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jueves, 3 de noviembre de 2016

Terrorismo mediático

Por Francisc Lozano*




Gustavo Petro y Enrique Peñalosa, Terrorismo Mediático, Todas Las Sombras. Fuente: http://todaslassombras.blogspot.com/2016/11/terrorismo-mediatico.htmlEnrique Peñalosa y Gustavo Petro. Fuente: Semana.com



El diccionario de la RAE define el terrorismo como la “dominación por el terror" o una “actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.” Con esas dos acepciones, basta para determinar que, en Colombia y muchos otros países del mundo, el terrorismo no es una característica única de grupos ilegales como ISIS, Boko Haram, Al Qaeda o Las Farc. De hecho, muchos gobiernos usan el terrorismo de Estado para asegurarse de controlar más eficazmente a su población: USA lo utiliza para que sus conciudadanos aprueben todas las leyes que restringen su libertad en nombre de la seguridad nacional y que desaparecen a comunidades enteras de la faz de la tierra como en las matanzas perpetradas por los países aliados en Irak y Afganistán, que nunca fueron guerras, sino masacres, por mostrar dos ejemplos. En Colombia no es distinto: hay infinidades de pruebas que muestran las alianzas entre el Gobierno colombiano y los paramilitares para masacrar a miles de personas porque no eran auxiliadoras del paramilitarismo o simplemente porque necesitaban despojarlas de sus tierras para entregarlas a los grandes terratenientes colombianos y extranjeros que patrocinaban los despojos y las muertes.




A pesar de la tristeza que me generan esos hechos, y la necesidad de hablar de la connivencia entre los gobiernos colombianos y los criminales, hoy me quiero referir a los medios de comunicación y sus prácticas terroristas.  El pasado 27 de octubre, el Canal Caracol reveló una encuesta (ver vídeo) de la Cámara de Comercio de Bogotá en la que, entre otras cosas, se señala que “la percepción de inseguridad se redujo 14 puntos, del 55% al 41 %” si se comparan el primer semestre del año 2015 con el mismo período en el 2016. Cuando pretenden explicar la razón de esa disminución, Daniel Mejía, el Secretario de Seguridad de Bogotá expone que “la gente está denunciando y está reportando más los delitos, la tasa de denuncia pasa del 18 por ciento al 40 por ciento, un aumento del 122%”. Con eso, tanto Mejía como Caracol aspiran a demostrar las causas de esa disminución tan notable en la percepción de inseguridad. Y puede ser que tengan razón, pero creo que es imposible que ese único hecho explique tan impresionante desenlace, y expondré mis dudas a continuación:



1.      No creo que el hecho de denunciar un delito haga que uno deje de sentirse víctima del mismo. Si a alguno de ustedes le han robado el celular, no creo que el sentimiento de victimización desaparezca nada más porque ustedes fueron al CAI o a una inspección a interponer una denuncia. Por favor cuéntenme si es así, y me retractaré.



2.      En el hipotético caso de que esa disminución se explicase por ese hecho, ¿por qué no simplemente le pedimos a todos los que han sufrido de robos y atracos que vayan a denunciar y así eliminamos esa horrenda sensación en las personas?



3.      Si ese hecho explica todo el fenómeno, ¿cómo se esclarece entonces el hecho de que a la par de la disminución en la percepción de inseguridad, aumentaron los robos de teléfonos celulares y de otros artículos en un 2%, como lo demuestra la misma encuesta: “la victimización en el primer semestre del año se ubicó en un 40 %, dos puntos por encima del mismo periodo del año anterior.”, pero no sólo eso, “según los encuestados, los lugares más inseguros de Bogotá son las calles y los puentes peatonales y el delito que más afecta a la comunidad es el hurto a personas que subió del 79 al 80%.”





Como me parece que la explicación dada por la Secretaría de Seguridad y los medios es insuficiente, me centraré en la tercera duda: ¿cómo explicar que mientras la criminalidad aumenta, la percepción de seguridad disminuye? No estoy seguro, pero tengo una hipótesis: el año anterior, el alcalde de Bogotá era Petro, un líder de izquierda al que los medios colombianos y sus máximos pautadores no quieren por haber sido parte del M-19 y porque durante su época de senador denunció los escabrosos vínculos entre la política y el paramilitarismo en Colombia; y como alcalde de Bogotá, le retiró los contratos multimillonarios de recolección de basuras a grandes empresarios y se los entregó a los pobres de la ciudad; además de cancelar las corridas de toros; crear jardines para que las madres pobres pudieran dejar a sus hijos en ese lugar y salir a trabajar; eliminar la muerte infantil por desnutrición, entre otras cosas. También cometió errores como implementar un sistema de recolección de basuras sin tener un plan de choque en caso de que éste fallara y comprar volquetas para trasladar basuras, en vez de conseguir carros compactadores desde el principio. Seguro que hay más errores en su administración. 

 
Durante la alcaldía de Petro, RCN, Caracol, Semana y El Tiempo fueron grandes críticos de su gestión y no lo han sido con Peñalosa. Fuente: www.reporterosasociados.com.co



Como mencioné antes, Petro tiene enemigos muy poderosos entre los que se cuenta a algunos de los dueños de los canales privados de Colombia, y durante su administración, esos medios se encargaron magnificar las malas noticias y a invisibilizar sus logros en la capital. Todas las malas decisiones y fallas recibieron el mayor cubrimiento posible. Fue así, como el terrorismo mediático le hizo creer a los habitantes de Bogotá y del país, que la ciudad era invivible y que a la gente la robaban y asesinaban en cada esquina o rincón bogotano, y es obvio que la seguridad no es la fortaleza de ninguna ciudad colombiana, pero esos crímenes no son el pan da cada día en toda la ciudad, como los medios pretendían mostrar en la era Petro.  Como el terrorismo es una acción que  busca genera inquietud en la sociedad con objetivos políticos, los canales privados y los medios escritos y digitales se aprendieron muy bien la lección, y usaron su influencia sobre la opinión pública con el propósito de que la ciudad saliera de manos de la izquierda y que el gobierno de Petro fuese recordado como una gran mancha negra en la historia de la ciudad: intereses políticos y económicos. Es por eso que cuando montaron a Peñalosa en la Alcaldía, dejaron de moler al alcalde a palo, porque él sí hace las cosas que a ellos les gustan: privatizar las empresas de la ciudad, contratar con ellos, aumentar los costos del transporte público, en fin: privatizar. Si lo que ha ocurrido con esa encuesta no se explica por el terrorismo mediático, ¿cómo podemos esclarecer que la gente se sienta más segura en una ciudad más insegura? La pregunta es para ustedes.




@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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domingo, 8 de diciembre de 2013

