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jueves, 22 de septiembre de 2016

El Testimonio de una Víctima del Conflicto

Por Francisc Lozano*


Los niños celebran la paz en Colombia. Todas Las Sombras. Fuente:http://todaslassombras.blogspot.com/2016/09/el-testimonio-de-una-victima-del.html
Los niños celebran la paz. Fuente: Telesurtv.net

El pasado jueves 8 de septiembre, en horas de la noche, tuve la oportunidad de conversar con Antonio Pérez**. Yo me sentaba en el comedor de mi casa en una noche clara de verano en México y él, al mismo tiempo, pero a 3.450 km de distancia, se disponía a sentarse frente a su computadora en una noche típica bogotana para responder a mis preguntas.

Antonio es un joven meteño (Cubarral, Meta) que desde que era muy chico se trasladó al departamento de Caldas. Allí, en Manzanares, vivió gran parte de su infancia junto a sus padres en una finca. El resto de la historia nos la contará él, a continuación:



Francisc Lozano: ¡Antonio, por favor cuéntenos parte de su historia!


Antonio Pérez: Yo nací en Cubarral, Meta. Tengo 28 años. Cuando era muy pequeño nos trasladamos a Manzanares para buscar mejores oportunidades económicas para nuestra familia. En Manzanares estudié y después me trasladé a Bogotá desde hace 7 años. Soy administrador de empresas y trabajo para una organización con varios ingenieros eléctricos y electrónicos, pero yo me dedico a la parte comercial, principalmente. Además de eso, tengo una niña.

Francisc Lozano: ¿Por qué se vinieron del Meta?

Antonio Pérez: Allá trabajábamos en una finca ganadera, pero la situación económica de nuestra familia no era muy buena. Mi mamá es de Manzanares, y mi papá ya había vivido en ese lugar, así que decidimos irnos para ese municipio caldense.

F L: ¿Qué edad tenía cuando llegaron a Manzanares, Caldas?

A P: Tres años.

F L: ¿Qué es lo que más recuerda de su infancia?

A P: Mi familia nunca ha tenido una posición económica ostentosa. Yo recuerdo que para llegar a la escuela teníamos que caminar una hora, entonces pasábamos por los caminos rurales, veíamos las casas en las que se cocinaba con leña, el olor del campo. Eso es lo que más recuerdo, el olor a tinto, a leña y las arepas. Yo no recuerdo mi infancia como algo trágico, sino como la experiencia de haber crecido en el campo.

F L: ¿Cuál era la situación de orden público en Manzanares?

A P: Después de los 12 años yo ya no vivía en Los Planes, sino en Llanadas (Manzanares). Ese lugar es un corredor estratégico que se disputaban la guerrilla y los paramilitares. Así que, si uno se quería trasladar a otro lugar, uno tenía que pedir permiso. En las noches uno no podía andar sin linterna, porque corría el riesgo de que lo mataran. La advertencia de la guerrilla y de los paramilitares era: “si no andan con linterna, no respondemos porque no sabemos quiénes sean” … La situación era muy complicada. Muchos de mis compañeros de salón se unieron a los paramilitares y a la guerrilla porque eran los únicos que les ofrecían una opción diferente al desempleo.

F L: ¿A quién se le pedía permiso para poderse desplazar de un lugar a otro?

A P: Uno tenía que pedir permiso para poder desplazarse de un lugar a otro y decir a dónde iba y cuánto tiempo se iba a quedar. El permiso se le pedía a la guerrilla (Las Farc) o a los paramilitares.

F L: ¿Había presencia del ejército en esa localidad?

A P: Sí, pero a veces era peor que llegaran porque se corría el riesgo de que se iniciaran combates y la población quedara en medio. Así que eso aumentaba la posibilidad de que hubieran enfrentamientos. 

La policía se dedicaba a mediar los conflictos entre la gente del común solamente.



F L: ¿Realizó el Ejército algún tipo de delitos contra la población?

No que yo sepa. Yo nunca escuché al respecto. No hubo delitos, pero algunas niñas sí quedaron embarazadas y probablemente los padres nunca respondieron por los niños. Esas niñas generalmente tenían 14 o 15 años, entonces eso es pobreza sobre la pobreza…

F L: ¿Conoció usted a miembros de las guerrillas y los paramilitares?

