz que tanto anhelamos será estable y duradera.

La distribución equitativa de la tierra también es construir riqueza y paz para todos.

Y un pequeño consejo para María Fernanda Cabal: ¡Estudie, vaga!


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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jueves, 27 de julio de 2017

La Sombra de la Duda

Por: Francisc Lozano*



Así que, o bien los fiscales e investigadores de antes eran muy malos y los de ahora son genios, o el Fiscal quería proteger a los inversionistas de Navelena para que el escándalo no afectara su imagen.


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Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Santos y Néstor Humberto Martínez. Fuente: lasillavacia


El 5 de enero del 2017, en un hecho increíble, y después de sólo dos semanas de investigación (sí, Sherlock Holmes sería un inepto en la Fiscalía General de la Nación), el Fiscal Néstor Martínez lanzó una afirmación temeraria: “Hoy la Fiscalía ha descartado la posibilidad de corrupción en el caso de la adjudicación de las obras del río Magdalena. En ese caso específico no hemos encontrado corrupción”. Y digo que es temeraria porque, por ejemplo, después de más de 20 años de investigación, la Fiscalía no ha podido cerrar el caso del Palacio de Justicia, o tras 18 años del asesinato de Jaime Garzón, aún no se sabe exactamente quién lo mandó a matar, por qué y quiénes más participaron. 


Así que, o bien los fiscales e investigadores de antes eran muy malos y los de ahora son genios, o el Fiscal quería proteger a los inversionistas de Navelena para que el escándalo no afectara su imagen. Mas Justicia Tributaria y Jorge Robledo se encargaron de distribuir sus hallazgos en este caso y, gracias a su trabajo y valentía, hoy sabemos que el Banco Agrario le entregó irresponsablemente un crédito de 120.000 millones de pesos a Odrebecht, plata que ya sabemos se robaron. Exactamente esa misma suma era la que el Gobierno había prometido invertir en la construcción del alcantarillado en Quibdó para saldar una “deuda histórica en San José de Tadó, Bahía Solano, Nuquí y así, doce municipios más”, así que saquen cuentas de lo que se perdió.


Pero las astucias de Martínez no terminaron ahí. Un mes después, el 7 de febrero, le trasladó gran parte de la investigación sobre la financiación de las campañas de Santos y Zuluaga al Consejo Nacional Electoral para que investigara “lo de su competencia”. Y como es sabido, el CNE no es la institución más fuerte en el ámbito de investigación criminal en el país, por lo que los frutos de dicho traspaso no serán plausibles. Y sí levantarán dudas como la que me atañe en este momento: ¿Por qué el CNE le abrió una investigación formal a Óscar Iván Zuluaga y su campaña, y no también a Juan Manuel Santos y su campaña? Esto da mucho en qué pensar, ¿no?


Ahora bien, en unas declaraciones lamentables, Santos ha dicho “me acabo de enterar”, una vez la Fiscalía habló de los pagos de Odebrecht a su campaña, y para colmo de males, ha dicho que sólo un funcionario de segundo nivel de su campaña ha sido procesado por las autoridades, como si eso significara que más no caerán o que su campaña fue menos corrupta que la de Zuluaga. Y remató diciendo "señor Fiscal, no tenga ninguna contemplación y que le caiga todo el peso de la ley a quien le tenga que caer", y yo me hago las siguientes increpaciones: ¿Qué hubiera pasado si Santos no hubiera dicho eso? ¿Acaso no hubiera investigado el Fiscal su campaña? ¿El Fiscal recibe órdenes del Presidente sobre qué debe y qué no debe investigar? ¿No conoce el Fiscal sus funciones?


En un país serio, el Fiscal, quien ha asesorado directa o indirectamente al Banco Agrario en el consorcio Navelena, a Navelena y a la Ruta del Sol, entre otros, como lo han demostrado Justicia Tributaria y Jorge Robledo (ver vídeo), y el Presidente que recibió dinero de una compañía extranjera ya hubieran renunciado. Pero este no es un país serio, y aquí muchos de los funcionarios no entienden de ética y pulcritud.





Después de que se ha destapado este impresionante caso de corrupción, a todos nos debe quedar por lo menos la sombra de la duda sobre el actuar del Fiscal, el Presidente y varios funcionarios más.



