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lunes, 29 de abril de 2019

El regreso del terror


 

Por Francisc Lozano*


¡¿Cómo era posible que el Ejército, una de las instituciones más queridas por los colombianos, se dedicara a secuestrar con engaños a civiles indefensos para asesinarlos a sangre fría y hacerlos pasar por miembros de la guerrilla y otros grupos irregulares, para recibir compensaciones económicas y vacacionales?! 

 


Colombia 
                                   Algunas madres de Soacha exponen las fotografías de sus hijos asesinados por el Ejército. Fuente: elpais.com
Los años 2007 y 2008 fueron horrorosos para la historia de Colombia. A la crisis económica internacional -que afortunadamente no fue tan violenta con el país como lo fue con Grecia, España y Portugal, por mencionar algunos- se le sumó una denuncia de un hábito horrendo que a la postre sería una de las manchas más oscuras que haya tenido este territorio.  Durante esos años  confirmamos que las ejecuciones extrajudiciales no sólo existían, sino que eran una práctica sistemática de algunas unidades del Ejército Nacional. Era el segundo período de Uribe a cargo del Gobierno, y Camilo Ospina y Juan Manuel Santos habían estado a cargo del Ministerio de Defensa por aquellas épocas.


Con esa revelación, Colombia y el mundo temblaron:  ¡¿Cómo era posible que el Ejército, una de las instituciones más queridas por los colombianos, se dedicara a secuestrar con engaños a civiles indefensos para asesinarlos a sangre fría y hacerlos pasar por miembros de la guerrilla y otros grupos irregulares, para recibir compensaciones económicas y vacacionales?! 


A esos horripilantes crímenes se les denomina popularmente ‘falsos positivos’, pero, como repetía incansablemente Mariela Márquez, “ni son falsos, ni son positivos”. Con las denuncias de esos hechos, algunas capturas y condenas de militares y el ojo de la prensa y la comunidad internacional puesto en el tema, parecía que se trataba de un hecho horrendo pero superado. 


No obstante, los noticieros del fin de semana demostraron que no es así. Con el asesinato de Dimar Torres a manos de uno o varios miembros del Ejército, la presunta participación de miembros de las fuerzas militares y de policía en los asesinatos de líderes sociales y de algunos reinsertados de las antiguas Farc, y la visible intención de encubrir el asesinato del exmilitante de la guerrilla por parte del ministro de Defensa, Guillermo Botero, uno no puede dejar de preguntarse si los días más horribles están de regreso.


Diría que me sorprende lo que está ocurriendo en Colombia, pero la verdad es que ya habíamos advertido que era muy probable que cosas como estas ocurrieran nuevamente. Al fin y al cabo, desde la retórica que usó el Centro Democrático para ganar las elecciones, uno ya podía prever qué tipo de gobierno nos iban a dar, y las peores previsiones se están haciendo realidad.

¿Se vendrá una 'Seguridad Democratica' 2.0?

@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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sábado, 1 de diciembre de 2018

El Policía Bueno y el Policía Malo

Por Francisc Lozano*



La escena la hemos visto en innumerables ocasiones: en la sala de interrogatorios, sentado en una silla y frente a una mesa, está el sospechoso o testigo de algún crimen. Instantes después llegan dos policías. Uno es violento, ofensivo y no se apega a la ley. El otro es amable, comprensivo y se ofrece para servir como confidente y defensor del testigo o sospechoso, incluso si eso significa enfrentarse a su compañero. 

En la realidad política, económica y social de Colombia -que es el sospechoso/testigo-, el policía bueno se llama Alvaro Uribe, un político que ha logrado pasar por los cargos más representativos del sector público sin que su imagen favorable haya sufrido mayores percances. El policía malo es, paradójicamente, su pupilo y actual presidente, Iván Duque.



Algunos no considerarán que lo anterior sea una posibilidad real, pero si nos apegamos a los hechos, hallaremos un patrón fácilmente reconocible de lo que he planteado.

