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martes, 3 de enero de 2017

Una reforma contra los colombianos

Por Francisc Lozano*

Una Reforma contra los colombianos, Bandera de Colombia, Francisc Lozano, Todas Las Sombras. Fuente: http://todaslassombras.blogspot.com/2017/01/una-reforma-contra-los-colombianos.html
Bandera de Colombia por Francisc Lozano

Juan Manuel Santos es un presidente impopular, y eso se lo tiene bien merecido. En estos 6 años de administración, sólo tiene logros para mostrar en tres o cuatro frentes: disminución de la violencia, vivienda de interés social, infraestructura, y protección de desplazados y víctimas del conflicto armado colombiano. Logró concretar un acuerdo con Las Farc, a pesar de todos los problemas que se generaron alrededor del diálogo; construyó 100.000 viviendas de interés social, a pesar de incumplir varias veces los plazos establecidos por él mismo; ha construido algunas vías y está reparando otras. Nada del otro mundo, pero algo ha hecho; y diseñó y puso en marcha la Ley de Restitución de Tierras que protege a quienes han perdido sus parcelas por causa de los promotores de la violencia en Colombia. Un desempeño mediocre.


En el año 2013, el Gobierno Nacional gritaba a los 4 vientos que había logrado niveles de reducción de la pobreza plausibles: 7 puntos porcentuales (del 44 al 37%) y 3.200.000 personas en términos reales. Lo que no decía era que esa reducción se explicaba principalmente por un cambio del método de medición y no por logros reales (disminución del valor mínimo de ingresos para considerar pobre a alguna persona), como expliqué hace varios años en esta columna.  Por otro lado, en la relación reforma vs pobreza, lo primero que hay que decir de la reforma tributaria estructural es que no es estructural. Y no lo es por la sencilla razón de que, como todas las reformas “estructurales” de Santos, Uribe, Pastrana, Samper y otros, no resuelve los problemas tributarios de manera sostenible y definitiva, porque recarga inhumanamente el peso gasto público y del despilfarro gubernamental en los hombros de los más pobres. Pues bien, con la nueva reforma tributaria presentada por Santos y por Cárdenas, el Gobierno quiere congraciarse con las entidades monetarias internacionales, y destruir los mínimos y mediocres avances logrados en el campo de la reducción de la pobreza, la iniquidad y los logros en materia social y económica para los colombianos más vulnerables (ver artículo de JusticiaTributaria).


La concentración de la riqueza

Casi todos hemos sido testigos de los comerciales en los que se habla de una supuesta “protección” de la canasta familiar al “no” gravarla con el IVA del 19%. Ese comercial, como tantos otros de los gobiernos colombianos, es una falacia. No es cierto que no se esté gravando la canasta familiar. Lo cierto es que ya hay muchos productos gravados, por lo que deberían decir es que no se aumentará la cantidad de productos gravados (aunque me temo que sí se va a hacer), sino la base gravable. O sea, el impuesto pasará del 16 al 19%. Teniendo en cuenta que la tributación directa disminuirá (impuesto a la riqueza, renta), y que la indirecta aumentará (IVA y otros impuestos indirectos), como de manera criminal lo ha reconocido el Gobierno (ver cuadro 5.1), habrá que decir que la reforma vendrá para hundir más a los colombianos pobres y beneficiar más a los ricos y las personas de la clase alta. Típico.





El índice de concentración de la riqueza (Gini) calculado por el Dane para el año 2015 fue de 0,522, lo que establece que el 52,2% de la riqueza del país está concentrada en el 1% de la población o, lo que es lo mismo, pero más ilustrativo, que, si en Colombia hubiese una población de sólo 100 personas, una, sí, una sola, tendría más de la mitad de la riqueza de toda la Nación. Y el tema se hace mucho más complejo cuando entidades como la Cepal dicen que el índice puede estar mal calculado, y que el valor real del coeficiente Gini puede ser cercano al 0,55, con lo que el panorama se hace más desolador. Y si a lo anterior le agregamos que el Gobierno Nacional ha puesto una mayor carga impositiva sobre las personas que menos tienen, o sea el restante 99% de la población, la concentración de la riqueza y los niveles de pobreza no pueden menos que aumentar.


