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domingo, 3 de diciembre de 2017

Congreso S.A.

Por Francisc Lozano*



Por los yerros cometidos por Santos, quien decidió manejar su relación con el poder Legislativo a través dádivas y dineros para incentivar la corrupción, y la falta de compromiso de muchos congresistas con el futuro del país y con los ciudadanos que los llevaron al Parlamento, este es un Congreso S.A., o lo que es lo mismo: una máquina de hacer dinero para sus financiadores y olvidarse de su función principal: hacer de Colombia un país mejor para todos.



Senado de la República de Colombia. Imagen de: Globalrights.info, Todas Las Sombras, Congreso S.A.
Senado de la República de Colombia. Imagen de: Globalrights.info

Hasta antes del primer Gobierno de Santos, a la posibilidad que tenía un congresista de solicitarle al Ejecutivo una partida presupuestal para ser invertida en la circunscripción que representa, se le llamaba “auxilio parlamentario”.  Los auxilios parlamentarios no son nuevos. Según lo relata Alfonso Palacio, “En la Constitución del 86, a pesar de todo, el Congreso tenía la iniciativa para poner cualquier clase de leyes [incluyendo las relacionadas con gastos, inversiones y obras públicas]”, pero en 1968 se prohibió rotundamente. Con la Constitución del 91, esa capacidad revivió, y con la ascensión de Santos al poder, empezó a llamársele, de manera coloquial, “mermelada”.



Los auxilios parlamentarios tienen, en principio, un propósito loable: Permitirle al congresista la participación en los planes de inversión económica y social que la rama ejecutiva tiene para cada departamento. Y como -se supone- el congresista representa a los habitantes de una región, el Gobierno le está dando participación a los ciudadanos en las decisiones que toma sobre en qué invertir. Y digo que es loable en principio, porque muy pocos congresistas representan realmente a los ciudadanos y gran parte de los planes de inversión terminan sirviendo intereses particulares en las regiones. Muchos parlamentarios están en el Congreso para aprobar leyes que le permitan a sus familiares y/o financiadores de sus campañas hacer dinero con los recursos públicos. 



Y es precisamente en esos casos en los que los auxilios se convierten en la manera más eficaz que tienen los corruptos para desangran el erario, y en consecuencia a la Nación. Cuando a un parlamentario se le aprueba la financiación de un proyecto de infraestructura en su departamento por $100.000.000.000, por ejemplo, él (o ella) le dará la orden al alcalde o gobernador de contratar con la firma constructora que le financió la campaña. Esta constructora se encargará de inflar los costos de construcción hasta que se asegure de obtener entre sus ganancias por lo menos 2 o 3 veces el dinero invertido en la campaña del congresista. Así es como los proyectos terminan valiendo dos veces más de lo que en teoría costaban, construidos con materiales inadecuados y muchas veces no se culminan. Decir que todos los congresistas hacen lo mismo sería una irresponsabilidad de mi parte porque sé que hay gente en el Parlamento que sólo intenta ayudar a mejorar el país, pero lo anterior es más o menos un recuento de cómo funcionan los auxilios, la financiación de las campañas y la ejecución de obras civiles a través del país.


En las últimas semanas hemos visto a un Congreso más ineficiente que de costumbre, a pesar la vital importancia que los proyectos de ley que cursan en esta institución tienen para el futuro del país. Se han estado discutiendo la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), las Circunscripciones  Especiales de Paz y la Reforma Política, entre otros. Y la importancia de los tres anteriores está en que el primero permite crear una institución transitoria para que juzgue a los miembros de los grupos armados inmersos en el conflicto colombiano y le permita a quienes no hayan cometido actos de lesa humanidad hacer política. El segundo es, en resumen, la posibilidad de que las personas que más han sufrido en este conflicto puedan tener representantes en el Congreso para que legislen por ellos. Su aprobación o no está en el limbo porque sólo 50 senadores dieron su voto de aprobación. Y el tercero permite que los movimientos y partidos políticos pequeños presenten listas conjuntas para aspirar a los escaños de todas las instituciones públicas del país que, de otra forma, terminan principalmente en manos de los partidos políticos con maquinaria (La U, CR, CD, Conservador, Liberal), poder y dinero para comprarlos.  


Ninguna de esas tres iniciativas representa ganancia para los congresistas que se oponen porque no hay transferencias económicas de por medio, ni pueden amasar más poder del que ya tienen a través de ellas. Por eso han decidido trabajar a media máquina; retirarse del recinto (Centro Democrático), a pesar de haber acabado con el espíritu de la ley (darle voz a los olvidados por todos); votar en contra, aunque durante 7 años han vivido del Gobierno para hacer sus campañas (Cambio Radical, Liberal, La U, Conservador); y obligar al Gobierno a hundir la reforma porque ella les quitaría la posibilidad de acumular todo el poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial a nivel nacional. Pero no sólo eso, muchos de los congresistas están esperando a que Santos les apruebe nuevas partidas (auxilios, mermelada o como las quieran llamar), para poder darle los votos que el proceso de negociación entre el Gobierno y las Farc requiere para poder ser una realidad. 