El primer gran movimiento del actual gobierno fue enviar al ministro Carrasquilla a hacer las declaraciones respecto a gravar toda la canasta familiar que el gobierno necesitaba para tantear las aguas. Cuando la opinión pública manifestó su inconformismo con esas propuestas, el ministro dijo que el gobierno no tenía influencia en sus propuestas, y que a él se le habían ocurrido dichas ideas. Tras un tiempo, el mismo gobierno hizo las mismas propuestas y las llevó al Congreso para que se convirtieran en una reforma tributaria de medio pelo, como casi todas las reformas que se hacen aquí. Pero como a los colombianos nos gustan los eufemismos, Duque decidió llamarla "ley de financiación", porque tal vez así la gente no se percataría de lo que realmente es. Pero las cosas no salieron tan bien como Duque las planeó, y los medios y varios congresistas se opusieron a su nefasta reforma, incluso él mismo se había opuesto a ese tipo de reformas, pero en ese momento fungía como senador y el presidente era Santos. 

Mas cuando las decisiones de Duque, algunas informaciones que han salido a la luz pública y el desgaste típico que produce el paso del tiempo empezaron a tener un efecto negativo sobre la imagen de Uribe, el expresidente empezó a actuar como 'el policía bueno'. A todas las declaraciones de Duque que crean insatisfacción en una gran porción del pueblo colombiano, Uribe responde con una medida o propuesta que genera una tranquilidad pasajera. Cuando Duque propuso, cual policía malo, disminuirle los impuestos a las empresas y aumentárselos a los ciudadanos menos favorecidos, apareció 'el policía bueno' y ofreció 'un aumento extraordinario y por una sola vez del salario mínimo'; después vino el IVA para toda la canasta familiar del 'policía malo', pero contraatacó 'el policía bueno' y dijo oponerse al gravado de la totalidad de la canasta familiar; el penúltimo episodio de esta serie sin igual de ataques del 'policía malo' y 'el policía bueno' fue un video de Uribe en el que decía textualmente: "Pero necesitamos que Duque enderece, porque si Duque no endereza, nos va muy mal.

Recientemente escuché a Gilberto Tobón analizando los primeros 100 días de gobierno de Duque, 'el policía malo', y tengo que decir que concuerdo completamente con su visión. Es por eso que dije que la crítica de Uribe al accionar de Duque es el penúltimo paso de la danza del 'policía bueno' y 'el policía malo', porque 'el policía bueno' es excesivamente narcisista y no permitirá que su imagen se manche, no importa si para lograr su cometido tiene que sacrificar al 'policía malo'. A Uribe no le importa inmolar a su pupilo. Al final, si para asegurarse el poder en el futuro necesita decir que Duque es un traidor, lo hará. Ya lo hizo con Santos, sus exjefes de seguridad, sus exministros y demás funcionarios que han caído en desgracia. Al fin y al cabo, lo único que le importa a Uribe es que su imagen sea como nuestra gloria: 'inmarcesible'.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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viernes, 5 de enero de 2018

Sólo en Colombia

Por Francisc Lozano*

                                                        Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo.

                                                                                                                  Albert Einstein

Hace más o menos un año se discutía vehementemente una reforma tributaria que –según Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda y proponente de la misma- debía asegurar una muy buena calificación que significaría mayor inversión extranjera en el país, mayor estabilidad económica de los hogares, una reducción significativa del déficit fiscal y un mayor crecimiento de nuestra economía. 


Bandera de Colombia. Imagen de Nell Haynes. Fuente: flickr

Se acabó el 2017 y, aunque pueda parecer un esfuerzo inútil porque los colombianos tenemos memoria de teflón y seguiremos eligiendo a los mismos corruptos de siempre o a otros peores, quiero hacer un intento por recordar algunos hechos que si no nos extrañan por su naturaleza –que es asquerosa per se-, deberían causarnos repudio porque ocurren todos en este pequeño pedazo del Universo llamado Colombia. 

Hace más o menos un año se discutía vehementemente una reforma tributaria que –según Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda y proponente de la misma- debía asegurar una muy buena calificación que significaría mayor inversión extranjera en el país, mayor estabilidad económica de los hogares, una reducción significativa del déficit fiscal y un mayor crecimiento de nuestra economía. 