Mockus, el ubicuo

Por: David Quiceno

Todas las sombras, Mockus, el ubicuo

Una vez más aparece Antanas Mockus. Ahora aspirando al Congreso “con toda la fuerza del mundo”. Por el sólo anuncio le hacen una entrevista, nada menos que la revista SEMANA, y nada menos que María Jimena Duzán. Al instante cae la fiebre: ocho mil ochocientas reproducciones del artículo vuelan por Internet. Claman los efusivos como ante el regreso del Mesías, los mesurados hablan con respeto de la candidatura, aunque se vaya perdiendo la cuenta de cuántas veces lo han visto en un tarjetón. El doctor Antanas es -dicen-, un hombre serio, diferente, inmaculado, no un político sino un intelectual. ¡Lo que Colombia necesita!
Una pausa, por favor, antes de declarar otra marea (¿de qué color esta vez?). No sé cómo hace la gente para no cansarse, para mantener esos niveles de entusiasmo, inagotables, por una figura que no aporta una sola prueba de ser lo que dice. ¿Mockus no es un político tradicional? Pero si demuestra más ansias de poder que Serpa o Santofimio en su momento, a tal punto que en este país parece que no podemos pasar unas elecciones sin ver su nombre. Todos los cargos los ha pretendido: tres veces la alcaldía de Bogotá, dos el senado, varias la dirección de partidos, tres más la presidencia de la república y una la vice-presidencia. Eso, pues, que se sepa. Lo vimos candidato a la alcaldía en las elecciones que perdió ante Gustavo Petro, y a la presidencia en los últimos comicios, que perdió ante Juan Manuel Santos, y en los anteriores a esos, que perdió ante Álvaro Uribe. Antes la había buscado en el 98’, con una candidatura de la que sólo se recuerda el vaso de agua que le tiró en la cara a Horacio Serpa, para terminar figurando en la lista del Partido Conservador, detrás de Noemí Sanín, también derrotada. Al Congreso ya se había lanzado en 2007, sin obtener curul. Desde su última victoria en política han pasado más de diez años, recuperando la alcaldía que abandonó intempestivamente para recorrer el país seguido por doce hombres disfrazados de apóstol, en una demagógica campaña de la que no resultó un solo electo.
Eso es lo de Mockus: lo intempestivo con apariencia de pedagogía. Se levanta de las entrevistas, se viste de zanahoria, se pinta de colores la barba. Todos lo recuerdan bajándose los pantalones ante un auditorio, repartiendo chalecos antibalas de corazón, improvisando rap o contrayendo nupcias montado en un elefante. ¿Lo recuerda, alguien, en un ejercicio de verdad intelectual? ¿Mil horas de trabajo voluntario como solución al conflicto armado de Colombia? Ostenta una maestría, y poco más hay para decir. ¿Cuál es su propuesta para los temas serios? Nada. No habla de cómo reformar la salud, ni la justicia, ni el agro. En comercio internacional no se pronuncia (aunque por su gestión se intuye que es neoliberal). Para la educación, en la que se supone experto, no trae más que pancartas, ¿lo ha visto alguien -ahora que en esas andan los estudiantes- enarbolando la reforma a la educación?
La paz. Con eso pretende ser elegido esta vez, pero sin propuestas. Le pregunta María Jimena en la entrevista qué proyectos de ley piensa presentar. Responde que su objetivo es que no sean leyes inocuas ni saludos a la bandera”. Lo dicho: nada. Se le dan los moralismos, los temas simples, la repetición incesante de consignas propias de una misa de domingo: “la vida es sagrada”, “los recursos son sagrados”, te invito a construir, a ser proactivo, a no destruir. Pero detrás está el vacío, enmascarado de autoridad por la corbata y el tono pausado, y por la historia de haber sido rector de una universidad de la que fue expulsado por mostrar, literalmente, el culo.
Así las cosas, Mockus da la impresión de ser todo menos lo que en realidad es: un payaso. No tiene necesidad, porque los payasos también pueden salir electos. En Brasil lo demostró el comediante Tiririca, cuyo lema de campaña podrían adoptar, sin miedo, los fanáticos de Antanas: “vote por mí, porque peor de lo que está no se pone” o “yo no sé qué voy a hacer en ese cargo, pero cuando llegue allá le cuento”. En esto radica la esencia de su voto: en que todo lo demás sea peor y no, como viene haciendo hace veinte años, en abaratar la imagen del académico a la pedagogía del jardín infantil.
María Jimena Duzán termina la entrevista para SEMANA preguntando al cómico, al desopilante, al hilarante, al ubicuo, al eterno pero nunca aburrido candidato Mockus cómo piensa lanzar esta campaña, si tal vez saltando de un segundo piso, como hizo en su primera vez. Buscando el titular, Antanas contesta: invitaría a la gente a que hiciera el amor por Skype (…). Espero que la propuesta se entienda y no la consideren una perversión”.
Una perversión no, doctor Antanas: una bobada