Congreso de la República de Colombia. Imagen tomada de: Wikimedia.org, Congreso S.A., Todas Las SombrasCongreso de la República de Colombia. Imagen tomada de: Wikimedia.org

Por los yerros cometidos por Santos quien decidió manejar su relación con el poder Legislativo a través dádivas y dineros para incentivar la corrupción, y la falta de compromiso de muchos congresistas con el futuro del país y con los ciudadanos que los llevaron al Parlamento, este es un Congreso S.A., o lo que es lo mismo: una máquina de hacer dinero para sus financiadores y olvidarse de su función principal: hacer de Colombia un país mejor para todos.


Ñapa: Si usted quiere hacer patria y construir Nación, le invito a leer este artículo en el que le contarán quiénes son los congresistas que se oponen a que el país abrace una paz de verdad y transforme las instituciones corruptas que tienen las riendas del presente y el futuro de Colombia. Cuando lea el nombre del parlamentario por el que usted votó o dejó de votar hace 3 años, recuérdelo bien para que le dé el castigo que se merece por no hacer respetar su mandato. Cuando vaya a votar el próximo año, elija a alguien que sí sea decente y se preocupe por su bien y el de sus hijos. Por favor no lleve más parásitos al Congreso. Le adelanto unos nombres: Álvaro Uribe y toda su secta, Viviane Morales, Hernán Andrade, Juan M. Corzo (sí, el mismo al que “no le alcanza su sueldo para echarle gasolina a sus carros”), Sofía Gaviria, Carlos F. Galán y Cambio Radical, Álvaro Ashton, etc. No se olvide de revisar la lista.


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los otros

Por María Gloria Pérez*

 

Educación en el aula. Los Otros, Todas Las Sombras. Fuente: http://todaslassombras.blogspot.com/2016/11/los-otros.htmlSalón de clases. Fuente: UdeChile 

No me gusta la guerra. 

 


En el pabellón de máxima seguridad de una cárcel colombiana tuve un alumno cuyo alias era “Masacre”, venía de un pequeño pueblo del nordeste antioqueño, sus padres barequeaban oro en el río Nechí. A los once años deambulaba por su vereda, la escuela estaba abandonada, a la última maestra la habían asesinado una madrugada, camino a la escuela. Los niños se quedaron esperando, nunca vino nadie a reemplazarla. Cualquier día, uno de tantos en los que no había nada para comer, lo abordaron unos hombres invitándolo a partir, le ofrecieron ropa nueva y los “tres golpes”1 diarios. Se fue con ellos. A poco ya lucía un brazalete de las FARC, tenía once años. A los diecisiete, abandonó aquella milicia y por su pericia y habilidades militares fue reclutado por un grupo paramilitar en el que recibía buena paga y mejor trato.

Me pidió entrada a mi taller, advirtiéndome que nos sabía leer ni escribir, que había estudiado hasta segundo de primaria pero se le había olvidado todo. En los tres  años que estuve con ellos, nunca faltó al taller. El día que me despedí me dijo “no se vaya profesora, ya vio que no sé leer ni escribir, pero me gusta mucho oír hablar a las personas, me gustan mucho las historias”. 



Tenía veinticuatro años y estaba acusado de participar en el homicidio de por lo menos ciento veintitrés colombianos.  Cada que lo recuerdo me vuelve a doler su despedida y pienso: “cuántas vidas , incluyendo la de Masacre, se hubieran salvado, cuántas penas y vergüenzas menos llevaríamos a cuestas si por aquellos corredores, de esa escuela abandonada, hubieran corrido aquellos pies pequeños , si en ese patio, de esa escuela abandonada, hubieran aturdido los cantos y los gritos de las voces niñas, si al pequeño salón, de la escuela abandonada, lo hubiera entibiado la amorosa voz de una maestra, que repitiera: “la palabra paz es monosílaba, porque se escribe con tres letras, dos consonantes y una vocal”.



1. En el lenguaje coloquial de algunas regiones de Colombia, la expresión "los tres golpes" representa las tres comidas principales de cada día: Desayuno, almuerzo y comida.


*María Gloria Pérez: Nació en Anorí (Antioquia), un pequeño pueblo minero que por más de 40 años ha sufrido todas las batallas de esta guerra. Estudió licenciatura en Historia y Filosofía en la Universidad de Antioquia. Se desempeñó como profesora de literatura. Ha publicado en varias revistas y ha sido ganadora de tres premios nacionales de cuento.