Eso decía Cárdenas. La realidad, no obstante, demostró que no sólo Cárdenas estaba equivocado, sino que su manejo de la economía nacional en conjunción con el Banco de la República ha sido un verdadero fiasco (la devaluación del peso es insostenible, el déficit fiscal aumenta, la inflación –aunque pequeña- ahoga a las clases económicas más vulnerables, y nuestra dependencia de la exportación de hidrocarburos es, sencillamente, un llamado a la desgracia). 

Respecto a la reforma, ésta no sólo no cumplió con las pretensiones del Gobierno, las instituciones multilaterales (FMI, BID, BM) y las calificadoras internacionales, sino que agravó la situación económica de millones de colombianos de la clase media y los estratos más vulnerables del país.  Así resumió Standard & Poor’s el desastroso desempeño de la economía nacional: La combinación de un crecimiento más débil de lo esperado en 2017 y la dependencia parcial de ingresos extraordinarios para compensar el bajo desempeño de la reforma impositiva de 2016 demuestran la dificultad de reducir gradualmente el déficit  general del Gobierno para cumplir con la regla fiscal de Colombia. 

Es decir, que la reforma no sólo no sirvió para eliminar el déficit fiscal que la mala gerencia de Cárdenas, Óscar Zuluaga y Santos ha causado, sino que la empeoró porque obligó a los hogares a gastar menos (el Iva aumentó al 19%) ya que todos los precios subieron de manera generalizada.  Sólo en Colombia hacemos una reforma tributaria para mantener una calificación y no sólo no la mantenemos, sino que la empeoramos.

Sólo en Colombia, el ministro de Defensa declara que parte del genocidio que están viviendo los líderes sociales y defensores de derechos humanos por parte del paramilitarismo obedece a problemas amorosos o, como él lo dijo: “líos de faldas”. Sólo en Colombia el Gobierno no llama a esos criminales paramilitares para no tener que cumplir con su responsabilidad de no sólo proteger a los ciudadanos, sino de indemnizarlos por ser incapaz de protegerlos.

Sólo en Colombia, el “Congreso de la paz” se hizo elegir para implementar el Acuerdo La Habana (y el del Teatro Colón), y una vez elegido, le dio la espalda a las víctimas y a la paz no aprobando las Circunscripciones Especiales de Paz. Sólo en Colombia, el “Congreso de la paz” legisla de espaldas a las víctimas.

Sólo en Colombia, el expresidente que eliminó las horas extraordinarias y gran parte de la seguridad laboral de los ciudadanos sería tan cínico como para proponerle al país votar por su partido para crear “más empleo y mejores salarios”. Pero lo peor es que, sólo en Colombia alguien sería capaz de creerle.

Sólo en Colombia, una guerrilla que renuncia a la violencia, se enoja porque le preguntan por los crímenes que ha cometido en el pasado. Sí, le hablo a usted, Santrich.

Sólo en Colombia, el Fiscal General de la Nación está involucrado con el escándalo de Odebrecht, y es él mismo quien investiga su participación y la de sus amigos en el hecho. Pero no sólo eso, sólo en Colombia, El Tiempo denomina a un fiscal supremamente corrupto como el Personaje del Año. Y hay más, sólo en Colombia, El Tiempo (propiedad de Sarmiento Angulo) denomina a Néstor Humberto Martínez el Personaje del Año, y no le dice a sus lectores que Martínez Neira ha sido abogado de Sarmiento Angulo y sus compañías.

Sólo en Colombia, Néstor H. Martínez nombra como Fiscal Anticorrupción a Gustavo Moreno, un fiscal que no sólo subió hasta los niveles más altos de la justicia de manera súbita, sino que terminó siendo tan corrupto como el que más. Y sólo en Colombia, todo el mundo se pone de acuerdo para no extraditarlo y que oculte todo lo que sabe sobre corrupción en la justicia.

Sólo en Colombia, Alejandro Ordóñez, cuya reelección fue anulada por corrupción, se atreve a enarbolar las banderas anticorrupción.