En un ejercicio comparativo, realizado por la organización Justicia Tributaria en Colombia, se ilustran claramente los retrocesos que en materia tributaria estamos dando en Colombia con el único propósito de mantener una alta calificación internacional (calificadoras de riesgo) y beneficiar la inversión privada, mientras desmembramos a los colombianos de a pie. Al analizar 15 productos de la canasta familiar ya gravados, se observan los cambios proyectados con el IVA del 19%, y la pérdida de poder adquisitivo que tendrán los asalariados colombianos. Los hallazgos son devastadores: la diferencia entre los precios actuales y los proyectados, al sumar esos 15 productos, equivale a $3.533, lo que para alguien que se gana $680.000, o menos, es un verdadero atentado a su integridad y la de su familia. Y eso que el estudio se hizo con los precios de D1 y Colsubsidio, porque con los precios del Éxito, Olímpica o Carulla, la diferencia puede triplicar el valor, y ese aumento se repetirá cada vez que compren eso productos, entre los que se incluyen el jabón de baño, el detergente, las salchichas, el papel higiénico, el aceite vegetal comestible, el chocolate en polvo y otros nueve. Esos $3.533 son dos pasajes de bus menos para esa persona o ese grupo familiar, y eso que no estamos hablando de temas escabrosos como el impuesto a los planes de telefonía, Internet, y a los dispositivos tecnológicos.  El único tributo que podía ser conveniente era el que le querían imponer a las bebidas azucaradas para combatir en algo la obesidad y la carga que esta representa para el sistema de salud, pero de nuevo se impuso la ley del más rico, Santo Domingo (Bavaria) y Ardila Lülle (Postobón), contra el pueblo, y se eliminó el impuesto. Aquí hay un vídeo para que no se deje engañar.


Todas esas personas que “salieron” de la pobreza en el Gobierno Santos, todos los que tienen salarios de hambre y todos los miembros de la clase media son los que van a pagar por los despilfarros de Uribe, Santos, Vargas Lleras, Cárdenas y todos los demás ministros de mentira que tenemos, pero no sólo eso, sino los despropósitos de Ordóñez, el exfiscal con los contratos de Natalia Springer, y todas las otras burradas y chanchullos cometidos por los encargados de aprobar y ejecutar el presupuesto nacional. Mientras eso pasa, los bancos siguen generando utilidades netas por más de 10 billones de pesos, y Reficar ya ha probado haber generado un detrimento patrimonial por más de 4 billones de pesos, y Saludcoop y Cafesalud, los contratos de la 7ª de Transmilenio, Electricaribe y los desfalcos a la salud, educación y al agro siguen costándonos billones de pesos porque las entidades encargadas de controlar y fiscalizar a estas organizaciones son incapaces, y permiten que nos roben día a día. Porque son los ciudadanos de a pie los que pagarán por todo eso, y mucho más, es que esta es una reforma contra los colombianos.   


@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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viernes, 28 de octubre de 2016

Vargas Lleras, el oportunista

Por Francisc Lozano*

Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras, Todas Las Sombras, Vargas Lleras el Oportunista. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/vargas-lleras-el-oportunista.html
Santos y Vargas Lleras. Fuente: i.ytimg.com 

Germán Vargas Lleras es un delfín. Sí, él, Pacho Santos, Juan Manuel Santos, Andrés Pastrana, Simón Gaviria, Juan Manuel Galán, Juan Carlos Galán, y centenares de otros políticos colombianos son delfines. Si alguien no sabe qué quiere decir delfín, en el contexto político colombiano, yo se lo explico: un delfín es una persona que hereda, SÍ, HEREDA, una dignidad política por el sólo hecho de estar relacionado sanguíneamente con otro político de antaño. No son necesarios los méritos propios, sólo se requiere pertenecer a la familia de alguien que ya haya ocupado un cargo político previamente para asegurarse de participar de la política nacional. Así es Colombia.




En el caso de Vargas Lleras, el ‘delfinazgo’ le llegó por ser el nieto de Carlos Lleras Restrepo, presidente del país entre 1966 y 1970.  No digo que Germán no haya hecho méritos para llegar hasta donde ha llegado, no, pero estoy seguro de que todo se le hizo mucho más sencillo cuando la gente oyó su apellido. Aunque parezca una tontería y una insensatez, en Colombia parecemos tener una suerte de monarquía que es, por antonomasia, todo lo contrario a la democracia que supuestamente tenemos. Aquí quien sea hijo, sobrino, hermano, nieto y hasta, ahijado de algún político, tendrá mayores posibilidades de vivir del Estado que cualquier otro colombiano sin esas conexiones familiares.


En el 2002, Vargas sufrió un ataque terrorista, con un libro-bomba, del que fueron responsabilizadas Las Farc. El ataque significó, entre otras cosas, la pérdida de tres dedos de su mano izquierda. Por esa razón, y tal vez otras, era de esperarse que él se opusiera al acuerdo que el Gobierno Nacional logró con esa guerrilla, aunque haya dicho lo contrario en este diálogo con la Revista Semana.  Yo entiendo que a él no le gusten el acuerdo y/o los beneficios que en él se plasman para Las Farc. El problema es que alguien que es vicepresidente no puede ir en contravía de su jefe directo, o al menos no debe expresarlo de manera pública, porque eso da una impresión de separación y desarticulación entre los dos personajes más importantes en la Presidencia de la República. Y esto representa un problema aún mayor, gracias a las modificaciones que desde la llegada de Vargas ha tenido el cargo de vicepresidente: Santos, de quien se dice es un gran jugador de póker, necesitaba asegurar su reelección en el 2014, y en una jugada maestra, se trajo a Vargas para asegurarse los votos de algunos liberales, de algunos uribistas, de algunos peñalosistas, de algunos galanistas y de algunos votantes de muchos otros sectores que ven, o veían, en Vargas Lleras a un digno representante de sus idearios políticos y económicos.


Pero la jugada se le salió de las manos a Santos. Ahora, y desde que inició el diálogo con Las Farc, Vargas ha sido una piedra en el zapato. Y no digo que el vicepresidente sea el único que tenga reparos al acuerdo, sino que es el único, al menos en las altas esferas del ejecutivo, que ha expresado su incredulidad ante el proceso de diálogo. Esa misma incredulidad que tenemos casi todos los colombianos, pero que viniendo del vicepresidente ha erosionando el acuerdo, y ha contribuido a la derrota del mismo en el plebiscito.    Vargas Lleras jugó a mantener los votos del Sí y los del No, los votos de Santos y los votos de Uribe, los votos de Peñalosa y los de Petro. Al no definirse hacia un lado o hacia otro, al no apoyar decididamente las negociaciones y el Acuerdo de La Habana, Vargas intenta asegurarse la Presidencia en el 2018, y a esto ha contribuido Santos con la creación de esa súper vicepresidencia que desde el 2014, él y Germán Vargas decidieron armar.



Ahora bien, en una acción sin precedentes, Germán Vargas no sólo ha decidido oponerse al acuerdo con Las Farc, y pescar en río revuelto, como lo hizo públicamente pocos días después de los resultados del 2 de octubre mostrando sus inconformidades con el acuerdo, sino que ahora llama a la movilización ciudadana en contra de su propia administración. Ayer, jueves 27 de octubre, el vicepresidente estaba entregando viviendas de interés social (este tipo de vivienda y la construcción de vías han sido sus caballitos de batalla para llegar a la Presidencia en las próximas elecciones), e hizo una llamada a la gente a movilizarse en contra de la reforma tributaria que ha sido radicada en el Congreso recientemente porque, dice él que, y probablemente sea cierto, “este nuevo gravamen conduciría a hacer mucho menos atractiva la construcción de vivienda de interés social”; y agregó: “Todos los colombianos que se han beneficiado de este programa salgan [sic] a decirle al Congreso de la República que le ponga más atención a las normas que van a acabar con la política de vivienda de interés social”.  Y no es que yo esté de acuerdo con la reforma tributaria, estoy en contra de la misma. El asunto es que él no puede salir a oponerse a su jefe directo de manera pública sin haberlo discutido previamente con él y con el ministro de hacienda. 



Muchos que apoyen al hoy vicepresidente dirán que no tengo pruebas o que formulo calumnias, pero las pruebas de su actuar son visibles para todo el país y la opinión pública, y es por esas actuaciones y las razones que mencioné previamente, que considero que Vargas Lleras no sólo es un delfín, sino que además es un oportunista.

@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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