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viernes, 28 de octubre de 2016

Vargas Lleras, el oportunista

Por Francisc Lozano*

Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras, Todas Las Sombras, Vargas Lleras el Oportunista. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/vargas-lleras-el-oportunista.html
Santos y Vargas Lleras. Fuente: i.ytimg.com 

Germán Vargas Lleras es un delfín. Sí, él, Pacho Santos, Juan Manuel Santos, Andrés Pastrana, Simón Gaviria, Juan Manuel Galán, Juan Carlos Galán, y centenares de otros políticos colombianos son delfines. Si alguien no sabe qué quiere decir delfín, en el contexto político colombiano, yo se lo explico: un delfín es una persona que hereda, SÍ, HEREDA, una dignidad política por el sólo hecho de estar relacionado sanguíneamente con otro político de antaño. No son necesarios los méritos propios, sólo se requiere pertenecer a la familia de alguien que ya haya ocupado un cargo político previamente para asegurarse de participar de la política nacional. Así es Colombia.




En el caso de Vargas Lleras, el ‘delfinazgo’ le llegó por ser el nieto de Carlos Lleras Restrepo, presidente del país entre 1966 y 1970.  No digo que Germán no haya hecho méritos para llegar hasta donde ha llegado, no, pero estoy seguro de que todo se le hizo mucho más sencillo cuando la gente oyó su apellido. Aunque parezca una tontería y una insensatez, en Colombia parecemos tener una suerte de monarquía que es, por antonomasia, todo lo contrario a la democracia que supuestamente tenemos. Aquí quien sea hijo, sobrino, hermano, nieto y hasta, ahijado de algún político, tendrá mayores posibilidades de vivir del Estado que cualquier otro colombiano sin esas conexiones familiares.


En el 2002, Vargas sufrió un ataque terrorista, con un libro-bomba, del que fueron responsabilizadas Las Farc. El ataque significó, entre otras cosas, la pérdida de tres dedos de su mano izquierda. Por esa razón, y tal vez otras, era de esperarse que él se opusiera al acuerdo que el Gobierno Nacional logró con esa guerrilla, aunque haya dicho lo contrario en este diálogo con la Revista Semana.  Yo entiendo que a él no le gusten el acuerdo y/o los beneficios que en él se plasman para Las Farc. El problema es que alguien que es vicepresidente no puede ir en contravía de su jefe directo, o al menos no debe expresarlo de manera pública, porque eso da una impresión de separación y desarticulación entre los dos personajes más importantes en la Presidencia de la República. Y esto representa un problema aún mayor, gracias a las modificaciones que desde la llegada de Vargas ha tenido el cargo de vicepresidente: Santos, de quien se dice es un gran jugador de póker, necesitaba asegurar su reelección en el 2014, y en una jugada maestra, se trajo a Vargas para asegurarse los votos de algunos liberales, de algunos uribistas, de algunos peñalosistas, de algunos galanistas y de algunos votantes de muchos otros sectores que ven, o veían, en Vargas Lleras a un digno representante de sus idearios políticos y económicos.


Pero la jugada se le salió de las manos a Santos. Ahora, y desde que inició el diálogo con Las Farc, Vargas ha sido una piedra en el zapato. Y no digo que el vicepresidente sea el único que tenga reparos al acuerdo, sino que es el único, al menos en las altas esferas del ejecutivo, que ha expresado su incredulidad ante el proceso de diálogo. Esa misma incredulidad que tenemos casi todos los colombianos, pero que viniendo del vicepresidente ha erosionando el acuerdo, y ha contribuido a la derrota del mismo en el plebiscito.    Vargas Lleras jugó a mantener los votos del Sí y los del No, los votos de Santos y los votos de Uribe, los votos de Peñalosa y los de Petro. Al no definirse hacia un lado o hacia otro, al no apoyar decididamente las negociaciones y el Acuerdo de La Habana, Vargas intenta asegurarse la Presidencia en el 2018, y a esto ha contribuido Santos con la creación de esa súper vicepresidencia que desde el 2014, él y Germán Vargas decidieron armar.



Ahora bien, en una acción sin precedentes, Germán Vargas no sólo ha decidido oponerse al acuerdo con Las Farc, y pescar en río revuelto, como lo hizo públicamente pocos días después de los resultados del 2 de octubre mostrando sus inconformidades con el acuerdo, sino que ahora llama a la movilización ciudadana en contra de su propia administración. Ayer, jueves 27 de octubre, el vicepresidente estaba entregando viviendas de interés social (este tipo de vivienda y la construcción de vías han sido sus caballitos de batalla para llegar a la Presidencia en las próximas elecciones), e hizo una llamada a la gente a movilizarse en contra de la reforma tributaria que ha sido radicada en el Congreso recientemente porque, dice él que, y probablemente sea cierto, “este nuevo gravamen conduciría a hacer mucho menos atractiva la construcción de vivienda de interés social”; y agregó: “Todos los colombianos que se han beneficiado de este programa salgan [sic] a decirle al Congreso de la República que le ponga más atención a las normas que van a acabar con la política de vivienda de interés social”.  Y no es que yo esté de acuerdo con la reforma tributaria, estoy en contra de la misma. El asunto es que él no puede salir a oponerse a su jefe directo de manera pública sin haberlo discutido previamente con él y con el ministro de hacienda. 