Sólo en Colombia, Álvaro Uribe se atrevería a pedir seguridad para su amiga (Martha Lucía Ramírez y claro que merece ser protegida, como todos los demás ciudadanos) porque se encontraba en riesgo, según él, pero cuando el alcalde de El Roble le pidió a él que lo protegiera de quien lo iba a asesinar, Uribe hizo oídos sordos a esa petición. Pero el tema no acabó allí, Uribe nombró a Arana (el asesino del alcalde) Embajador para que la justicia no lo juzgara. Sólo en Colombia, un personaje podría hacer eso, y aún sería “el mejor presidente que ha tenido Colombia, duélale a quien le duela”.

Sólo en Colombia, los presidentes pueden usar frases como “fue a mis espaldas” y “me acabo de enterar” cuando se descubre que a sus campañas ha entrado financiación ilegal. Sólo en Colombia, el presidente y su rival en segunda vuelta han sido financiados por una multinacional y, después de demostrado el hecho, siguen campantes como si nada hubiese ocurrido. Y sólo en Colombia, el CNE y la “Comisión de Acusaciones” del Congreso (absolvieron y absolverán a Zuluaga y Santos, a pesar de ser culpables y sus delitos estar demostrados).

Sólo en Colombia, un presidente puede cambiar la Constitución de manera ilegal para hacerse reelegir, y todos los participantes del delito terminan en la cárcel, menos el mayor beneficiado del mismo.

Sólo en Colombia, le llamamos doctor a un tipo que ni es médico, ni tiene doctorado. Pero no sólo no tiene los títulos, si no que los ha falsificado y sigue muerto de la risa como alcalde de Bogotá.

Sólo en Colombia, un señor sin educación profesional es el representante legal de la firma encargada de avalar el título de “doctorado” del Contralor de Antioquia. Sólo en Colombia, el Contralor saldría con la excusa de “mi letra es muy fea, y por eso yo no llené el formulario para postularme al cargo. Un allegado llenó el documento, y se confundió: escribió doctorado en vez de diplomado”. Sólo en Colombia, Sergio Zuluaga, el Contralor de marras, sí está siendo investigado, pero a Peñalosa ni le han obligado a declarar.

Sólo en Colombia, un comercial, que intenta salvar miles de vidas reduciendo el consumo de azúcar, bebidas carbonatadas y jugos sintéticos para evitar la diabetes, se queda fuera del aire por orden de la Superintendencia de Industria y Comercio, porque “no hay evidencia científica para argumentar lo expuesto”, pero Coca Cola, Pepsi, Postobón y todas las bebidas carbonatadas sí pueden pautar sin restricciones y nunca tienen que explicar cómo le dan “felicidad” a sus consumidores, ni qué hacen para evitar que padezcan obesidad y diabetes.

Sólo en Colombia, se le exigen mejores resultados a la Selección Nacional que a los empleados públicos.

Sólo en Colombia, un expresidente como Andrés Pastrana se atrevería a criticar a Santos por firmar la paz que él y Álvaro Uribe tanto querían firmar. Sólo en Colombia, el mismo Pastrana se atrevería a aliarse con Uribe, a quien varias veces vinculó con el paramilitarismo, sólo para sabotear los logros de uno de sus sucesores. Sólo en Colombia, la opinión de Pastrana podría tener algún valor para los ciudadanos.

Sólo en Colombia, Vargas Lleras, Cambio Radical, algunos miembros del Partido de la U y el Partido Conservador serían tan cínicos para gobernar durante 8 años con Santos, y gastarse todos los fondos que éste les hizo llegar, y unos meses antes de terminar su gobierno, se irían en su contra y dirían que nunca estuvieron de acuerdo con varias de sus actuaciones. Sólo en Colombia, Vargas Lleras, el encargado de la infraestructura en Colombia por más de 4 años, es el único que no ha tenido que salir a explicar la inclemente corrupción que galopa en las obras que él mismo supervisó (La Ruta del Sol).