A P: Sí, como le decía antes, algunos de mis amigos terminaron siendo guerrilleros, otros paramilitares y algunos más policías o soldados. Yo recuerdo a uno que fue paramilitar y está en la cárcel, pero no sé por qué. De los otros no sé mucho. A veces converso con los que están en La Policía.  Dos personas más trabajaban como informantes para los grupos ilegales, y a uno de ellos lo mató la guerrilla porque él trabajaba para los paramilitares. Las Farc llegaron hasta donde se encontraba cogiendo café y allá lo asesinaron. Ese día nosotros escuchamos los tiros y sólo dijimos: “¿A quién matarían?”, y no porque uno quisiera que mataran a alguien, sino que era tan común que se perdió la sensibilidad de la gente. Colombia se volvió insensible por tantas muertes que hemos visto. Ese día nos estábamos tomando un chocolate con pan y nos encontramos en la calle a su mamá llorando porque le habían asesinado a su hijo. Los paramilitares pasaron de evitar que la gente robara a ser sicarios y a asesinar personas porque no los querían. Muchos eran inocentes, pero a ellos no les importó.

F L: ¿Alguien de su familia o su grupo de amigos sufrió por causa del conflicto armado?

A P: Cuando yo estaba en el colegio, estaba en 10º, al lado del colegio había una construcción de un amigo, Ómar Santa se llamaba… Él sacaba arena del río y estaba construyendo una casa muy bonita al lado del colegio. El caso es que él estaba en la terraza de la casa, yo estaba en clase de religión y había salido a la puerta a hacer desorden o a ver quién pasaba. Yo vi que llegó una moto, una DT, y Omar empezó a bajar unas escaleras de guadua. El señor de la moto se bajó, sacó un revólver y le pegó dos tiros a Ómar Santa. Ómar Santa cayó al suelo; yo me entré; todo el mundo entró en pánico porque la casa de él quedaba a 5 metros del colegio. Todos nos agachamos, y después empezamos a mirar por un hoyo que tenía la puerta del salón. Resulta que el señor recogió a Ómar Santa, se lo montó al hombro y se fue caminando hacia la casa de Ómar, donde vivía con su esposa, la mamá y su hijo de un año. Lo tiró como a media cuadra de su otra casa y ahí lo remató. Le pegó otros tres tiros… Fue impactante porque era un amigo de toda la vida, y no sólo eso, lo peor fue escuchar a la mamá y a la esposa cómo lloraban por la pérdida de Ómar. De ese calibre era la situación en Manzanares…

F L: ¿Quiénes fueron los precursores de la violencia en Manzanares?

A P: La violencia empezó con los conservadores y los liberales en los años 50. Entre Manzanares y Marquetalia hubo una masacre horrible en 1969. Yo no recuerdo en este momento el número exacto de personas, pero creo que fue algo así como 39 personas. Interceptaron un bus e iban llamando a las personas y decían: “esta persona es de tal grupo político, ¡mátenla!”; “esta otra es de tal grupo, ¡mátenla!”; “esta es del otro grupo, ¡déjenla viva!...

Después llegaron los paramilitares para mantener la seguridad (evitar robos y proteger a los campesinos). A ellos les siguieron las guerrillas, que también querían parte de ese territorio estratégico; e intentaron llegar Las Águilas Negras y Los Rastrojos, pero no lograron consolidarse. La guerra se ha sufrido desde la era de la violencia de los partidos políticos hasta que nos adentramos en la actualidad.

F L: ¿Por qué se fue de Manzanares?

A P: Esa es otra historia triste. Yo trabajaba en el 2001 con un programa que se llamaba “Clubes Juveniles”. Terminé siendo el líder del grupo. Cuando terminé el colegio, trabajé con el ICBF y con Unicef, la GIZ y el Programa Presidencial Colombia Joven en un proyecto de paz. Me convertí en el asesor regional del proyecto. Nosotros trabajábamos con jóvenes y a los paramilitares y la guerrilla no les convenía que nosotros mostráramos una opción diferente a los muchachos. Un día recibí una llamada en la que me dijeron “oiga, Antonio, lo que pasa es que el trabajo que usted está haciendo no nos gusta y entonces le damos dos opciones: o deja de trabajar o se va del pueblo.” Yo pensé que era alguien haciéndome una broma, entonces le colgué y listo. Unos días después yo estaba trabajando con unos compañeros del proyecto, y salimos a hacer un trámite. Cuando volvimos, la casa estaba revolcada, y me llamaron y me dijeron: “oiga, hermano, usted sí es muy de buenas. Fuimos por usted y no lo encontramos, pero le dejamos un regalito”. En ese momento yo me di cuenta que el tema era en serio. Un tiempo después yo estaba en La Dorada, y me volvieron a llamar. Esta vez me expresaron lo siguiente: “Usted no ha querido hacer caso. Sabemos que está en La Dorada en esta parte, y vamos a ir por usted.” Yo me quedé pálido y la persona que estaba a mi lado me preguntó que pasaba. Yo le conté y me dijo, “¡nos vamos ya!”. Entonces se subió a la camioneta y me llevó hasta Manzanares con un par de escoltas. Yo le dije que me iba a ir. Empaqué y el día siguiente tomé un bus hacia Bogotá, y esa es la razón por la cual vivo hace 7 años en esta ciudad. Por un atentado y una amenaza.