Muchos que apoyen al hoy vicepresidente dirán que no tengo pruebas o que formulo calumnias, pero las pruebas de su actuar son visibles para todo el país y la opinión pública, y es por esas actuaciones y las razones que mencioné previamente, que considero que Vargas Lleras no sólo es un delfín, sino que además es un oportunista.

@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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jueves, 6 de octubre de 2016

La Campaña de la Infamia


Por Francisc Lozano*


La Campaña de la Infamia. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/la-campana-de-la-infamia.html
Juan Carlos Vélez Uribe. Autor: Jcvelezuribe

El 7 de diciembre de 1941, la armada japonesa atacó la base militar estadounidense de Pearl Harbor en Hawái. El ataque ocasionó muchas pérdidas de tipo material y una gran cantidad de muertes, las pérdidas más dolorosas que la guerra puede ocasionar. Como respuesta a ese ataque, USA entró a participar sin vacilaciones de la Segunda Guerra Mundial, la cual terminó con los nazis derrotados y con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, institución que a la postre se convertiría en la Unión Europea. Ese 7 de diciembre del 41 ha sido marcado, en los anales de la historia, como “El Día de la Infamia”. Al igual que con los atentados del 11 de septiembre, hay muchas dudas sobre cómo pudieron ocurrir estos ataques sin que el ejército o la fuerza aérea de USA pudiese detectarlos. Esas dudas surgen puesto que los japoneses lograron viajar durante 11 días desde Japón hasta Hawái, y nunca fueron detectados en su travesía. Pero no nos centraremos en esto hoy, culminaré este asunto diciendo que la historia siempre es escrita por los ganadores, y como USA y los demás países aliados ganaron, ese día se llama “El Día de la Infamia”.

Ahora me referiré a Colombia y la difícil situación institucional, y hasta anímica, que enfrenta después de los resultados políticos del pasado 2 de octubre en los que el NO al plebiscito salió avante. Tengo que advertir aquí que, si mi lector es un uribista incapaz de aceptar la crítica hacia el senador, es mejor que abandone inmediatamente la lectura de esta columna de opinión.

Para los que se hayan quedado, seguiré con la exposición de argumentos: el día 4 de octubre del 2016, el senador Álvaro Uribe le concedió una extensa entrevista al Canal RCN (se puede ver la entrevista dándole clic al vínculo anterior). En esa entrevista se notó que Uribe, como ya lo habíamos advertido previamente, no tenía ningún plan para “mejorar” los acuerdos de La Habana como había repetido incansablemente, no. Si algo se pudo ver en esa entrevista, es que Uribe lo único que quiere es retrasar la implementación de los acuerdos, para ser él quien les dé la aprobación final (sí, todavía se cree el presidente del país), mostrar su caudal político para asegurarse de que su candidato a la Presidencia quede muy bien parado frente a la opinión pública y las elecciones del 2018, y modificar el apartado del Tribunal Especial para la Paz del Acuerdo de La Habana para que los militares que estén presos o siendo investigados por delitos contra la población civil, en el marco del conflicto armado colombiano, no cambien verdad por libertad, como propone este acuerdo.  

Cuando, en esa entrevista, uno de los periodistas le preguntó por qué si renegociar los acuerdos era tan fácil “para que Las Farc le acepten ir a la cárcel; para que Las Farc le acepten no tener elegibilidad política; para que Las Farc acepten lo que usted plantea, que se parece más a un sometimiento a la justicia y no una negociación…”, ¿no iba él a negociar con Las Farc en La Habana si el Presidente le autorizara para ello?, Uribe respondió: “… Ahora, si yo te digo: sí, me voy para La Habana, Yamid, yo estaría usurpando competencias que no tengo porque es el Gobierno Nacional el que  negocia y dirige las negociaciones… Y te lo voy a decir desde el punto de vista práctico…: es inútil proponer, nosotros, algo a Las Farc desde el punto de vista jurídico, político y de conveniencia si el Gobierno no ha aceptado previamente corregir…”. Olvida Uribe que, con el NO al plebiscito, le entregaron a Las Farc el poder de decisión sobre si se puede seguir negociando o no, y que esa no es la facultad del Gobierno Nacional, como lo expliqué en otra columna.