Sólo en Colombia, el exvicepresidente Vargas Lleras puede ir repartiendo coscorrones a diestra y siniestra, sin que haya por lo menos una acusación por lesiones personales. Sólo en Colombia, el mismo tipo podría ir por ahí llamando “gamín” a quien no esté de acuerdo con él y le pide explicaciones por su actuar.  Sólo en Colombia, el jefe natural de Cambio Radical renunciaría a obtener el aval de su partido para presentarse a la Presidencia por firmas. Sólo en Colombia, el mismo señor no mencionaría que su partido político está tan manchado de sangre y corrupción (Kiko Gómez, Oneida Pinto, etc, etc.) que prefirió presentarse por firmas para que los ciudadanos no le asociaran con su partido.

Sólo en Colombia, el vicepresidente se pasa más de 4 años haciendo campaña y entregando casas con los recursos de los colombianos, y después utiliza esas acciones como plataforma política para llegar a la Presidencia.

Hay un sinfín de hechos que sólo ocurren en Colombia, pero el peor de todos es que usted y yo sabemos todo lo anterior y, a pesar de ello, seguimos votando por los mismos. Sólo en Colombia, los mismos que nos han llevado hasta el atolladero en el que estamos, nos dicen que los tenemos que volver a elegirlos porque son ellos los únicos capaces de sacarnos del problema. Sólo en Colombia, usted y yo les creemos.





@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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domingo, 3 de diciembre de 2017

Congreso S.A.

Por Francisc Lozano*



Por los yerros cometidos por Santos, quien decidió manejar su relación con el poder Legislativo a través dádivas y dineros para incentivar la corrupción, y la falta de compromiso de muchos congresistas con el futuro del país y con los ciudadanos que los llevaron al Parlamento, este es un Congreso S.A., o lo que es lo mismo: una máquina de hacer dinero para sus financiadores y olvidarse de su función principal: hacer de Colombia un país mejor para todos.



Senado de la República de Colombia. Imagen de: Globalrights.info, Todas Las Sombras, Congreso S.A.
Senado de la República de Colombia. Imagen de: Globalrights.info

Hasta antes del primer Gobierno de Santos, a la posibilidad que tenía un congresista de solicitarle al Ejecutivo una partida presupuestal para ser invertida en la circunscripción que representa, se le llamaba “auxilio parlamentario”.  Los auxilios parlamentarios no son nuevos. Según lo relata Alfonso Palacio, “En la Constitución del 86, a pesar de todo, el Congreso tenía la iniciativa para poner cualquier clase de leyes [incluyendo las relacionadas con gastos, inversiones y obras públicas]”, pero en 1968 se prohibió rotundamente. Con la Constitución del 91, esa capacidad revivió, y con la ascensión de Santos al poder, empezó a llamársele, de manera coloquial, “mermelada”.



Los auxilios parlamentarios tienen, en principio, un propósito loable: Permitirle al congresista la participación en los planes de inversión económica y social que la rama ejecutiva tiene para cada departamento. Y como -se supone- el congresista representa a los habitantes de una región, el Gobierno le está dando participación a los ciudadanos en las decisiones que toma sobre en qué invertir. Y digo que es loable en principio, porque muy pocos congresistas representan realmente a los ciudadanos y gran parte de los planes de inversión terminan sirviendo intereses particulares en las regiones. Muchos parlamentarios están en el Congreso para aprobar leyes que le permitan a sus familiares y/o financiadores de sus campañas hacer dinero con los recursos públicos. 



Y es precisamente en esos casos en los que los auxilios se convierten en la manera más eficaz que tienen los corruptos para desangran el erario, y en consecuencia a la Nación. Cuando a un parlamentario se le aprueba la financiación de un proyecto de infraestructura en su departamento por $100.000.000.000, por ejemplo, él (o ella) le dará la orden al alcalde o gobernador de contratar con la firma constructora que le financió la campaña. Esta constructora se encargará de inflar los costos de construcción hasta que se asegure de obtener entre sus ganancias por lo menos 2 o 3 veces el dinero invertido en la campaña del congresista. Así es como los proyectos terminan valiendo dos veces más de lo que en teoría costaban, construidos con materiales inadecuados y muchas veces no se culminan. Decir que todos los congresistas hacen lo mismo sería una irresponsabilidad de mi parte porque sé que hay gente en el Parlamento que sólo intenta ayudar a mejorar el país, pero lo anterior es más o menos un recuento de cómo funcionan los auxilios, la financiación de las campañas y la ejecución de obras civiles a través del país.