F L: ¿Sabe algo del Acuerdo entre el Gobierno y Las Farc?

A P: Yo creo que hay muchas versiones encontradas. Sin embargo, para mí el tema del Acuerdo de Paz es algo necesario, y es algo que Colombia debió haber hecho hace mucho tiempo. Ruanda, Afganistán, muchos países han hecho procesos como estos porque ven que la guerra no le trae nada bueno al país, no le trae nada bueno al territorio. Porque finalmente andar agarrados unos con otros y andar matándose unos a otros es un tema que no tiene razón de ser; es algo que no tendría que ser así. Además, quien queda en la mitad del conflicto no son los paramilitares ni la guerrilla, sino la población civil. No digo que ellos no sufran, no. Alguien me decía “es que hay que matar la guerrilla; hay que matar a los paramilitares”. ¿Cómo es posible? O sea, una muerte pesa del lado de allá y de acá. Es una muerte, al fin y al cabo. Algo que no tiene sentido.

F L: ¿Qué opina de ese acuerdo?

A P:  Para mí el acuerdo de paz en este momento es lo mejor que le puede pasar a Colombia, y yo sueño con el acuerdo de paz. Yo estuve en medio del conflicto armado; yo viví en carne propia la barbarie, el tema de la sangre derramada de personas inocentes; como desalojaban a las personas y éstas tenían que dejar las tierras. Me parece que, aunque no estoy de acuerdo totalmente con las 297 páginas que tiene el Acuerdo de Paz y los micos que pueda tener, yo creo que hay que tratar de perdonar, y sobre todo pensar en que no es para mí, es para mi hija que tiene 11 años y que le queda una vida por vivir, y que yo no quiero que viva lo que yo ya viví. Para mí el Acuerdo de Paz tiene que hacerse. Es algo por lo cual Colombia se la debe jugar y a lo que le debe apostar. “Yo prefiero una paz a medias que una guerra completa”, como dicen por ahí y en eso estoy completamente de acuerdo.

F L: ¿Cómo va a votar en plebiscito y por qué?

A P: Voy a votar sí. Si pudiera votar 10 o 20 veces, 10 o 20 veces votaría sí.

F L: ¿Por qué una víctima del conflicto decide perdonar a quienes le hicieron tanto daño?

A P: Porque a mí ya me pasó. Yo ya lo viví y sé lo que es tener que andar de un lado para otro con una linterna después de las 6 de la tarde y pedir permiso para moverse de un lado a otro porque si no lo van a matar. Tener que pagar vacuna; tener que ver a amigos y familiares enterrados porque están en medio de una guerra. Yo ya lo viví, y yo no quiero que mis hijos y mis nietos vivan lo mismo que yo viví. Yo prefiero perdonar a quien lo hizo y decir: “Ya lo hizo, ya pasó…” Yo prefiero perdonar para que eso no siga sucediendo. No hay que pensar en el inmediatismo. Pensemos en los niños que vienen ahí creciendo. Porque el futuro es para ellos y yo quiero dejarles algo mejor de lo que yo tuve. Por eso prefiero perdonar y seguir adelante.

F L: ¿Qué mensaje le quiere dar a los colombianos ahora que se acerca el Plebiscito?

A P: Son respetables las posiciones del SÍ y del NO. Cada quien tiene su posición frente al tema y si la gente considera que debe votar no, yo no tengo problema con eso. Sin embargo, el mensaje que yo les dejo es “no piensen en lo que han vivido, no piensen en el odio. Piensen en el país que van a dejar para sus hijos. La vida no se acaba ahora, la vida no se acaba cuando uno muere. La vida continúa. Uno deja de existir, pero la vida continúa y hay que dejar algo mejor de lo que yo encontré. Y hay que perdonar. A veces uno se carga de odio, y eso lo paga uno todos los días, y está pesado porque no ha perdonado. Y la vida sigue. El Sol no se ha puesto por última vez. Piensen muy bien si los hijos merecen el sí o el no. Porque no sólo me va a afectar a mí, los va a afectar a ellos.”  





@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano


**Antonio Pérez no es el nombre real del entrevistado. Antonio Pérez es un seudónimo utilizado en esta entrevista con el fin de proteger la identidad y mantener la seguridad de la víctima.