A Uribe no le interesa que los militares digan la verdad porque él saldrá implicado en esos delitos cometidos por ellos, de eso no hay duda. Gustavo Petro, quien conoce de primera mano el conflicto colombiano porque fue guerrillero del M-19, senador de la República, y alcalde de Bogotá, dijo en unas declaraciones a Semana en Vivo (Ver declaraciones) que: “entonces le están diciendo al general, al coronel, al teniente, al soldado: oiga usted, Uribe les dice:  ustedes van para la justicia ordinaria, ¿por qué?... ¡Ah! Porque los acuerdos dicen que ese tribunal especial cambia los beneficios jurídicos por verdad. Entonces, lo que debería decirle el señor Uribe de frente a los colombianos es que teme que los militares confiesen y que por eso se tiró el proceso de paz con Las Farc y auspició el NO. Porque él, personalmente, como presidente de la República que fue y como Gobernador de Antioquia que fue, teme que unos militares confiesen cosas que él no quiere que confiesen y por eso, entonces, los sacrifica, sacrifica a los militares… Intenta no dejarlos llevar hacia el Tribunal Especial para que no paguen cárcel, para que no lo juzgue La Corte Penal Internacional, para que no queden enredados en procesos como el del general Uscátegui (ver documental)… Porque van a confesar. Entonces, me parece que ahí hay un tema de fondo: que es que detrás de la campaña del No hay el intento de ocultar realidades que sucedieron en esta historia.”

Ahora bien, en un hecho sin precedentes, el señor Juan Carlos Vélez quien fungió como el director de la campaña del NO por parte del Centro Democrático (CD), el partido de Uribe, ha hecho algunas de las siguientes declaraciones al diario La República (se puede leer la entrevista en el enlace anterior) después del triunfo del NO:

La campaña del Sí fue basada en la esperanza de un nuevo país, ¿cuál fue el mensaje de ustedes?
La indignación. Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca. (berraca o verraca: indignada, enojada)

¿Cómo fue la estrategia?
Descubrimos el poder de las redes sociales. Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla (sin dinero). Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas.
Hicimos una etapa inicial de reactivar toda la estructura del Centro Democrático en las regiones repartiendo volantes en las ciudades. Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos.  En la Costa individualizamos el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela.  Y aquí el No ganó sin pagar un peso. En ocho municipios del Cauca pasamos propaganda por radio la noche del sábado centrada en víctimas.

¿Cuál es el Top 5 de empresas que más aportaron?
Organización Ardila Lülle, Grupo Bolívar, Grupo Uribe, Codiscos, y Corbeta.

¿Por qué tergiversaron mensajes para hacer campaña?
Fue lo mismo que hicieron los del Sí.”

Hoy Uribe ha negado que lo que dijo Vélez esté apegado a la verdad y ha dicho, igual que Juan Carlos Vélez, que corresponde a una tergiversación de sus palabras. Resulta curioso ese hecho porque hace unas cuantas horas, el mismo Vélez difundía la entrevista que le habían realizado de manera continua y con gran orgullo:


Juan Carlos Vélez Uribe entrevista a La República. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/la-campana-de-la-infamia.html


















Como denunciamos muchos promotores del SÍ, de manera previa al plebiscito, hubo muchas mentiras para apoyar el NO.  Y muchos colombianos incautos que NO LEYERON los acuerdos, o que, aunque los hayan leído, creen en la palabra del uribismo como si fuera palabra de Dios, tomaron la decisión de votar NO el 2 de octubre de 2016, con base en las mentiras que dijeron, entre otros, el CD, empresarios, políticos, y muchos pastores, ministros y sacerdotes cristiano-católicos, quienes olvidaron su compromiso con el perdón, el mismo que promulgó Cristo. Los religiosos abandonaron las enseñanzas de Cristo, y se centraron en mensajes de odio contra las familias no tradionalistas y contra las personas no heterosexuales para destruir una oportunidad de solucionar los conflictos de nuestro país. Usaron ideas tan insulsas como: "nos van a imponer la dictadura del homosexualismo"; "nos quieren imponer la "ideología de género"". Todas una sarta de idioteces que se hubiesen caído por su propio peso después de haber leído conscientemente por lo menos el primer punto del Acuerdo, pero no, los colombianos prefieren no leer y escuchar a cualquier personajillo con ínfulas de gran pensador como Arrázola, quien usa a dedo cualquier versículo de La Biblia (se puede ver el vídeo) para traficar con las mentes de los incautos. Algunos cálculos hablan de 2 millones de votos proporcionados por los cristianos en contra del plebiscito. No son todos los que votaron por el NO, aclaro.