En las últimas semanas hemos visto a un Congreso más ineficiente que de costumbre, a pesar la vital importancia que los proyectos de ley que cursan en esta institución tienen para el futuro del país. Se han estado discutiendo la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), las Circunscripciones  Especiales de Paz y la Reforma Política, entre otros. Y la importancia de los tres anteriores está en que el primero permite crear una institución transitoria para que juzgue a los miembros de los grupos armados inmersos en el conflicto colombiano y le permita a quienes no hayan cometido actos de lesa humanidad hacer política. El segundo es, en resumen, la posibilidad de que las personas que más han sufrido en este conflicto puedan tener representantes en el Congreso para que legislen por ellos. Su aprobación o no está en el limbo porque sólo 50 senadores dieron su voto de aprobación. Y el tercero permite que los movimientos y partidos políticos pequeños presenten listas conjuntas para aspirar a los escaños de todas las instituciones públicas del país que, de otra forma, terminan principalmente en manos de los partidos políticos con maquinaria (La U, CR, CD, Conservador, Liberal), poder y dinero para comprarlos.  


Ninguna de esas tres iniciativas representa ganancia para los congresistas que se oponen porque no hay transferencias económicas de por medio, ni pueden amasar más poder del que ya tienen a través de ellas. Por eso han decidido trabajar a media máquina; retirarse del recinto (Centro Democrático), a pesar de haber acabado con el espíritu de la ley (darle voz a los olvidados por todos); votar en contra, aunque durante 7 años han vivido del Gobierno para hacer sus campañas (Cambio Radical, Liberal, La U, Conservador); y obligar al Gobierno a hundir la reforma porque ella les quitaría la posibilidad de acumular todo el poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial a nivel nacional. Pero no sólo eso, muchos de los congresistas están esperando a que Santos les apruebe nuevas partidas (auxilios, mermelada o como las quieran llamar), para poder darle los votos que el proceso de negociación entre el Gobierno y las Farc requiere para poder ser una realidad. 



Congreso de la República de Colombia. Imagen tomada de: Wikimedia.org, Congreso S.A., Todas Las SombrasCongreso de la República de Colombia. Imagen tomada de: Wikimedia.org

Por los yerros cometidos por Santos quien decidió manejar su relación con el poder Legislativo a través dádivas y dineros para incentivar la corrupción, y la falta de compromiso de muchos congresistas con el futuro del país y con los ciudadanos que los llevaron al Parlamento, este es un Congreso S.A., o lo que es lo mismo: una máquina de hacer dinero para sus financiadores y olvidarse de su función principal: hacer de Colombia un país mejor para todos.


Ñapa: Si usted quiere hacer patria y construir Nación, le invito a leer este artículo en el que le contarán quiénes son los congresistas que se oponen a que el país abrace una paz de verdad y transforme las instituciones corruptas que tienen las riendas del presente y el futuro de Colombia. Cuando lea el nombre del parlamentario por el que usted votó o dejó de votar hace 3 años, recuérdelo bien para que le dé el castigo que se merece por no hacer respetar su mandato. Cuando vaya a votar el próximo año, elija a alguien que sí sea decente y se preocupe por su bien y el de sus hijos. Por favor no lleve más parásitos al Congreso. Le adelanto unos nombres: Álvaro Uribe y toda su secta, Viviane Morales, Hernán Andrade, Juan M. Corzo (sí, el mismo al que “no le alcanza su sueldo para echarle gasolina a sus carros”), Sofía Gaviria, Carlos F. Galán y Cambio Radical, Álvaro Ashton, etc. No se olvide de revisar la lista.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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jueves, 9 de noviembre de 2017

Una justicia trágica

Por Francisc Lozano*


Me duele decirlo, pero se sabía que el Consejo Nacional Electoral (CNE) iba a salir con “un chorro de babas”. Y no hay razón lógica para ello, pero infortunadamente sabíamos que la “investigación” no era más que un simulacro en el que participarían el CNE y las campañas de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga a la Presidencia.