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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jueves, 22 de junio de 2017

Los Miserables

La reacción que uno hubiera esperado tras ese horroroso acto hubiese sido de rechazo absoluto e incondicional del hecho y de solidaridad con las víctimas. Pero no en Colombia, no aquí.

Por: Francisc Lozano*


Anne Hathaway, protagonista de Los miserables. Fuente: elterritorio.com.ar

En 1862, Víctor Hugo culminó una de sus obras maestras. Los Miserables (Les Misérables) relata la historia de varios personajes presos del hado. Estos personajes viven su vida entre la miseria más absoluta y todas las peripecias legales e ilegales que llevan a cabo para tratar de zafarse de su nefasto destino. Seres como Jean Valjean, Fantine, Javert, Eponine, Marius y Gavroche son miserables, pero son unos miserables producto de las decisiones de los demás, no por iniciativa propia. En Colombia, no obstante, hay miserables por elección.

El 17 de junio el país se fue a dormir con un gran pesar y un alto grado de incertidumbre: esa noche un grupo de asesinos activó un artefacto explosivo en un exclusivo sector de la capital colombiana (Centro Comercial Andino). Ese hecho de barbarie acabó con la vida de tres mujeres y dejó heridas a varias personas más. Las víctimas son mueres, principalmente, porque los terroristas que dejaron los explosivos usaron el baño para mujeres como el lugar elegido para perpetrar su criminal acto.

La reacción que uno esperaría tras ese horroroso acto sería de rechazo al hecho y de solidaridad con las víctimas. No obstante, en este país la miseria de muchos de nuestros compatriotas no tiene límites y llevó a muchos personajes públicos a expresarse no en contra del horrendo acto, sino para usar la muerte y el sufrimiento de los afectados para hacer política y promocionar sus odios personales. Estas son algunas de esas expresiones repugnantes:



  
Estos personajes son algunos de los miserables. Los hay de todos los matices profesionales, ideológicos y políticos; son de izquierda, de derecha y de centro. No importa de dónde vinieron ni qué estaban pensando cuando ocurrió el deplorable hecho. Ellos son los verdaderos miserables. 




@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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miércoles, 31 de mayo de 2017

Concentración, riqueza y miseria

Por: Francisc Lozano*


El Informe Mundial sobre Ciencias Sociales  de septiembre del 2016 destacó que 62 personas poseen tanta riqueza como la mitad de los seres humanos.


Concentración Riqueza y Miseria. Una aldeana pobre de Bangladesh, Todas Las Sombras, Francisc Lozano, http://todaslassombras.blogspot.com/2017/05/concentracion-riqueza-y-miseria.html
Una aldeana pobre en Bangladés. Fotografía de Balaram Mahalder


En septiembre del año anterior, se dieron a conocer los resultados del Informe Mundial sobre Ciencias Sociales en Estocolmo. En ese informe, que se centró en la desigualdad económica, se destacó que 62 personas (menos del 0,9% de la población de la Tierra) poseen tanta riqueza como la mitad de los seres humanos (más o menos 3.600.000.000 de personas). Pero la cosa no paraba ahí, también se pedía en el documento investigar a profundidad otros tipos de desigualdades asociadas al acceso a la educación, la salud y el género, porque no hay suficiente información respecto a esos aspectos, y al contar con ella se podría hacer un mejor diagnóstico sobre la desigualdad real del mundo. Un elemento que no aparece visibilizado es el de la etnia que, en países multiétnicos, representa una verdadera desventaja para ciertos grupos poblacionales (negros e indígenas, principalmente, pero no únicamente) en el camino al crecimiento social y económico.



Ante tan devastadora noticia, lo que hacen los principales medios de comunicación no es preguntarse por qué hemos llegado a un mundo en el que todos terminaremos trabajando para algunas docenas de personas o cómo vive un ser humano que está en el 30% de las personas más pobres del mundo. No, lo que hacen los medios de comunicación es felicitar a esas 62 personas por lograr concentrar, legal o ilegalmente, la mitad del dinero que existe en el mundo.


En enero del 2017, no obstante, Oxfam lanzó su estudio “An economy for the 99%” en el que destaca que “desde el 2015, el 1% de la población (los más ricos) ha poseído más riqueza que el resto del planeta Tierra”, y las desalentadoras noticias continúan:
  •  8 hombres poseen ahora la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre de los habitantes del mundo.

  • Los ingresos del 10% más pobre de la humanidad han aumentado en menos de 3 dólares entre 1988 y 2011. O sea, el aumento anual de sus ingresos ha sido de 0,13 dólares, o, lo que es lo mismo, 390 pesos colombianos.

  • En Vietnam, el hombre más rico gana más dinero en un (1) día que la persona más pobre del país en 10 años.



Y los hallazgos continúan, pero la conclusión es la misma: la situación es catastrófica. Saber que 62 personas tienen la mitad de la riqueza del mundo debería obligarnos a repensar el mundo y la forma en la que se hacen los negocios, pero comprender que 8 personas tienen tanto o más que la mitad más pobre de la humanidad debería destrozarnos. No llamo a la violencia o al odio hacia quienes más tienen, hago un llamado al florecimiento de ese sentimiento de humanismo, a esas intenciones de cambiar la realidad. Hago un llamado al respeto por las necesidades de los demás y a cambiar el modo en el que sólo nos sentamos a pensar en nosotros. Hago un llamado a una visión del mundo como uno solo, y no como células dispersas. Hago un llamado a pensar cómo vamos a cambiar la realidad de aquellos que tienen nada.


Algo tiene que estar muy mal con una sociedad que no sólo permite estos niveles insoportables de desigualdad, sino que además la alienta. Todos sabemos quiénes son esos 8 hombres (Gates, Slim, Ortega, Zuckerberg, Buffett, Bezos, Ellison y Bloomberg). Forbes y todos los diarios económicos y no económicos los repiten y los resaltan sin parar. A todos los vemos año tras año encabezando la lista de multimillonarios del orbe, pero ¿quién conoce a esos miles de millones que no tienen qué comer? Da para pensar, ¿no?


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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viernes, 12 de mayo de 2017

El país de los avispados

Por Francisc Lozano*

Atardecer en Bogotá, Colombia. Fotografía de Francisc Lozano.Todas Las Sombras, El País de los avispados. Fuente: http://todaslassombras.blogspot.com/2017/05/el-pais-de-los-avispados.html






Fotografía de Francisc Lozano


Ahora que el tema de la corrupción está de moda en el país y en la región, y que todo el mundo habla de él y de Odebrecht y Reficar en particular, y que será el caballito de guerra de todos los políticos (tanto los que la quieren acabar  como los que viven de ella), llegó el momento de decirnos unas verdades en la cara:

Los colombianos, como casi cualquier otro grupo de connacionales de cualquier región afectada grave e impunemente por la corrupción, tendemos a identificar a los corruptos como a una clase distinta de persona. Una raza que, aunque humana como nosotros, parece haber venido de otro país o, más interesante aún, de otro mundo y concentrar todos los defectos o accionares que se enfrentan a la moral y a la ética.  Y este hecho es visible en casi cualquier conversación sobre corrupción que surja entre un grupo de ciudadanos. En ese tipo de charla, generalmente se habla de los corruptos como “los otros”, “ellos”, esos seres que de manera esporádica terminaron gobernando la región o dirigiendo las organizaciones que terminan impactando en la región. Nunca los identificamos como producto de nuestras sociedades y, por más doloroso que sea, son personas que nacieron, crecieron y/o se educaron en las mismas ciudades y campos que nosotros.


Sí, “esos corruptos”, como comúnmente les llamamos, son “nuestros corruptos”. Es doloroso aceptarlo, lo sé, pero es una realidad y, como realidad que es, lo mejor que podemos hacer es empezar por reconocerla para poder cambiarla. Ahora pretendo explicar por qué considero que los corruptos son producto de la misma sociedad que nos engendró a nosotros, quienes nos consideramos no corruptos.