Uribe comprobó que lo que dijo Vélez es verdad al publicar en su Twitter lo siguiente:

Hacen daño los compañeros que no cuidan las comunicaciones: Álvaro Uribe. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/la-campana-de-la-infamia.html














La manipulación y desinformación han sido unos factores determinantes en el resultado que obtuvo el plebiscito el domingo anterior, lo mismo pasó en el Reino Unido, y podría pasar en USA en las próximas elecciones. Si no se elige a Trump allá, los colombianos y los británicos seremos recordados como los ciudadanos más torpes del mundo por un buen tiempo.


Lo que hemos visto, de parte de Uribe y su séquito, no es una campaña de por el bien de Colombia ni por acabar con la impunidad que ellos dicen existe en el Acuerdo de La Habana, no. Es una campaña de la infamia y los colombianos la dejamos progresar y derrotar las esperanzas de un mejor país y de una verdadera reparación para las víctimas del conflicto armado colombiano.

Una vez más hemos visto las consecuencias de haberle permitido a un pueblo, que no lee, que tomara la decisión política más importante en el último siglo de historia, después de permitir el sufragio femenino en el 53 y la creación del Frente Nacional en el 58. No voy a criticar la decisión de Santos, critico la forma en la que los colombianos le respondimos a la responsabilidad política, humana, social y económica de terminar los enfrentamientos con Las Farc y traicionar a muchas víctimas que le apostaron rotundamente al SÍ.



@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano

lunes, 3 de octubre de 2016

Aquí no Ganó la Democracia

Por Francisc Lozano*

Aquí no ganó la democracia. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/aqui-no-gano-la-democracia.htmlSantos y Uribe. Fuente: Wikimedia.org


Lo primero que quiero decir es que acepto los resultados que nos entregó nuestra democracia ayer, 2 de octubre. Yo, en temas políticos, soy ante todo un demócrata y no me atrevería a decir que los comicios han sido fraudulentos sin tener pruebas, y no las tengo.

Ahora que he dejado mi opinión clara sobre los resultados de la votación de ayer, debo decir que no estoy de acuerdo con muchas personas que han dicho que aquí ganó la democracia. Y no lo digo por el resultado del plebiscito, lo digo por la poca gente que salió a votar. Veamos los siguientes datos:


El censo electoral, publicado por la Registraduría Nacional del Estado Civil, dice que 34'899.945 (ver datos) personas estaban autorizadas para votar ayer. No obstante, sólo 13 millones 66 mil 47 personas salieron a votar. De esos, 170.946 fueron votos nulos y 86.243 no fueron marcados. El No al plebiscito ganó con el 50,21% de los 12’808.898 votos válidos, y el Sí sólo obtuvo los 6’377.438 votos restantes. Todos los datos pueden ser verificados en la página web de la Registraduría.  Lo anterior quiere decir que 21’833.898 personas que podían votar no lo hicieron. No sé cuáles sean las razones para ese hecho, pero me aventuraré a crear unas hipótesis:


Primero, los colombianos no estamos seguros de la utilidad de la democracia. A partir de 1991 con la promulgación de la Constitución, todos los cargos de representación de la sociedad se han hecho susceptibles de ser elegidos por la población. Ahora podemos elegir alcaldes y gobernadores, y no esperar a que el presidente los designe a dedo. A pesar de eso, parece que aún no confiamos en la democracia para expresar nuestros ideales. No todo es culpa del elector, también la democracia nos ha fallado en muchas ocasiones, como cuando asesinaron a Galán, a Lara, a Pizarro, a Guillermo Cano, al papá de Iván Cepeda, cuando le volaron los dedos a Vargas Lleras, cuando asesinaron a Garzón, cuando Escobar llegó al Congreso, cuando mueren todos los inocentes y aquí nada se resuelve o cuando se modificó ilegalmente la Constitución para permitir la reelección de Uribe y posibilitar la de Santos o cuando los 3 mil muchachos asesinados por el ejército no pudieron ser salvados. No obstante, la democracia también nos ha enseñado a creer: Mockus fue un buen alcalde de Bogotá, algunos presidentes de Colombia intentaron reformar el país y ponernos en la esfera de los países más educados o influyentes del mundo. A Santos se le reeligió con el propósito de llegar a un acuerdo con Las Farc, y lo ha logrado. También la democracia funcionó cuando salimos a marchar en contra de Las Farc a principios de los años 2000, cuando marchamos por la paz el año anterior y cuando Fajardo transformó a su ciudad en un lugar mejor. Hay muchos ejemplos, no puedo listarlos todos.


Segundo, mucha gente no sabe para qué sirve un voto. En las democracias representativas, como la nuestra, el voto es un contrato ciudadano: yo apoyo las propuestas de alguien con mi voto, y ese alguien se compromete a cumplir esas propuestas y yo me comprometo a hacerle seguimiento. Por eso es que le entrego mis esperanzas con el voto, porque podré ser un veedor de su labor. Así mismo funcionaba el voto de ayer: yo entregaba mi voto, y el Gobierno Nacional, Las Farc, y yo mismo nos comprometíamos a hacer de este un país en el que la muerte no sea más preponderante que la vida. Un país en el que sea más importante discutir las ideas con palabras que silenciarlas con tiros. Eso no pasó ayer, pero espero que pase pronto.