Juan Manuel Santos, Presidente de Colombia, y Néstor Humberto Martínez, Fiscal General de la Nación. Fuente: La Libertad


Después de 8 meses de “indagación”, el CNE no sólo fue incapaz de probar lo que ya estaba probado, -que Santos y Zuluaga financiaron sus campañas con dineros de Odebrecht, como lo declaró Eleuberto Martorelli-, sino que ahora parece que la justicia le salió a deber a Óscar Iván Zuluaga y el Centro Democrático por investigar unas actuaciones que son, a todas luces, ilícitas. 

Álvaro Uribe, David Zuluaga y Óscar Iván Zuluaga. Los dos últimos fueron "investigados" por el CNE gracias al ingreso de dinero de extranjeros a su campaña a a Presidencia. Imagen tomada de 1.bp.blogspot.com

El cuento es el siguiente: en el año 2010, Santos se vio beneficiado por dineros de la multinancional brasileña Odebrecht para hacer su campaña a la Presidencia. En el año 2014, nuevamente Odebrecht financió parte de la campaña de Santos, y al mismo tiempo la de Zuluaga. Es decir que jugó a dos bandas para asegurarse contar con el apoyo del presidente de Colombia desde el 2014 hasta el 2018. 

La empresa brasileña no hizo algo diferente a lo que hacen los grades empresarios de un país: se aseguran de financiar las campañas políticas de las personas más opcionadas para llegar al cargo público para que, una vez estén ejerciendo el cargo, les devuelvan los favores con grandes contratos o haciendo leyes que les benefician de manera diferencial.  

Hasta ahí, todo está dentro de lo común en la política. No es la forma en la que deberían ocurrir las cosas, pero así ocurren. El problema con el actuar de Santos, Zuluaga y Odebrecht es que la Constitución establece explícitamente en el artículo 109 lo siguiente: “Es prohibido a los Partidos y Movimientos Políticos y a grupos significativos de ciudadanos, recibir financiación para campañas electorales, de personas naturales o jurídicas extranjeras. Ningún tipo de financiación privada podrá tener fines antidemocráticos o atentatorios del orden público.”   La Constitución no determina cuál es el castigo para ese actuar, pero uno supondría que por lo menos debería ser el retiro inmediato del cargo que desempeñe el ciudadano hallado culpable.

En este caso, los dineros que usó Odebrecht para financiar a Santos y Zuluaga tienen fines criminales porque su propósito era asegurarse los contratos de La Ruta del Sol I y II, Navelena y otros proyectos de inversión en los que logró unas ganancias ingentes de dinero mediante sobornos y chancullos.


Odebrecht. Fotografía tomada de Semana
Toda esa corrupción, aunque financiada inicialmente con dineros privados, termina siendo pagada con los dineros públicos (los de su bolsillo, de la minería, las empresas públicas y los de todos los impuestos que pagamos), porque Odebrecht se aseguró de que los sobrecostos en construcción de infraestructura fueran tan altos que su “inversión” se multiplicó varias veces.


Y el tema es aún más complejo: Néstor Humberto Martínez no quiere investigar a todos los responsables de la corrupción financiada por Odebrecht porque él trabajó para varias de las organizaciones que se beneficiaron de los sobornos, y en consecuencia, la trágica justicia que tenemos terminará condenando a dos o tres imbéciles, que aunque culpables, son sólo una pequeña parte de una trama de corrupción que en Perú tiene en la cárcel al expresidente Ollanta Humala, por citar un solo ejemplo. La justicia en Colombia es tan frágil y adaptable a las necesidades de los poderosos que, a todos les dan casa por cárcel y, con sólo decir “me acabo de enterar”, “fue a mis espaldas”, “el del vídeo no soy yo”, todos terminan absueltos.

Eso fue lo que hizo el CNE el 24 de octubre, archivó la investigación contra Zuluaga y de paso dijo que “logró determinar la inexistencia de plena prueba que permita inferir el ingreso de aportes a la campaña del señor Oscar Iván Zuluaga por parte de la Multinacional Odebrecht”, como lo informó El Colombiano. En un país con una justicia seria, Zuluaga, Santos, Ñoño Elías, etc estarían todos pagando una condena ejemplar y devolviendo los dineros que se robaron con intereses, pero esto es Colombia.



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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jueves, 27 de julio de 2017

La Sombra de la Duda

Por: Francisc Lozano*



Así que, o bien los fiscales e investigadores de antes eran muy malos y los de ahora son genios, o el Fiscal quería proteger a los inversionistas de Navelena para que el escándalo no afectara su imagen.


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Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Santos y Néstor Humberto Martínez. Fuente: lasillavacia


El 5 de enero del 2017, en un hecho increíble, y después de sólo dos semanas de investigación (sí, Sherlock Holmes sería un inepto en la Fiscalía General de la Nación), el Fiscal Néstor Martínez lanzó una afirmación temeraria: “Hoy la Fiscalía ha descartado la posibilidad de corrupción en el caso de la adjudicación de las obras del río Magdalena. En ese caso específico no hemos encontrado corrupción”. Y digo que es temeraria porque, por ejemplo, después de más de 20 años de investigación, la Fiscalía no ha podido cerrar el caso del Palacio de Justicia, o tras 18 años del asesinato de Jaime Garzón, aún no se sabe exactamente quién lo mandó a matar, por qué y quiénes más participaron. 


Así que, o bien los fiscales e investigadores de antes eran muy malos y los de ahora son genios, o el Fiscal quería proteger a los inversionistas de Navelena para que el escándalo no afectara su imagen. Mas Justicia Tributaria y Jorge Robledo se encargaron de distribuir sus hallazgos en este caso y, gracias a su trabajo y valentía, hoy sabemos que el Banco Agrario le entregó irresponsablemente un crédito de 120.000 millones de pesos a Odrebecht, plata que ya sabemos se robaron. Exactamente esa misma suma era la que el Gobierno había prometido invertir en la construcción del alcantarillado en Quibdó para saldar una “deuda histórica en San José de Tadó, Bahía Solano, Nuquí y así, doce municipios más”, así que saquen cuentas de lo que se perdió.


Pero las astucias de Martínez no terminaron ahí. Un mes después, el 7 de febrero, le trasladó gran parte de la investigación sobre la financiación de las campañas de Santos y Zuluaga al Consejo Nacional Electoral para que investigara “lo de su competencia”. Y como es sabido, el CNE no es la institución más fuerte en el ámbito de investigación criminal en el país, por lo que los frutos de dicho traspaso no serán plausibles. Y sí levantarán dudas como la que me atañe en este momento: ¿Por qué el CNE le abrió una investigación formal a Óscar Iván Zuluaga y su campaña, y no también a Juan Manuel Santos y su campaña? Esto da mucho en qué pensar, ¿no?


Ahora bien, en unas declaraciones lamentables, Santos ha dicho “me acabo de enterar”, una vez la Fiscalía habló de los pagos de Odebrecht a su campaña, y para colmo de males, ha dicho que sólo un funcionario de segundo nivel de su campaña ha sido procesado por las autoridades, como si eso significara que más no caerán o que su campaña fue menos corrupta que la de Zuluaga. Y remató diciendo "señor Fiscal, no tenga ninguna contemplación y que le caiga todo el peso de la ley a quien le tenga que caer", y yo me hago las siguientes increpaciones: ¿Qué hubiera pasado si Santos no hubiera dicho eso? ¿Acaso no hubiera investigado el Fiscal su campaña? ¿El Fiscal recibe órdenes del Presidente sobre qué debe y qué no debe investigar? ¿No conoce el Fiscal sus funciones?


En un país serio, el Fiscal, quien ha asesorado directa o indirectamente al Banco Agrario en el consorcio Navelena, a Navelena y a la Ruta del Sol, entre otros, como lo han demostrado Justicia Tributaria y Jorge Robledo (ver vídeo), y el Presidente que recibió dinero de una compañía extranjera ya hubieran renunciado. Pero este no es un país serio, y aquí muchos de los funcionarios no entienden de ética y pulcritud.





Después de que se ha destapado este impresionante caso de corrupción, a todos nos debe quedar por lo menos la sombra de la duda sobre el actuar del Fiscal, el Presidente y varios funcionarios más.



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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