"

lunes, 29 de abril de 2019

El regreso del terror


 

Por Francisc Lozano*


¡¿Cómo era posible que el Ejército, una de las instituciones más queridas por los colombianos, se dedicara a secuestrar con engaños a civiles indefensos para asesinarlos a sangre fría y hacerlos pasar por miembros de la guerrilla y otros grupos irregulares, para recibir compensaciones económicas y vacacionales?! 

 


Colombia 
                                   Algunas madres de Soacha exponen las fotografías de sus hijos asesinados por el Ejército. Fuente: elpais.com
Los años 2007 y 2008 fueron horrorosos para la historia de Colombia. A la crisis económica internacional -que afortunadamente no fue tan violenta con el país como lo fue con Grecia, España y Portugal, por mencionar algunos- se le sumó una denuncia de un hábito horrendo que a la postre sería una de las manchas más oscuras que haya tenido este territorio.  Durante esos años  confirmamos que las ejecuciones extrajudiciales no sólo existían, sino que eran una práctica sistemática de algunas unidades del Ejército Nacional. Era el segundo período de Uribe a cargo del Gobierno, y Camilo Ospina y Juan Manuel Santos habían estado a cargo del Ministerio de Defensa por aquellas épocas.


Con esa revelación, Colombia y el mundo temblaron:  ¡¿Cómo era posible que el Ejército, una de las instituciones más queridas por los colombianos, se dedicara a secuestrar con engaños a civiles indefensos para asesinarlos a sangre fría y hacerlos pasar por miembros de la guerrilla y otros grupos irregulares, para recibir compensaciones económicas y vacacionales?! 


A esos horripilantes crímenes se les denomina popularmente ‘falsos positivos’, pero, como repetía incansablemente Mariela Márquez, “ni son falsos, ni son positivos”. Con las denuncias de esos hechos, algunas capturas y condenas de militares y el ojo de la prensa y la comunidad internacional puesto en el tema, parecía que se trataba de un hecho horrendo pero superado. 


No obstante, los noticieros del fin de semana demostraron que no es así. Con el asesinato de Dimar Torres a manos de uno o varios miembros del Ejército, la presunta participación de miembros de las fuerzas militares y de policía en los asesinatos de líderes sociales y de algunos reinsertados de las antiguas Farc, y la visible intención de encubrir el asesinato del exmilitante de la guerrilla por parte del ministro de Defensa, Guillermo Botero, uno no puede dejar de preguntarse si los días más horribles están de regreso.


Diría que me sorprende lo que está ocurriendo en Colombia, pero la verdad es que ya habíamos advertido que era muy probable que cosas como estas ocurrieran nuevamente. Al fin y al cabo, desde la retórica que usó el Centro Democrático para ganar las elecciones, uno ya podía prever qué tipo de gobierno nos iban a dar, y las peores previsiones se están haciendo realidad.

¿Se vendrá una 'Seguridad Democratica' 2.0?

@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



¿Tiene algo que decir? ¿Una sugerencia para dar? ¿Una opinión contraria a la expuesta en este texto? Por favor comparta sus opiniones con nosotros en la sección de comentarios. Le pedimos amablemente que use un lenguaje apropiado para este tipo de discusiones. Si usted utiliza lenguaje obsceno, Todas Las Sombras se reserva el derecho de bloquear o eliminar sus comentarios.  Si quiere saber más sobre Todas Las Sombras, le invitamos a visitar nuestra sección de Contacto y nuestros perfiles en FacebookTwitter,  YoutubeGoogle+ e Instagram. Gracias por interactuar con nosotros.



 

sábado, 1 de diciembre de 2018

El Policía Bueno y el Policía Malo

Por Francisc Lozano*



La escena la hemos visto en innumerables ocasiones: en la sala de interrogatorios, sentado en una silla y frente a una mesa, está el sospechoso o testigo de algún crimen. Instantes después llegan dos policías. Uno es violento, ofensivo y no se apega a la ley. El otro es amable, comprensivo y se ofrece para servir como confidente y defensor del testigo o sospechoso, incluso si eso significa enfrentarse a su compañero. 

En la realidad política, económica y social de Colombia -que es el sospechoso/testigo-, el policía bueno se llama Alvaro Uribe, un político que ha logrado pasar por los cargos más representativos del sector público sin que su imagen favorable haya sufrido mayores percances. El policía malo es, paradójicamente, su pupilo y actual presidente, Iván Duque.



Algunos no considerarán que lo anterior sea una posibilidad real, pero si nos apegamos a los hechos, hallaremos un patrón fácilmente reconocible de lo que he planteado.

El primer gran movimiento del actual gobierno fue enviar al ministro Carrasquilla a hacer las declaraciones respecto a gravar toda la canasta familiar que el gobierno necesitaba para tantear las aguas. Cuando la opinión pública manifestó su inconformismo con esas propuestas, el ministro dijo que el gobierno no tenía influencia en sus propuestas, y que a él se le habían ocurrido dichas ideas. Tras un tiempo, el mismo gobierno hizo las mismas propuestas y las llevó al Congreso para que se convirtieran en una reforma tributaria de medio pelo, como casi todas las reformas que se hacen aquí. Pero como a los colombianos nos gustan los eufemismos, Duque decidió llamarla "ley de financiación", porque tal vez así la gente no se percataría de lo que realmente es. Pero las cosas no salieron tan bien como Duque las planeó, y los medios y varios congresistas se opusieron a su nefasta reforma, incluso él mismo se había opuesto a ese tipo de reformas, pero en ese momento fungía como senador y el presidente era Santos. 

Mas cuando las decisiones de Duque, algunas informaciones que han salido a la luz pública y el desgaste típico que produce el paso del tiempo empezaron a tener un efecto negativo sobre la imagen de Uribe, el expresidente empezó a actuar como 'el policía bueno'. A todas las declaraciones de Duque que crean insatisfacción en una gran porción del pueblo colombiano, Uribe responde con una medida o propuesta que genera una tranquilidad pasajera. Cuando Duque propuso, cual policía malo, disminuirle los impuestos a las empresas y aumentárselos a los ciudadanos menos favorecidos, apareció 'el policía bueno' y ofreció 'un aumento extraordinario y por una sola vez del salario mínimo'; después vino el IVA para toda la canasta familiar del 'policía malo', pero contraatacó 'el policía bueno' y dijo oponerse al gravado de la totalidad de la canasta familiar; el penúltimo episodio de esta serie sin igual de ataques del 'policía malo' y 'el policía bueno' fue un video de Uribe en el que decía textualmente: "Pero necesitamos que Duque enderece, porque si Duque no endereza, nos va muy mal.

Recientemente escuché a Gilberto Tobón analizando los primeros 100 días de gobierno de Duque, 'el policía malo', y tengo que decir que concuerdo completamente con su visión. Es por eso que dije que la crítica de Uribe al accionar de Duque es el penúltimo paso de la danza del 'policía bueno' y 'el policía malo', porque 'el policía bueno' es excesivamente narcisista y no permitirá que su imagen se manche, no importa si para lograr su cometido tiene que sacrificar al 'policía malo'. A Uribe no le importa inmolar a su pupilo. Al final, si para asegurarse el poder en el futuro necesita decir que Duque es un traidor, lo hará. Ya lo hizo con Santos, sus exjefes de seguridad, sus exministros y demás funcionarios que han caído en desgracia. Al fin y al cabo, lo único que le importa a Uribe es que su imagen sea como nuestra gloria: 'inmarcesible'.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



¿Tiene algo que decir? ¿Una sugerencia para dar? ¿Una opinión contraria a la expuesta en este texto? Por favor comparta sus opiniones con nosotros en la sección de comentarios. Le pedimos amablemente que use un lenguaje apropiado para este tipo de discusiones. Si usted utiliza lenguaje obsceno, Todas Las Sombras se reserva el derecho de bloquear o eliminar sus comentarios.  Si quiere saber más sobre Todas Las Sombras, le invitamos a visitar nuestra sección de Contacto y nuestros perfiles en FacebookTwitter,  YoutubeGoogle+ e Instagram. Gracias por interactuar con nosotros.



domingo, 23 de septiembre de 2018

¿Diplomáticos?




Francisc Lozano*


Pero las coincidencias entre Santos y Ordóñez van más allá de compartir ideologías políticas, su profunda admiración por Uribe y sus inextinguibles ansias de poder.


Diplomáticos, Ordóñez, Francisco Santos, Todas Las Sombras
    Francisco Santos y Alejandro Ordóñez


Iván Duque asumió la Presidencia de la República hace un poco más de un mes y medio y, como denunciamos muchos, su gobierno no da muestras de corresponder a las necesidades reales de un país como Colombia: Grandes inversiones en materia educativa, en desarrollo de energías limpias y renovables, en el campo y en la infraestructura necesaria para lograr un nivel de competitividad que nos convierta en el polo de desarrollo regional que deberíamos ser, por sólo mencionar algunos factores en los que tenemos que invertir para no mantenernos rezagados como Nación.

A pesar de esos elementos que considero problemáticos, Duque sí ha sorprendido positivamente con algunas de sus actitudes y determinaciones: Formó un gabinete ministerial conformado por igual número de mujeres y hombres, si bien la calidad profesional y ética de esas personas está por comprobarse (en casos como el del ministro de Hacienda) y no ha nombrado directamente a representantes de los partidos políticos que le apoyaron para alcanzar la Presidencia.

Ahora bien, hacer un balance de un gobierno que acaba de empezar no es justo ni racional, así que dedicaré mis palabras a revisar dos nombramientos que me parecen muy peligrosos para el país, su imagen y para los países que puedan sufrir las consecuencias de las declaraciones y decisiones de esos dos funcionarios.

Antes de iniciar el análisis, es bueno recordar que la diplomacia es una rama de la política que tiene como fin mantener buenas relaciones entre estados, apelando al uso de la cortesía, el respeto y, en algunos casos, el disimulo. En años recientes, la diplomacia ha sido esencial para evitar catástrofes entre la OTAN y Rusia por la anexión de Crimea; entre Colombia y Venezuela por las constantes crisis que se vivieron con los gobiernos de Uribe y Chávez, y de Maduro y Santos; y entre USA y Corea del Norte por los planes de armamento nuclear del país asiático.

Dos de los funcionarios de la diplomacia colombiana que más me preocupan son Alejandro Ordóñez (embajador de Colombia ante la OEA) y Francisco Santos (embajador de Colombia en USA). El primero tiene un historial de toma de decisiones que preocupan porque demuestran que sus convicciones religiosas y morales son más importantes que el respeto de los derechos humanos, y su trabajo en la OEA tiene una relación directa con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y porque en el pasado, cuando era concejal (1987), se puso de parte de la conformación de grupos de autodefensa, expresando lo siguiente: “Impedir que los ciudadanos de bien reaccionen es obligarlos a que sean muertos, extorsionados o lacerados en su vida, honra y bienes. No podemos desconocer que las autodefensas    se ajustan a las normas de la moral social, del derecho natural y de nuestra legislación positiva. Pensar lo contrario es, por decir poco, una absurda ingenuidad.”


El caso de Francisco Santos no es diametralmente opuesto al de Ordóñez, aunque no creo que se haya pronunciado en favor de las autodefensas: corría el mes de noviembre del 2011, y Santos proponía una solución inédita, ilógica e irresponsable para combatir la protesta social que ejercían los estudiantes. A Santos se le ocurrió que para detener las marchas se podían usar pistolas de carga eléctrica o tasers.

Pero las coincidencias entre Santos y Ordóñez van más allá de compartir ideologías políticas, su profunda admiración por Uribe y sus inextinguibles ansias de poder. En recientes declaraciones, según CNN y El Espectador, Santos expresó lo siguiente: “Se escuchan voces que hablan de operaciones militares unilaterales. Creemos que debe darse una respuesta colectiva a esta crisis. Pero creemos, y déjeme ser bastante claro, que todas las opciones deben ser consideradas”.

Ordóñez, al ser preguntado por la situación social, política y económica del hermano país, dijo lo siguiente: “La Cancillería lo ha reiterado. Y lo ha reiterado con toda claridad, todas las soluciones dentro del Derecho Internacional sin descartar ninguna”. Pero más allá de eso, desde que era candidato presidencial ya había dicho en una entrevista con La W que “si el concierto internacional, si Naciones Unidas decide una intervención para restablecer y proteger los derechos humanos, yo la apoyaría…”.

Cabe recordarles a ambos funcionarios y sus seguidores que su labor sirve para que Duque les pague favores políticos y para mantener buenas relaciones con el mundo, sin importar que casi todos concordemos en que Maduro y su régimen constituyen una catástrofe inminente para sus ciudadanos y toda la región. Una intervención militar se propone de manera fácil. Sin embargo, pensar en las consecuencias que ella tendría y sopesar las innumerables tragedias que traería tanto para los venezolanos como para todos los países de la zona, no parece ser un trabajo juicioso que hayan hecho Santos y Ordóñez.

Chile, Siria, Afganistán e Irak son algunas muestras de las fatalidades que las intervenciones militares traen consigo. En el país austral, tras las intervenciones estadounidenses, un dictador de extrema derecha se tomó el poder dejó 40.000 víctimas (sin contar a las familias de las víctimas y a las personas exiliadas), según La Comisión Valech. El drama de Siria es una noticia recurrente en nuestra región y las muertes e inestabilidad que se han producido en Afganistán e Irak son innumerables e incomprensibles.

Proponer la salida de Maduro por la fuerza es condenar a muchos más venezolanos al sufrimiento. Por duro que sea, la solución a la terrible situación que vive el país hermano es pacífica y tiene que venir de sus propios ciudadanos. Y nuestra obligación humana frente a la tragedia es hacer todo lo posible para acoger a nuestros hermanos y ejercer toda la presión diplomática posible sobre quienes ostentan el poder allá, no sobre el pueblo. 



*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



¿Tiene algo que decir? ¿Una sugerencia para dar? ¿Una opinión contraria a la expuesta en este texto? Por favor comparta sus opiniones con nosotros en la sección de comentarios. Le pedimos amablemente que use un lenguaje apropiado para este tipo de discusiones. Si usted utiliza lenguaje obsceno, Todas Las Sombras se reserva el derecho de bloquear o eliminar sus comentarios.  Si quiere saber más sobre Todas Las Sombras, le invitamos a visitar nuestra sección de Contacto y nuestros perfiles en FacebookTwitter,  YoutubeGoogle+ e Instagram. Gracias por interactuar con nosotros.




lunes, 11 de junio de 2018

Malos Profesores

Por Francisc Lozano*


De Humberto de la Calle y de Sergio Fajardo y sus seguidores diré que les admiro profundamente por su decisión inaplazable de la búsqueda de un país inclusivo y que halle en la diversidad, en la educación, en la democracia, en la salud y en las nuevas economías la prosperidad intelectual, ambiental y económica que tanto le han negado por siglos quienes hoy ofrecen, una vez más y sin asomo de vergüenza, resolver los problemas que su forma de gobernar y corromper al país han creado.



Humberto de la Calley Sergio Fajardo. Imagen de Semana

Durante esta campaña electoral que está a punto de culminar, hemos tenido candidatos para todos los gustos y colores, y aunque no todos los colombianos se identifiquen con la democracia y sus logros y falencias, casi todos encontramos en alguno de esos candidatos algo que coincide con nuestro pensamiento, filosofía o visión. En mi caso, varias de esas cosas confluyeron con los candidatos Petro, De la Calle y Fajardo. Para mí, ellos y sus visiones representan el presente y el futuro de Colombia. Con los otros candidatos comparto poco o casi nada, pero entiendo que representan facciones de grupos de colombianos y, en consecuencia, respeto su aparición en la arena política.

De Humberto de la Calle y de Sergio Fajardo y sus seguidores diré que les admiro profundamente por su decisión inaplazable de la búsqueda de un país inclusivo y que halle en la diversidad, en la educación, en la democracia, en la salud y en las nuevas economías la prosperidad intelectual, ambiental y económica que tanto le han negado por siglos quienes hoy ofrecen, una vez más y sin asomo de vergüenza, resolver los problemas que su forma de gobernar y corromper al país han creado.

Creo firmemente en la democracia y sus instrumentos, y creo profundamente en la capacidad de decidir por quién votar, por quién no hacerlo, e incluso no hacerlo, si se considera inconveniente. Creo también en la potencialidad que tiene el voto en blanco para dar golpes de opinión y exigir cambios, pero sólo si de verdad gana. Y sólo puede ganar con la mayoría absoluta (50% de los votos más 1) en primera vuelta, como cualquier otro candidato. O sea, si el 97% del censo electoral votara el domingo 17 de junio en blanco, de todas maneras, el ganador saldrá de quien obtenga más votos entre los dos candidatos. Hace 4 años escribí un artículo explicando por qué el voto en blanco no es una panacea, y más bien termina ayudándole a quien lleve la delantera a ganar las elecciones o a quien cuente con la corrupción a su favor y limitando el acceso de proyectos políticos independientes a la política. Porque los votantes en blanco son, principalmente, personas que representan una parte del voto de opinión (el voto libre de maquinarias y compras), el voto que siempre trata de elegir lo mejor para el país, y, al no escoger la mejor opción democrática, colabora par que quien tiene amarrados los votos legal o ilegalmente (Duque), termine imponiéndose.

Por esa razón, De la Calle, a quien le escribí cariñosamente esta columna, y Fajardo me han causado decepción, no porque no puedan votar en blanco ni porque votar en blanco sea un crimen, cualquiera lo puede y lo debe hacer, si considera que es la mejor opción, sino porque cuando se esperaba más de ellos y su compromiso con la paz real, decidieron poner sus opiniones e intereses personales por encima del bien supremo de la paz

Aún queda tiempo para que se pronuncien a favor de la opción que representa mayoritariamente sus propuestas, pero su indecisión puede terminar pasándonos factura a todos.  El mismo Humberto decía, hace unas semanas, que en la primera vuelta “se espera que uno vote por el que le gusta…” y que eso se hace por reflexión, y que en la segunda vuelta “la sociedad se divide en dos y genera uno u otro camino para Colombia”. Pues bien, con su decisión y la de Fajardo, están incumpliendo con su compromiso de defender la paz y están ayudando a que Duque, Uribe, Pastrana, Ordóñez, Gaviria, Vargas Lleras, Viviane Morales, Marta Lucía, José Obdulio, Fernando Londoño, Andrés Felipe Arias, “La Gata”, Armando Benedetti, María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Samuel Hoyos, Oswaldo Ortiz y los demás coequiperos de Duque tengan acceso al poder no sólo de la Presidencia, sino del Congreso y, probablemente, de las cortes.  Las consecuencias de eludir el compromiso con la paz y el pragmatismo pueden ser gravísimas e irreversibles.

Afortunadamente, otros liberales y miembros de la Coalición Colombia, como Claudia López, Antonio Navarro y Antanas Mockus, decidieron apoyar a Petro, pero el daño que hacen las decisiones expresadas en público por parte de Fajardo y De la Calle no será fácil de sanar.

Sergio y Humberto terminaron siendo como quien predica, pero no aplica. Algo así como unos malos profesores que su timorata decisión terminaron arrastrando hacia la indecisión y la zozobra a varios estudiantes. Es responsabilidad de esos estudiantes no seguir el trayecto que tomaron sus profesores y comprometerse con el presente y el futuro del país. Es su obligación moral aggarse del pragmatismo político y comprometerse con la paz.

Hoy, como hace cuatro años con Santos y Zuluaga, no podemos olvidar que la paz es un bien supremo, y mientras el partido de Duque prometió “hacer trizas los acuerdos”, Gustavo Petro y su equipo no sólo han propuesto mantenerlos, sino profundizar los avances logrados con ellos. La paz está cerca, abracemos la paz.



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



¿Tiene algo que decir? ¿Una sugerencia para dar? ¿Una opinión contraria a la expuesta en este texto? Por favor comparta sus opiniones con nosotros en la sección de comentarios. Le pedimos amablemente que use un lenguaje apropiado para este tipo de discusiones. Si usted utiliza lenguaje obsceno, Todas Las Sombras se reserva el derecho de bloquear o eliminar sus comentarios.  Si quiere saber más sobre Todas Las Sombras, le invitamos a visitar nuestra sección de Contacto y nuestros perfiles en FacebookTwitter,  YoutubeGoogle+ e Instagram. Gracias por interactuar con nosotros.







martes, 22 de mayo de 2018

La Muerte del Debate


Por Francisc Lozano*

“Cuando el debate se ha perdido, la calumnia es la herramienta del perdedor”.

                                         Aristóteles


Sergio Fajardo, Gustavo Petro, Germán Vargas, Iván Duque y Humberto de la Calle, Todas las sombras, Francisc Lozano, Política, Elecciones, 2018. Imagen de HPS, La Muerte del debate.
   Sergio Fajardo, Gustavo Petro, Germán Vargas, Iván Duque y Humberto de la Calle. Imagen de HPS

A lo largo de la historia de la humanidad, los seres humanos han intentado perfeccionar los métodos para hallar conocimiento y acercarse a la verdad. Los mayores logros en ese sentido son la ciencia y el método científico. Hace poco más de dos mil años, Aristóteles fue uno de los grandes precursores de ese esfuerzo. Además de la lógica argumentativa fundamental, el heleno también estableció el silogismo y la lógica deductiva como las formas más precisas de alcanzar el ‘sophos’ o la ‘σοφία’ (sophia: sabiduría). Pero no se limitó a ello, también creó parte de la estructura de un debate y condenó abiertamente el ataque personal como método para ganar las discusiones. Con el paso del tiempo, llegarían otros pensadores que pondrían todo su esfuerzo intelectual en mejorar los métodos aristotélicos del razonamiento y/o demostrar que otros métodos eran más eficientes, precisos y eficaces.


"Las que conducen y arrastran al mundo no son las máquinas, sino las ideas".
 
                                                     Víctor Hugo

En el presente, y el pasado recientes, no obstante, hemos visto un fenómeno muy particular que se ha tomado los procesos electorales más renombrados de América y Europa: la falta de capacidad argumentativa o el ataque malicioso al contradictor y no a sus ideas o posturas (Falacia ad Hominem) reina en los encuentros entre candidatos, en la publicidad de cada campaña y, claro, en todos los debates.  

Trump ganó en USA llamando “crooked Hillary” (Hillary la deshonesta o la corrupta) a su adversaria política, pero nunca demostró por qué era corrupta o qué había de malo en sus propuestas para el futuro de USA. Boris Johnson fue uno de los grandes defensores de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). Uno de sus argumentos principales era que era necesario recuperar la soberanía y reducir los gastos del país en la organización económica más grande del mundo. Johnson nunca fue capaz de explicar cómo el país estaba perdiendo dinero teniendo acceso ilimitado al mercado más grande del mundo (UE) y gozando de los beneficios de moverse libremente y vivir libremente en el viejo continente y ni de qué era esa soberanía que tanto anhelaba recuperar. Pero no se limitó a su ignorancia, además atacó a quienes no estaban de acuerdo con él. El Plebiscito en Colombia no fue diferente, tanto los defensores del Sí como los del No dedicaron innumerables horas de su tiempo para insultar a sus opositores ideológicos, no a combatir sus ideas o conceptos con ideas mejor estructuradas. El representante del uribismo, Juan Carlos Vélez Uribe, confesó que se dedicaron a esparcir mentiras y a apelar a las emociones, no a la lógica, para lograr que ganara el No.

Las elecciones en Francia, Costa Rica y México no han estado ni estarán libres de esta trágica tendencia: en el país galo, la llegada de Marie Le Pen y su nacionalismo retrógrado (xenofobia) eran hechos tan peligrosos y latentes, que los franceses, conscienstes del peligro que ello representaba, eligieron a Macron, un presidente que está decidido a acabar los logros que en materia laboral han alcanzado los franceses (como Uribe en Colombia). Costa Rica también nos dio un gran susto: Laura Moscoa y su esposo, Fabricio Alvarado (el candidato que las encuestas daban como ganador de la Presidencia), son unos fanáticos religiosos que (vean este vídeo desde el minuto 13.No se van a arrepentir), entre otras cosas, prometieron gobernar con la Biblia en la mano y se vislumbraban como una pesadilla para todas las personas no heterosexuales y no cristianas del país centroamericano (como Ordóñez y Morales en Colombia), y evitan el debate de ideas, sólo hablan desde la fe. Afortunadamente, los costarricenses eligieron a un presidente más moderado, aparentemente. México no ha estado ajeno a esta terrible tendencia. Allá, igual que en Colombia, Ecuador y Uruguay, por mencionar unos pocos ejemplos, se usa la ragedia de Venezuela para engendrar la xenofobia hacia nuestros hermanos patriotas y para señalar a algunos candidatos como quienes "quieren convertir al país en una segunda 'Venezuela'". El disco está rayado y no existe prueba alguna de la veracidad de esas acusaciones infundadas, pero a la gente le gusta creer en cosas inexplicables e irracionales, y dudar de la 'redondez' de la Tierra y otros hechos demostrados, así somos.

Hace casi dos años escribí una columna sobre el ‘Brexit, Trump y el Plebiscito en Colombia’ y lo que parece ser un imparable crecimiento del fascismo, el nacionalismo, la ignorancia peligrosa y el racismo a nivel global. Con pocas excepciones, el mundo se debate entre los valores democráticos, el totalitarismo y la xenofobia. Hoy, en casi todos los países hay representantes de ideas radicales que sobreponen el nacionalismo, el patriotismo o incluso la eugenesia a la oportunidad de convivir con personas que vienen de otros países, de otras etnias o de otras clases sociales. En ese artículo también cité a Aristóteles, quien decía “sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”. Y no podría estar más de acuerdo con él. Ya hemos visto, incansablemente, cuánto daño hace la ignorancia.

En la actualidad, las elecciones en Colombia vuelven a estar dominadas por el ataque al opositor político. Nadie se salva. Todos los candidatos, incluso los más respetados, preparados y admirados por nosotros, han dedicado parte de su tiempo a ofender o atacar a sus rivales: de De la Calle dijeron que “era el candidato de las Farc”, en pocas ocasiones dijeron qué está mal con sus propuestas.

De Duque se dice que es un títere, que quien gobernará es Uribe, que no tiene experiencia, que no ha administrado ni una tienda y otras cosas más que, aunque parecen a toda luz ser ciertas, nada tienen que ver con sus propuestas. Pocos han dicho qué está mal con ellas.

De Fajardo se dice que es tibio, que no toma partido, pero pocos o ninguno se dedica a decir si sus propuestas en materia económica, educativa y social contribuyen o no a mejorar la situación actual de Colombia.

De Petro dicen que es “castrochavista”, que usa zapatos de marca Ferragamo, que fue guerrillero, que estuvo en la toma del Palacio de Justicia (completamente falso, por demás), que es comunista, y muchas cosas más, pero no he visto a mucha gente decir qué hay de malo en sus propuestas para Colombia.

Vargas Lleras no es la excepción: se le acusa de comprar votos, tener fichas políticas en casi todas las entidades públicas del país, de usar a alcaldes, senadores y gobernadores para conseguir votos, de ser violento e irrespetuoso, de usar la imagen de la mujer irrespetuosamente para ganar votos, de ser el jefe de la “mermelada” y la corrupción y, aunque todo eso es cierto, no hay mucha gente explicando por qué sus propuestas son inconvenientes para el país y cuáles sí son útiles.

Como pueden notar, todos los candidatos se atacan entre ellos con mayor o menor grado de alevosía, pero los demás ciudadanos no estamos lejos de ese fenómeno: entre los ataques personales más comunes en las redes sociales o en las calles, están los de “mamerto”, “paraco”, “uribestia”, “guerrillero”, “enmermelado”, "farcsantos" y muchos más. El elemento más importante de la elección no es el debate de ideas, como debería ser, si hubiéramos aprendido algo de Aristóteles, sino el ataque personal, que sólo termina demostrando la falta de capacidad al argumentar.

La realidad es triste: durante más de dos milenios, la humanidad ha tratado de perfeccionar el método del debate, la lógica argumentativa y los procedimientos para acceder al conocimiento y, en consecuencia, a la verdad. Nosotros, muy a pesar de esos esfuerzos, nos enfocamos en atacar al contrincante. Y a mi parecer, estamos asistiendo, tristemente, a la muerte del debate.




@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



¿Tiene algo que decir? ¿Una sugerencia para dar? ¿Una opinión contraria a la expuesta en este texto? Por favor comparta sus opiniones con nosotros en la sección de comentarios. Le pedimos amablemente que use un lenguaje apropiado para este tipo de discusiones. Si usted utiliza lenguaje obsceno, Todas Las Sombras se reserva el derecho de bloquear o eliminar sus comentarios.  Si quiere saber más sobre Todas Las Sombras, le invitamos a visitar nuestra sección de Contacto y nuestros perfiles en FacebookTwitter,  YoutubeGoogle+ e Instagram. Gracias por interactuar con nosotros.