Tercero, la gente no se siente identificada con la democracia. Cuando hay muchos candidatos para un cargo público, yo me siento feliz. La pluralidad generalmente significa que hay más probabilidades de que uno o varios de los candidatos tenga ideas que se parezcan o que representen a las mías.

Cuarto, los políticos le han fallado a la democracia y al país. Mucha gente desconfía de la democracia gracias a las acciones de muchos políticos que han desangrado las finanzas de este país. Esta es probablemente la principal causa de todos los problemas de nuestra democracia, y origina la apatía de muchos colombianos por la misma. Esta razón es, en parte, el origen de las razones primera y segunda.

Por las razones anteriores, tengo que decir que aquí no sólo no ganó la democracia, sino que, muy por el contrario, perdió y mucho.

No voy a asignarle la culpa de lo ocurrido ayer a quienes dijeron NO al plebiscito. Ustedes tienen todo el derecho de votar como quieran, y ese derecho lo respeto por encima de todo. Me preocupa que muchos, tal vez, hayan votado NO por las mentiras que vi distribuidas por las redes sociales: “nos vamos a volver un país “castro-chavista””; “lo mismo pasó en Venezuela y en Cuba”; “no van a reparar a las víctimas”; “el acuerdo les ofrece impunidad total”; “les van a pagar $1’800.000 al mes”, "se viene la reforma tributaria sólo para pagar los acuerdos", etc, etc. No, esa culpa me la asigno yo, y se la asigno a todos los que como yo creímos en el Acuerdo de La Habana. Se la asigno a Santos por no ser capaz de desligar el SÍ de su persona, de su inexistente favorabilidad y polularidad entre los colombianos, a Gaviria por no lograr asumir de manera responsable la consigna de unir a los colombianos por el SÍ, a Claudia López, a Mockus, a Robledo y a todos los demás que, estando a favor del Sí, fuimos incapaces de convencer a los del No de las ventajas de parar la guerra ya. 

También se la asigno a nuestra democracia imperfecta y a los 21 millones de personas que, siendo el 45,4% de nuestra población y el 62,5% del censo electoral, decidieron dejar esta trascendental decisión en manos de los 13 millones de personas que votamos. Ellos estarán desencantados, pero yo estoy decepcionado porque fueron simples espectadores de lo que está ocurriendo.  Si alguno de los que he mencionado se siente ofendido por lo que estoy compartiendo, no tengo problema en reconocer toda la culpa del batacazo que nos han asestado ayer los promotores del No. Yo le fallé a mi país, y a los niños de mi país, y le fallé a la humanidad porque no fui capaz de convencer a mis adversarios políticos de las ventajas que traería consigo el Acuerdo de La Habana. Yo sé que hay desventajas en él, pero siempre que salvemos vidas, aunque sea una sola, todo sacrificio habrá valido la pena.

Algunas repercusiones


Siempre que visito un lugar diferente a mi natal Colombia, alguien se acerca y me pregunta de dónde soy. Cuando me oye decirle estas palabras: “Soy colombiano”, su cerebro empieza a asociarme con personas como Escobar, Tirofijo, Uribe, Santos, Carlos Castaño o Mancuso, y casi siempre vienen las preguntas obligadas para un colombiano que está por fuera del país: “¿Eres familiar de Pablo Escobar?”, “¿es cierto que su cocaína es la mejor del mundo?”, “¿hay mucha violencia allá?”. Yo siempre pensé que se trataba de una estigmatización sistemática contra los colombianos, y aunque sé que hay millones de nosotros que no queremos ser asociados con esas cosas y parar la violencia, muy a mi pesar, me temo que ayer le demostramos al mundo que no se ha equivocado al señalarnos así. Hace 8 años un miembro del gobierno inglés dijo: "Los colombianos son violentos por naturaleza", y aunque me he negado a creerlo veraz, con lo de ayer eso parece ser una realidad.



Repito que acepto lo ocurrido ayer. Lo acepto porque confío en nuestra democracia, a pesar de sus falencias. Pero me ha dolido inmensamente, y no he podido salir de mi tristeza y evitar el llanto constante al pensar que pudimos haber tirado a la basura una oportunidad que puede llegar a ser irrepetible. Tal vez pronto esos sentimientos pasen y olvide mi decepción, y yo siga con mi vida normal. Con una vida que hemos hecho normal en medio de las noticias de masacres y de secuestros y de explosiones. 