Lo primero que voy a decir a este respecto es que una sociedad que basa su moral y su ética de desarrollo en expresiones del tipo “sea avispado, no se deje”, “el vivo vive del bobo”, “no dé papaya” y “póngale malicia indígena”, entre otras, está condenada a generar corruptos por montón. Y sí, aunque nos duela admitirlo, hemos sido criados para tratar de “darle en la cabeza” a los otros. Nuestros padres y la sociedad nos aplauden cuando demostramos que somos “avispados”, cuando somos capaces de sacar más provecho de una transacción del que debería existir para cada una de las partes involucradas. Nos sentimos héroes cuando somos capaces de comprar un producto por el mismo precio que le costó al vendedor, y si lo compramos más barato, somos geniales.


Cuando uno le pregunta a alguien “¿por qué no paga el pasaje de Transmilenio?”, después de las excusas del alto costo de transporte (que es una realidad inocultable, sobre todo si se compara con el costo del metro en metrópolis como Ciudad de México donde un recorrido vale $7 MXN, algo así como $1.080 COP) o de la imposibilidad de pagar por sus bajos ingresos, una de las primeras respuestas que da es “porque los corruptos se lo roban”. Y eso es una realidad en muchos casos, sin duda, pero no puede ser la regla para todos los casos, y aunque lo fuera, no puede ser la excusa para no pagar porque, aunque no lo queramos reconocer, eso es corrupción.


Otro ejemplo de conductas similares se da cuando tenemos que hacer una cola, con el propósito que sea (en un banco, un hospital, un supermercado, etc.), y en lo primero que pensamos, algunos de nosotros, es en una manera de llegar más rápido al final de la cola. Y, de ser posible, nos valdremos de cualquier circunstancia para lograr nuestro objetivo, como acercarnos a un conocido que está más próximo al principio de la cola. Y no nos gusta admitirlo, pero es corrupción. Y los casos son innumerables, pero el significado no: nuestra sociedad es corrupta y engendra corrupción. Y no importa si son hechos pequeños de corrupción como pasarnos el semáforo en rojo, porque, aunque no lo sepamos, tal vez así hayan empezado Samuel e Iván Moreno, Emilio Tapia y los Nule o el presidente de Odebrecht, Duda Mendoca y los colaboradores de Uribe, Zuluaga y de Santos, o los Uribe (Tomás y Jerónimo) robando a la Dian. Así que si usted quiere acabar con la corrupción, es muy posible que tenga que empezar a revisar sus actos y cambiar muchos de ellos, y después elija, no a quien le regala un tamal o un bulto de cemento, a quien tiene una carrera política sin manchas y tiene planes para atacar la corrupción. Así es que vamos a reducir o eliminar la corrupción.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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viernes, 7 de abril de 2017

Ahogados en un mar de corrupción

Por Francisc Lozano*


Ahogados en un mar de corrupción, IPC, Colombia, Todas Las Sombras, Francisc Lozano, Fuente: http://transparenciacolombia.org.co/wp-content/uploads/2017/01/CPI2016_Americas_ES.jpg
Índice de Percepción de la Corrupción 2016. Fuente: transparenciacolombia.org.co

Cada gobierno tiene su gran desfalco; cada año viene con su descalabro para el bolsillo de los contribuyentes; cada mes se descubre un nuevo robo astronómico; y cada día, hora, minuto y segundo alguien se está robando algo.  Sin importar quién sea el criminal de turno, la víctima siempre es la misma: el pueblo colombiano.


Hace casi cuatro décadas, el entonces presidente de la República César Turbay expresaba lo siguiente: “hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Pero se equivocaba Turbay. La corrupción no se debe reducir, se debe extirpar, así como los médicos extirpan los tumores que de otra forma terminarían por acabar con la vida de sus portadores. No se puede simplemente reducir el tamaño del tumor porque, al final terminará volviendo a crecer e invadirá el organismo por completo. Así es la corrupción, y no puede ser tolerable, aunque la realidad es que todos la toleramos o la practicamos de una u otra forma. Pero eso será tema de otra columna.


Cerca de tres años atrás, el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez calificaba al gobierno de Uribe Vélez como “el más corrupto de la historia reciente” en su columna El país que imaginamos y temimos. En ese momento, tal vez, Vásquez estaba dando en el blanco, pero con las últimas revelaciones de la fiscalía y los testigos en casos de corrupción, me temo que sólo sabremos cuál merece esa deplorable distinción cuando hayan pasado entre 4 y 6 años del gobierno de Santos y, lo que parece aún peor, creo que la competencia seguirá con los futuros gobernantes, con lo que sólo tendremos una disputa de nunca acabar por ser los laureados con tan peyorativa calificación.


A uno como colombiano ya le sorprenden muy pocas cosas, y, generalmente, esos hechos son los buenos: logros de Llinás en neurociencia, de los deportistas de la necesidad (el deporte es su única esperanza para poder comer porque sólo nos aprovechamos de su imagen para hablar bien de Colombia, pero nunca les ayudamos cuando no han logrado grandes hazañas), las selecciones colombianas de fútbol femenino y masculino, un grupo de personas que intentan proteger el medio ambiente o brindarle oportunidades a los menos favorecidos en las zonas marginales de Colombia, uno que otro político honesto que hace bien su trabajo, un grupo de médicos que no cobran por salvarle la vida a quienes lo necesitan y uno que otro caso más que se me escapa.  


Sin embargo, el día sábado 1 de abril me sorprendió por dos razones: Mocoa quedó destruida y cientos de vidas se perdieron y tal vez se seguirán perdiendo, y Uribe, Ordóñez y “Popeye” lideraron una marcha “contra la corrupción” y contra Santos. Si la marcha hubiese sido organizada por gente decente, uno podría haberse tomado el tiempo de participar porque la corrupción nos carcome y Santos es uno de esos presidentes que sólo podrá ser recordado por un par de cosas buenas y por muchas malas, así como su antecesor antioqueño. El problema es que quienes la organizaron hacen parte de la élite que más provecho le ha sacado a la corrupción.


Uribe tiene incontables casos de corrupción en su haber que han sido destapados: Ejecuciones extrajudiciales de colombianos por parte del ejército, Odebrecht, Agro Ingreso Seguro, el cartel de la contratación en Bogotá, Saludcoop, la Zona Franca de Occidente, la compra de votos para su reelección, las interceptaciones ilegales del DAS, sus exjefes de seguridad detenidos por narcotráfico, su hermano investigado por paramilitarismo, su primo condenado por paramilitarismo, y las lista sigue. Por el lado de Ordóñez uno puede destacar que fue él precisamente quien se encargó de comprar su reelección -inconstitucional- entregándole cargos a los familiares de los magistrados, corrupción dura y pura. Y si de Popeye hay que hablar, uno no puede olvidar que es uno de los mayores asesinos de la historia de este país, y que ejecutó muchos de esos asesinatos en contra de personas que luchaban contra la corrupción, por orden de Pablo Escobar. Así las cosas, Uribe, Ordóñez y Popeye tienen rabo de paja cuando de corrupción se habla, por lo que la marcha resulta, cuando menos, contradictoria. Pero como ya dije en otro momento, eso no habla mal de Uribe, Ordóñez y Popeye, eso habla mal de una sociedad inerme que endiosa a los corruptos y castiga a los honestos. La sociedad donde “el vivo vive del bobo” y de “no de papaya”.  Sí, la corrupción es culpa nuestra, nosotros somos los responsables porque aplaudimos al pillo y valoramos la “malicia indígena”. Eso nos hace corruptos a todos, a todos.


En cuanto a la destrucción en Mocoa, esa también la podemos interpretar como consecuencia de la corrupción que hizo que no se manejara adecuadamente el riesgo, y que los dineros no se hubieran invertido en las transformaciones que necesitaba la población para reducir los riesgos a los que está expuesta. Sólo hay que ver cómo Ecuador no ha sufrido los estragos que sí le han tocado a Perú y a Colombia por cuenta de las grandes precipitaciones que se han vivido en las últimas semanas, pero el tema tendrá que ser tratado en otra ocasión.


Si algo nos han enseñado las últimas dos administraciones del país, es que la reelección representa un verdadero peligro en una Nación sin control real y sin memoria histórica y política.  Porque una cosa es aguantarse un gobierno corrupto durante 4 años, pero hacerlo durante 8 o 16, como está pasando con Santos que ha continuado por los mismos caminos de Uribe, eso sí es devastador, y Reficar, Saludcoop, Odebrecht, los robos de Tomás y Jerónimo Uribe a la Dian y de Samuel e Iván Moreno y su grupo de compinches a la Nación, y los otros cientos o miles de desfalcos son una prueba de ello.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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miércoles, 22 de marzo de 2017

Otro color para tu sueño

Por María Gloria Pérez*



"Y el hombre... Pobre! Vuelve los ojos,
 como cuando por sobre el hombro nos llama
 una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo
 vivido se empoza, como charco de culpa en la
                              mirada.
Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé"
                                                        César Vallejo

A la memoria de mi vecina Martha Luz Ríos



Madre e hijo. Otro color para tu sueño. Todas las sombras. Fuente: https://genial.guru/admiracion-curiosidades/20-fotografias-de-mamas-hermosas-y-sus-felices-hijos-varones-417/#image1107310Madre e hijo. Fuente: genial.guru


     -Estás tan frío, hijo.
     -Sí, mamá.
     -Si pudiera abrazarte como cuando eras niño, ¿recuerdas?
     -Sí, mamá.
     -"Usted siempre está tan calientita", decías.
     -Y fue su calorcito lo que más extrañé, lo que más busqué después.
     -¿Qué pasó, acaso nadie te abrigó?
     -Todos trataron de abrigarme, pero el frío me venía desde adentro.
     -Nunca viniste a visitarme.
     -No sabía dónde estaba,nadie me dio razón de usted. Sólo al final lo supe y aquí estoy.
     -¿Nunca te dijeron la verdad?
     -No. Nunca.
     -¿Por qué no preguntaste?
     -Siempre pregunté y siempre me dijeron: "Eres muy pequeño aún, cuando seas grande entenderás".
     -Pero creciste... mira cuánto... alto y delgado... tan delgado...
     -Igual que mi papá, ¿no le parece?
     -Sí, claro, igual que tu papá. ¿Qué pasó con él? Al principio venía todos los domingos. La última vez que estuvo aquí fue en uno de mis cumpleaños, se quedó conmigo hasta muy tarde, hasta que lo sacaron. Creo que fue el vigilante quien le dijo: "Hora de partir, amigo. Lo siento, pero yo cumplo órdenes" y se fue, callado. No volvió jamás.
     -Es que siempre está muy ocupado.
     -Sí, lo sé. Y yo aquí sin poder hacer nada, antes le ayudaba mucho...
     -No se ponga triste. No ve que otra vez vamos a estar juntos.
     -Pero ha pasado tanto tiempo. Tanto...
     -No se preocupe por eso, yo supe conservarlo todo. Me quedé como clavado, fijado en ese día. El último día que usted se puso su vestido amarillo, ¿se acuerda? Nos queríamos tanto. Usted sentada frente a la máquina de coser y yo en el corredor, mirándola, y usted me sonreía y me enseñaba tantas cosas: "Son del arco iris los colores, este es el rojo, rojo es el color del amor y de la guerra; azul, color del mar, del cielo y de los sueños; y el que más te gusta mi niño, el amarillo, es el más cálido de todos". Me enseñaba  una oración y quería que la repitiera y cuando le decía siquiera una palabra, se ponía tan feliz que se alejaba de su oficio y  me abrazaba llenándome de besos. Yo jugaba con sus manos, eran alas y eran mágicas, todo lo podían. Reíamos y usted cantaba y yo trataba de imitarla: "Palomita blanca de piquito azul...". Y su calor, ese calorcito de su cuerpo, pero sobre todo el de sus pechos. Tan grandes. Con ese sabor salado y dulce de la leche. Usted tan orgullosa de sus pechos. Yo, dueño de ellos. Me servían de cojines cuando en las tardes azules de verano nos tendíamos en el patio a soñar con las nubes que pasaban por el cielo. "Esta parece un elefante, con esa trompa larga; aquella otra es una mariposa; detrás viene una bruja ¡qué fea! con la nariz tan larga y sin escoba".

     Fue para mi quinto cumpleaños que su mirada empezó a tomar color de lejanía. Sí, yo ya sabía por su mirada y sus silencios, que algo no iba bien. Era la época aquella en que las gentes se encerraban en sus casas muy temprano. La ciudad se tornó extraña. Los muchachos de la esquina ya no estaban; se acabaron los partidos de fútbol de los niños de la cuadra; mi papá guardó la cometa que hicimos en diciembre diciendo: "Por ahora no hay dónde elevarla. Esperemos a que haya buenos vientos". Poco cosía usted entonces, como si casi nadie pensara en estrenar y cuando mi papá volvía del trabajo usted o recibía con un "gracias a Dios". ¿Se acuerda? Él también estaba triste, y enojado, entonces me decía malas palabras y usted lo regañaba: "No maldiga, no maldiga que con eso no ganamos nada": y yo sin entender lo que pasaba. Ustedes encendían la radio y escuchaban, a mí no me dejaban escuchar. Él maldecía, usted rezaba y yo sin entender. Y aquellas explosiones de día y de noche, de noche y de día. Yo refugiándome en sus brazos y el miedo brotando de sus ojos y corriendo por la casa.

     El día de mi cumpleaños usted llenó la casa con bombas de colores y aleluyas. ¡Eran tan lindas las bombas de colores...!

     Yo quería unos zapatos nuevos y usted dijo: "No te los compro porqueseguro que alguien te los trae de regalo" y después dijo: "Tanto regalo y nadie te trajo los zapatos. Cuando entregue el vestido que estoy haciendo te los compro".

     Yo me quedé en la puerta, esperándola. Esperando que llegara con los zapatos nuevos, pensaba en el olorcito de las cosas nuevas, ese olorcito extraño y delicioso. Usted no llegaba y yo esperándola. Muchas personas vinieron a la casa, venían de visita, algunas mujeres lloraban y rezaban, los hombres maldecían y usted no llegaba. Me paraba en la puerta y la veía venir con su vestido amarillo y los zapatos nuevos en las manos, sonreía y me decía "Ven a probártelos, son bonitos". En la noche buscaba entre la almohada el olorcito extraño y delicioso y buscaba sobre todo su calor, mamá.

     Crecí esperándola en la puerta, de tres a seis. De tres a seis todos los días. Al principio todos parecían entender y me dejaban quedar allá parado, esperándola. "No le digan nada, él irá entendiendo". "¿Por qué no lo llevan a la escuela?, va a estar entretenido". Me llevaron a la escuela. Era bonita, tenía un patio grande y muchos corredores. Pero me angustiaba pensar que mientras estaba allí usted llegaba: "¿Y si viene y no me encuentra y nadie le dice dónde estoy, y me busca y al no verme se va otra vez...?".

      La maestra, que se esforzaba por ser buena y comprensiva, se cansó de mis ausencias, porque aunque estuviera allí sentado, cerraba los ojos y me volvía como de caucho y me estiraba lento, primero las piernas y los pies, después el tronco con los brazos y luego la cabeza y así, estirado, estirado, sentado en la banca de la escuela, salía por los techos, doblaba las esquinas y esperaba en la puerta de la casa.

     -La maestra ha dicho que no debe volver. Que se ha convertido en un problema, que no juega, ni habla, que está ausente.
     -¿Qué vamos a hacer?¿Qué vamos a hacer con él?
     -Esperar, esperar, irá creciendo y con la edad le irá llegando la razón.

     Ya no me iban a obligar. Usted iba a venir y me tendría explicar tanta demora y me tendría explicar qué era lo que yo iba a entender cuando creciera. Usted tenía una respuesta para todo, yo sabía. Mi papá, siempre tan callado lo estaba más entonces. Llegaba tarde y bebía, bebía mucho. La abuela se enfadaba pero él salía en las mañanas muy temprano y no volvía hasta muy tarde. Entraba a mi cuarto y me besaba, eran unos besos tan distintos a los suyos, tenían sabor amargo -los suyos eran dulces- y sobre todo aquel olor desagradable de sus besos, fuerte y penetrante. "¿Por qué no viene mi mamá?", "ya vendrá, ya vendrá...". Siempre lo mismo, yo dormía hasta loa hora del almuerzo, la abuela me daba de comer y me arreglaba abrigándome muy bien porque el frío no me dejaba; a las tres en punto de la tarde ella misma abría la puerta silenciosa, casi cómplice. Con el tiempo fue perdiendo la paciencia. Se la veía tan ajada y lenta, le dolía la cabeza y siempre estaba disgustada. A veces la sorprendía observándome a escondidas, con un gesto extraño; otras veces la escuché comentando con las vecinas sobre lo confuso de mi mirada, mis palabras, mis silencios, todo los mío resultaba para los demás dudoso. Y él, él no decía nada. Una mañana, muy temprano, mi papá me despertó y me dijo: "Nos vamos hijo, la abuela está cansada y enferma, te voy a llevar a un lugar donde te van a cuidar y te van a ayuda hasta que te pongas bien, ya verás...". Me abrazó fuerte y por primera vez, desde que usted se fue, sentí calor. En un maletín pequeño empacaron mis cosas, eran pocas. Ella se quedó en la puerta, diciendo un adiós con la mano, mientras con el dorso de la otra se enjugaba unas lagrimitas menudas -como ella- que despacio se le iban escurriendo.

     Desde entonces me quedé en aquel lugar sombrío. Todos vestían de blanco. Yo no hablaba con nadie, ni siquiera con el señor de barba y bata blanca que todas las mañanas venía a interrogarme y anotaba en unas hojas mi mirada, porque yo nada le decía. Era difícil mamá, muy difícil. No sabía dónde estaba y me perdía tratando de encontrar una salida para estirarme nuevamente y viajar por los tejados y llegar hasta la puerta. Nadie sonreía, caminaban presurosos y apenas me miraban. Sólo el señor de barba y bata blanca se quedaba conmigo, sentado, preguntando. Sus palabras y sus gestos eran duros, él tampoco sonreía. Parecía llevando una razón de otra perdona, seguramente más severa. Me asustaba ese señor, pero pensaba que él también debía asustarse frente a la otra persona que mandaba la razón, entonces, cuando pensaba esto, le sonreía, nunca me devolvía la sonrisa y por eso nunca le hablé. Insistía y yo callado. Cuando salía me alegraba pensando "lo van a regañar".

     Vino después el tiempo del sueño. Quizás fue mucho, no lo sé. Fue maravilloso: Llegó con su vestido amarillo y mis zapatos nuevos en las manos, eran también amarillos. Los calcé , podía hasta volar con ellos. Yo volaba, usted me sonreía y a veces también volaba. Y ese olorcito extraño y delicioso que tanto me gustaba. Reíamos y jugábamos. Otra vez aquel calor, el de su cuerpo. Hablábamos de todo.
    
     Volvimos a cantar:
     "Palomita blanca
     de piquito azul,
     tiéndele la cama
     al niño Jesús,
     que viene muy cansadito
     de cargar la cruz".
     Un día desperté y no la vi más. Un ruido sordo invadió mi mente. Frente a mí estaba el señor de barba y bata blanca, me habló y lo escuché, y entendía, y pregunté y volví a entender y otra vez pregunté y también entendí. Entonces supe dónde estaba yo y dónde estaba usted. Ya no llevaba su vestido amarillo; ni conservaba el calor de su cuerpo, y sus manos, que todo lo podían, no eran nada.

     Traté de imaginarla pero todo era confuso, Eran otras las bombas y eran otros los colores que venían al recuerdo, aquellos, los de entonces, los que usted trajo a mi vida. Sin embargo, comprendía bien de qué me hablaba él: Estallidos... vida... guerra... madre... muerte... soledades...

     Por primera vez el hombre me sonrió poniéndome una mano sobre el hombro antes de salir del cuarto. Por primera vez le dije adiós.


     Medellín, 1992/1994

   
Este cuento fue ganador del Concurso Nacional e Cuento de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia en 1996. Publicado en el periódico El Mundo, el 18 de diciembre de 1999 y por la Secretaría de las Mujeres de la Alcaldía de Medellín en su libro Ellas Escriben en Medellín, en noviembre de 2007. Todas Las Sombras  reproduce este relato bajo la autorización de su autora y para contribuir al homenaje que ella le hizo a Martha Luz Ríos, su vecina.


*María Gloria Pérez: Nació en Anorí (Antioquia), un pequeño pueblo minero que por más de 40 años ha sufrido todas las batallas de esta guerra. Estudió licenciatura en Historia y Filosofía en la Universidad de Antioquia. Se desempeñó como profesora de literatura. Ha publicado en varias revistas y ha sido ganadora de tres premios nacionales de cuento.


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