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domingo, 21 de agosto de 2016

No me gustan las series*

Por Andrés Rodelo**



Walter White/Jesse Pinkman from Breaking Bad tomado de: http://craniodsgn.deviantart.com/art/Breaking-Bad-312313101
Walter White & Jesse Pinkman. Fuente: http://craniodsgn.deviantart.com/

No veo series, o más bien he visto pocas (cortas, sobre todo) y no son, precisamente, las que se apoderan de las charlas de cafetería, recesos en el trabajo o apasionadas discusiones en medio de una borrachera sobre si el regreso de Jon Snow estuvo o no a la altura de lo esperado. ¡No he visto ni un episodio de Juego de Tronos! (para muchos, una abominación en estos tiempos de seriesífilis), pero me entero de la existencia de estos personajes por las menciones (omnipresentes) que se hacen de ellos, especialmente al estrenarse cada temporada, cuando todos están muy (¡muy!) obsesionados con comunicarlo al mundo.
Es que es inevitable no enterarse, de verdad. Son como el nuevo hit del verano que retumba en todas partes hasta que, involuntariamente, terminas memorizando la letra sin que hayas tenido la mínima intención de hacerlo; un fenómeno con poder multiplicado por la fiebre de Internet, que se filtra por las paredes de tu subconsciente hasta el punto de que nombres como Walter White, Rick Grimes y Daenerys terminan siendo familiares y, a su vez, completamente desconocidos. 
Game of Thrones. Fuente:https://c1.staticflickr.com/1/316/18679295525_f39cc1bc70_z.jpg




























Game of Thrones. Tomada de: www.flickr.com

No veo series porque son esclavizantes, demandantes y porque ya no poseo la disposición de enfrentarme a un episodio tras otro como lo hacía a mis 12 años, aferrado al televisor mientras los capítulos de Fullmetal Alchemist, por ejemplo, desfilaban por mis retinas. A juzgar por el éxtasis desenfrenado y el paroxismo con el que muchos amigos me hablan de ellas, he llegado a pensar que verlas es algo como: “Toma tu mejor orgasmo, multiplícalo por mil y aún así estarás lejos de lo que se siente cuando te inyectas heroína”, tomando esta frase de Trainspotting, de Irvine Welsh, como punto de partida para entender la adicción que producen. “Parce, me tiene embazucado esa serie”, me dijo alguna vez un amigo.

Breaking Bad/Walter White. Fuente: http://kingjoeg.deviantart.com/art/Breaking-Bad-I-am-the-danger-328002796
Breaking Bad by kingjoeg

Personalmente, he mantenido distancia con esta jeringuilla, también porque me gustan más las películas: me someto a un visionado de 3 horas como máximo y la experiencia culmina, adquiero plena consciencia del universo que plantea y puedo pasar a otra cosa. Claro, están las sagas, pero en la mayoría de los casos aguardan por mí en el futuro, dos o tres años, el tiempo promedio que les toma a los grandes estudios hacerlas. Es decir, puedo hacer muchísimas cosas más mientras se estrena la próxima entrega. O si la comencé tarde es probable que deba ver unas cuantas secuelas, cuyas duraciones no se comparan ni por asomo con las que tienen las series de hoy.

Hoy, si no viste Juego de Tronos desde el comienzo y quieres enterarte de quién es el archimeganombrado Jon Snow, ¡pues tienes 67 episodios por delante, amiguito!, que duran entre 50 y 67 minutos cada uno, lo que vendría siendo, más o menos, 4.020 minutos de tu preciado tiempo. ¿De verdad, tanto tiempo?, ¿no puedo hacer algo más?, ¿puedo leer un libro?, ¿puedo ir al baño, aunque sea?, ¿puedo comer? Hay quienes tienen tiempo de sobra para hacer muchas cosas más, aunque de entrada ya parece un esfuerzo ¡bastante grande! y que te mantendrá ocupado un rato largo.

Con las películas las ves y te sales de ellas, saltas a otra cosa para no enloquecer por la saturación. ¿Estás viendo Alien?, ¿qué tal una peli de Cassavetes cuando termines?, ¿ya acabaste? Pasemos a Depredador y luego a Gritos y Susurros. Esta sensación de refrescarse permanentemente y de estar viendo cosas que no se parecen en nada es lo que me mantiene cuerdo. ¿Una maratón de una serie de 121 episodios como Lost? Mis sentidos explotan. Variar y variar es un placer.

Jon Snow/Game of Thrones. Tomada de: commons.wikimedia.org
 Jon Snow. Fuente: www.commons.wikimedia.org

Este, más que un ataque, es la percepción de alguien que no tiene la paciencia para seguirle a las series su ritmo exponencial. Espero que alguien se sienta identificado, sobre todo en un panorama en el que quienes no las vemos somos una minoría. Ustedes, como yo, sabrán lo que es sentirse aislado cuando tus amigos hablan del último episodio de Penny Dreadful, House of Cards o Mr. Robot y lo que es intentar iniciar una conversación sobre El Demonio Neón, la última peli de Nicolas Winding Refn, y que te miren con cara de: “¿de qué mierda estás hablando?”. Ese es el poder de las series de hoy.

Admiración para quienes se enfrascan en ellas y las despachan a una velocidad apabullante. Insisto: esta pataleta, muy personal, está al margen de la calidad artística que posean y va encaminada a desvelar que muchos no tenemos la dedicación de estar un largo tiempo en contados lugares, pues preferimos estar en muchos más y solo por unos instantes. En este caso, como también lo dijo en su momento el crítico argentino Hernán Panessi a propósito de este tema: “Prefiero tocar cien culos diferentes que el mejor culo del mundo”.

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*Este artículo apareció inicialmente en: http://www.lapatria.com/blogs/el-blog-estupido/no-me-gustan-las-series y se reproduce en este espacio bajo la autorización del autor.


**Andrés Rodelo(1988): nació en Ciudad Bolívar, Antioquia. Estudió periodismo en la Universidad de Manizales, donde descubrió su amor por el cine mientras coordinaba el Cineclub Cinéfagos. Escribe para medios como la revista Kinetoscopio, la Revista Online Ocho y Medio y el suplemento cultural Papel Salmón, del diario manizaleño La Patria. Coordina el Cineclub Estúpido de Manizales. En enero de 2013 participó en el VII Taller de Crítica Cinematográfica del Festival de Cine de Cartagena, en el que fue distinguido con la publicación de una crónica suya en el diario del certamen. Dirige también el programa radial Cinerama, de la Gobernación de Caldas. @elrodelo