A causa de tanto vivir en medio de la guerra, creo que nuestro país ha entrado en un proceso de deshumanización tan grande y terrible, que somos capaces de menospreciar las vidas de quienes han muerto hasta hoy, con el propósito de “ahorrarnos” unos pesos que tendremos que gastar en más armamento y entrenamiento de nuestros militares, y despreciamos el fin de la guerra por no entregar 10 escaños en el Congreso, y eso me llena de dolor. Han podido más esas ambiciones personales que la ambición de un país mejor para todos o para la mayoría. Hemos tenido los oídos sordos al clamor de Toribío, de Bojayá, de Caloto, de Apartadó, Cajibío y de todos esos lugares que han sufrido la guerra en carne propia y en los que la población salió a decir: “No más guerra, digo SÍ al plebiscito”. Yo de verdad creo que le hemos fallado a la humanidad porque, como dijo Jonh Carlin, "si votar sí es traicionar a los muertos, votar no es traicionar a los vivos y a los que están por nacer".

Los Ganadores


Ayer ganaron los promotores del No, obviamente, pero además ganó Uribe, y ganaron Las Farc.

Los del No ganaron porque ahí están los resultados para ser mostrados.

En cuanto a Uribe,  se suponía que, el senador, estaba extremadamente interesado en esta negociación, pero hoy le ha dado una nueva bofetadaal país (visite el artículo anterior) al decidir no presentarse al pacto que propuso Santos: no es ni la primera ni la última vez que lo hace porque a él no le interesa el acuerdo, le interesa ser el único que pueda tomar la decisión final. Sus intereses personales y cálculos políticos están por encima de la ciudadanía, incluso de esa que tanto lo idolatra.  Si su interés real era/es la negociación con la guerrilla, debió haber asistido hoy a la reunión que convocó el presidente, pero él está esperando al momento preciso en el que su palabra y su decisión puedan tener el impacto mediático y político que a él tanto le encanta y que mueve masas a su alrededor y asegurarle a su bendecido un gran apoyo para las elecciones del 2018. Yo sé que no todos los que votaron NO son uribistas, y que no todos los uribistas votaron No. No obstante, resulta gracioso, y hasta paradójico, que quienes votaron No y no son uribistas, no tendrán representación alguna en este nuevo pacto político. ¿O ustedes creyeron que alguien iba a venir a sus casas a preguntarles qué les gusta y qué les disgusta del acuerdo? No señores, todo lo decidirán Uribe y Las Farc.



No puedo evitar decir que nadie presupuestaba el triunfo del No, y que éste cogió por sorpresa incluso al mismo Uribe. No es gratis que ayer se haya tardado horas en salir a hablarle al país. Estaba escribiendo un discursito que no había pensado dar, y ahora, como están las cosas no sólo tiene que armar esos discursos, sino que proponer cómo resolver el problema que se ha abierto con el fracaso del Sí en el plebiscito. Lo anterior nunca estuvo en sus planes. Su “acuerdo mejor” no es más que un eufemismo para evitar decir que no sabe qué va a hacer y cómo lo va a hacer. Su mezquindad se hace presente una y otra vez, y hoy le ha mostrado a Colombia que no es que quiera un acuerdo mejor, es que quiere ser el firmante el acuerdo.

¿Por qué ganaron Las Farc?



Las Farc han ganado porque, los que dijeron No ayer, pusieron en manos de ellas la posibilidad de volver a negociar. Es improbable que las Farc vayan a ceder en su propósito de participar en política y de no pagar cárcel. Pero esas son las exigencias de Uribe, por lo que un acuerdo como el que ofrecen Uribe, el Centro Democrático y otros resulta poco viable y bastante irreal. No obstante, espero que llegue a buen puerto.

De verdad espero que los que ganaron ayer, sepan manejar esa victoria para el bien del país. Me alegra escuchar o leer que los que ganaron dicen: “esto hay que construirlo entre todos”. Yo espero que sí lo podamos construir entre todos, y espero que los insultos de parte de quienes dijimos Sí paren contra quienes dijeron No. Yo estoy dispuesto a aportar mi tiempo, mi conocimiento y mis intenciones de hacer de Colombia un país mejor para trabajar con quienes dijeron NO ayer. Porque yo sí creo en el perdón y en la reconciliación que he promulgado desde que era un niño y que nuestras víctimas han ofrecido, a pesar de su dolor.



Ayer le dijimos NO a un sueño que he tenido desde que era un niño y escuchaba hablar de las bombas puestas por Escobar y sus hombres en toda Colombia, los atentados de las guerrillas y las masacres perpetradas por los militares y los paramilitares: que el país no se siga desangrando, y que después consigamos la paz de verdad. Espero que ese No sólo signifique haber aplazado ese sueño y no haberlo acabado para siempre.



Aquí estoy para trabajar con ustedes: los del Sí, los abstencionistas y los del No.



@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano