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jueves, 22 de septiembre de 2016

El Testimonio de una Víctima del Conflicto

Por Francisc Lozano*


Los niños celebran la paz en Colombia. Todas Las Sombras. Fuente:http://todaslassombras.blogspot.com/2016/09/el-testimonio-de-una-victima-del.html
Los niños celebran la paz. Fuente: Telesurtv.net

El pasado jueves 8 de septiembre, en horas de la noche, tuve la oportunidad de conversar con Antonio Pérez**. Yo me sentaba en el comedor de mi casa en una noche clara de verano en México y él, al mismo tiempo, pero a 3.450 km de distancia, se disponía a sentarse frente a su computadora en una noche típica bogotana para responder a mis preguntas.

Antonio es un joven meteño (Cubarral, Meta) que desde que era muy chico se trasladó al departamento de Caldas. Allí, en Manzanares, vivió gran parte de su infancia junto a sus padres en una finca. El resto de la historia nos la contará él, a continuación:



Francisc Lozano: ¡Antonio, por favor cuéntenos parte de su historia!


Antonio Pérez: Yo nací en Cubarral, Meta. Tengo 28 años. Cuando era muy pequeño nos trasladamos a Manzanares para buscar mejores oportunidades económicas para nuestra familia. En Manzanares estudié y después me trasladé a Bogotá desde hace 7 años. Soy administrador de empresas y trabajo para una organización con varios ingenieros eléctricos y electrónicos, pero yo me dedico a la parte comercial, principalmente. Además de eso, tengo una niña.

Francisc Lozano: ¿Por qué se vinieron del Meta?

Antonio Pérez: Allá trabajábamos en una finca ganadera, pero la situación económica de nuestra familia no era muy buena. Mi mamá es de Manzanares, y mi papá ya había vivido en ese lugar, así que decidimos irnos para ese municipio caldense.

F L: ¿Qué edad tenía cuando llegaron a Manzanares, Caldas?

A P: Tres años.

F L: ¿Qué es lo que más recuerda de su infancia?

A P: Mi familia nunca ha tenido una posición económica ostentosa. Yo recuerdo que para llegar a la escuela teníamos que caminar una hora, entonces pasábamos por los caminos rurales, veíamos las casas en las que se cocinaba con leña, el olor del campo. Eso es lo que más recuerdo, el olor a tinto, a leña y las arepas. Yo no recuerdo mi infancia como algo trágico, sino como la experiencia de haber crecido en el campo.

F L: ¿Cuál era la situación de orden público en Manzanares?

A P: Después de los 12 años yo ya no vivía en Los Planes, sino en Llanadas (Manzanares). Ese lugar es un corredor estratégico que se disputaban la guerrilla y los paramilitares. Así que, si uno se quería trasladar a otro lugar, uno tenía que pedir permiso. En las noches uno no podía andar sin linterna, porque corría el riesgo de que lo mataran. La advertencia de la guerrilla y de los paramilitares era: “si no andan con linterna, no respondemos porque no sabemos quiénes sean” … La situación era muy complicada. Muchos de mis compañeros de salón se unieron a los paramilitares y a la guerrilla porque eran los únicos que les ofrecían una opción diferente al desempleo.

F L: ¿A quién se le pedía permiso para poderse desplazar de un lugar a otro?

A P: Uno tenía que pedir permiso para poder desplazarse de un lugar a otro y decir a dónde iba y cuánto tiempo se iba a quedar. El permiso se le pedía a la guerrilla (Las Farc) o a los paramilitares.

F L: ¿Había presencia del ejército en esa localidad?

A P: Sí, pero a veces era peor que llegaran porque se corría el riesgo de que se iniciaran combates y la población quedara en medio. Así que eso aumentaba la posibilidad de que hubieran enfrentamientos. 

La policía se dedicaba a mediar los conflictos entre la gente del común solamente.



F L: ¿Realizó el Ejército algún tipo de delitos contra la población?

No que yo sepa. Yo nunca escuché al respecto. No hubo delitos, pero algunas niñas sí quedaron embarazadas y probablemente los padres nunca respondieron por los niños. Esas niñas generalmente tenían 14 o 15 años, entonces eso es pobreza sobre la pobreza…

F L: ¿Conoció usted a miembros de las guerrillas y los paramilitares?

A P: Sí, como le decía antes, algunos de mis amigos terminaron siendo guerrilleros, otros paramilitares y algunos más policías o soldados. Yo recuerdo a uno que fue paramilitar y está en la cárcel, pero no sé por qué. De los otros no sé mucho. A veces converso con los que están en La Policía.  Dos personas más trabajaban como informantes para los grupos ilegales, y a uno de ellos lo mató la guerrilla porque él trabajaba para los paramilitares. Las Farc llegaron hasta donde se encontraba cogiendo café y allá lo asesinaron. Ese día nosotros escuchamos los tiros y sólo dijimos: “¿A quién matarían?”, y no porque uno quisiera que mataran a alguien, sino que era tan común que se perdió la sensibilidad de la gente. Colombia se volvió insensible por tantas muertes que hemos visto. Ese día nos estábamos tomando un chocolate con pan y nos encontramos en la calle a su mamá llorando porque le habían asesinado a su hijo. Los paramilitares pasaron de evitar que la gente robara a ser sicarios y a asesinar personas porque no los querían. Muchos eran inocentes, pero a ellos no les importó.

F L: ¿Alguien de su familia o su grupo de amigos sufrió por causa del conflicto armado?

A P: Cuando yo estaba en el colegio, estaba en 10º, al lado del colegio había una construcción de un amigo, Ómar Santa se llamaba… Él sacaba arena del río y estaba construyendo una casa muy bonita al lado del colegio. El caso es que él estaba en la terraza de la casa, yo estaba en clase de religión y había salido a la puerta a hacer desorden o a ver quién pasaba. Yo vi que llegó una moto, una DT, y Omar empezó a bajar unas escaleras de guadua. El señor de la moto se bajó, sacó un revólver y le pegó dos tiros a Ómar Santa. Ómar Santa cayó al suelo; yo me entré; todo el mundo entró en pánico porque la casa de él quedaba a 5 metros del colegio. Todos nos agachamos, y después empezamos a mirar por un hoyo que tenía la puerta del salón. Resulta que el señor recogió a Ómar Santa, se lo montó al hombro y se fue caminando hacia la casa de Ómar, donde vivía con su esposa, la mamá y su hijo de un año. Lo tiró como a media cuadra de su otra casa y ahí lo remató. Le pegó otros tres tiros… Fue impactante porque era un amigo de toda la vida, y no sólo eso, lo peor fue escuchar a la mamá y a la esposa cómo lloraban por la pérdida de Ómar. De ese calibre era la situación en Manzanares…

F L: ¿Quiénes fueron los precursores de la violencia en Manzanares?

A P: La violencia empezó con los conservadores y los liberales en los años 50. Entre Manzanares y Marquetalia hubo una masacre horrible en 1969. Yo no recuerdo en este momento el número exacto de personas, pero creo que fue algo así como 39 personas. Interceptaron un bus e iban llamando a las personas y decían: “esta persona es de tal grupo político, ¡mátenla!”; “esta otra es de tal grupo, ¡mátenla!”; “esta es del otro grupo, ¡déjenla viva!...

Después llegaron los paramilitares para mantener la seguridad (evitar robos y proteger a los campesinos). A ellos les siguieron las guerrillas, que también querían parte de ese territorio estratégico; e intentaron llegar Las Águilas Negras y Los Rastrojos, pero no lograron consolidarse. La guerra se ha sufrido desde la era de la violencia de los partidos políticos hasta que nos adentramos en la actualidad.

F L: ¿Por qué se fue de Manzanares?

A P: Esa es otra historia triste. Yo trabajaba en el 2001 con un programa que se llamaba “Clubes Juveniles”. Terminé siendo el líder del grupo. Cuando terminé el colegio, trabajé con el ICBF y con Unicef, la GIZ y el Programa Presidencial Colombia Joven en un proyecto de paz. Me convertí en el asesor regional del proyecto. Nosotros trabajábamos con jóvenes y a los paramilitares y la guerrilla no les convenía que nosotros mostráramos una opción diferente a los muchachos. Un día recibí una llamada en la que me dijeron “oiga, Antonio, lo que pasa es que el trabajo que usted está haciendo no nos gusta y entonces le damos dos opciones: o deja de trabajar o se va del pueblo.” Yo pensé que era alguien haciéndome una broma, entonces le colgué y listo. Unos días después yo estaba trabajando con unos compañeros del proyecto, y salimos a hacer un trámite. Cuando volvimos, la casa estaba revolcada, y me llamaron y me dijeron: “oiga, hermano, usted sí es muy de buenas. Fuimos por usted y no lo encontramos, pero le dejamos un regalito”. En ese momento yo me di cuenta que el tema era en serio. Un tiempo después yo estaba en La Dorada, y me volvieron a llamar. Esta vez me expresaron lo siguiente: “Usted no ha querido hacer caso. Sabemos que está en La Dorada en esta parte, y vamos a ir por usted.” Yo me quedé pálido y la persona que estaba a mi lado me preguntó que pasaba. Yo le conté y me dijo, “¡nos vamos ya!”. Entonces se subió a la camioneta y me llevó hasta Manzanares con un par de escoltas. Yo le dije que me iba a ir. Empaqué y el día siguiente tomé un bus hacia Bogotá, y esa es la razón por la cual vivo hace 7 años en esta ciudad. Por un atentado y una amenaza.

F L: ¿Sabe algo del Acuerdo entre el Gobierno y Las Farc?

A P: Yo creo que hay muchas versiones encontradas. Sin embargo, para mí el tema del Acuerdo de Paz es algo necesario, y es algo que Colombia debió haber hecho hace mucho tiempo. Ruanda, Afganistán, muchos países han hecho procesos como estos porque ven que la guerra no le trae nada bueno al país, no le trae nada bueno al territorio. Porque finalmente andar agarrados unos con otros y andar matándose unos a otros es un tema que no tiene razón de ser; es algo que no tendría que ser así. Además, quien queda en la mitad del conflicto no son los paramilitares ni la guerrilla, sino la población civil. No digo que ellos no sufran, no. Alguien me decía “es que hay que matar la guerrilla; hay que matar a los paramilitares”. ¿Cómo es posible? O sea, una muerte pesa del lado de allá y de acá. Es una muerte, al fin y al cabo. Algo que no tiene sentido.

F L: ¿Qué opina de ese acuerdo?

A P:  Para mí el acuerdo de paz en este momento es lo mejor que le puede pasar a Colombia, y yo sueño con el acuerdo de paz. Yo estuve en medio del conflicto armado; yo viví en carne propia la barbarie, el tema de la sangre derramada de personas inocentes; como desalojaban a las personas y éstas tenían que dejar las tierras. Me parece que, aunque no estoy de acuerdo totalmente con las 297 páginas que tiene el Acuerdo de Paz y los micos que pueda tener, yo creo que hay que tratar de perdonar, y sobre todo pensar en que no es para mí, es para mi hija que tiene 11 años y que le queda una vida por vivir, y que yo no quiero que viva lo que yo ya viví. Para mí el Acuerdo de Paz tiene que hacerse. Es algo por lo cual Colombia se la debe jugar y a lo que le debe apostar. “Yo prefiero una paz a medias que una guerra completa”, como dicen por ahí y en eso estoy completamente de acuerdo.

F L: ¿Cómo va a votar en plebiscito y por qué?

A P: Voy a votar sí. Si pudiera votar 10 o 20 veces, 10 o 20 veces votaría sí.

F L: ¿Por qué una víctima del conflicto decide perdonar a quienes le hicieron tanto daño?

A P: Porque a mí ya me pasó. Yo ya lo viví y sé lo que es tener que andar de un lado para otro con una linterna después de las 6 de la tarde y pedir permiso para moverse de un lado a otro porque si no lo van a matar. Tener que pagar vacuna; tener que ver a amigos y familiares enterrados porque están en medio de una guerra. Yo ya lo viví, y yo no quiero que mis hijos y mis nietos vivan lo mismo que yo viví. Yo prefiero perdonar a quien lo hizo y decir: “Ya lo hizo, ya pasó…” Yo prefiero perdonar para que eso no siga sucediendo. No hay que pensar en el inmediatismo. Pensemos en los niños que vienen ahí creciendo. Porque el futuro es para ellos y yo quiero dejarles algo mejor de lo que yo tuve. Por eso prefiero perdonar y seguir adelante.

F L: ¿Qué mensaje le quiere dar a los colombianos ahora que se acerca el Plebiscito?

A P: Son respetables las posiciones del SÍ y del NO. Cada quien tiene su posición frente al tema y si la gente considera que debe votar no, yo no tengo problema con eso. Sin embargo, el mensaje que yo les dejo es “no piensen en lo que han vivido, no piensen en el odio. Piensen en el país que van a dejar para sus hijos. La vida no se acaba ahora, la vida no se acaba cuando uno muere. La vida continúa. Uno deja de existir, pero la vida continúa y hay que dejar algo mejor de lo que yo encontré. Y hay que perdonar. A veces uno se carga de odio, y eso lo paga uno todos los días, y está pesado porque no ha perdonado. Y la vida sigue. El Sol no se ha puesto por última vez. Piensen muy bien si los hijos merecen el sí o el no. Porque no sólo me va a afectar a mí, los va a afectar a ellos.”  





@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano


**Antonio Pérez no es el nombre real del entrevistado. Antonio Pérez es un seudónimo utilizado en esta entrevista con el fin de proteger la identidad y mantener la seguridad de la víctima.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El Perdón de Eva Kor

Por Francisc Lozano*


Eva Kor en el campo de concentración de Auschwitz. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/09/el-perdon-de-eva-kor.html

Eva y otros sobrevivientes de Auschwitz. Tomada de Furtherglory.wordpress

En 2015, Eva Kor realizó una acción inesperada: Se acercó a Oskar Gröning, quien está acusado y condenado por su complicidad en las acciones que los nazis realizaron para erradicar a los judíos de la faz de la tierra en Auschwitz, le dio la mano. Le preguntó cómo estaba, le dijo que lo perdonaba por ser cómplice de la muerte de toda su familia, y le abrazó delante de todos los presentes. Esta acción le trajo complicaciones con otras víctimas de los nazis. 

 

No obstante, Eva se mantiene serena y firme en sus convicciones. "¿Para qué sobrevivir a todo si vas a querer estar triste, enojada y herida? Eso es ajeno a quien yo soy. No entiendo por qué el mundo está mucho más dispuesto a aceptar una arremetida iracunda en vez de aceptar la amistad y la humanidad”, diría en una entrevista en su casa en USA.

Su ejemplo y tenacidad son un faro de luz en un mundo lleno de oscuridad.

 




@Franzlozano






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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano



miércoles, 7 de septiembre de 2016

El Enterprise pierde fuelle. Star Trek: Sin Límites

Por Andrés Rodelo*

Mr.Spock/Star Trek. https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/09/el-enterprise-pierde-fuelle-star-trek.html   
Spock. Fuente: progressiveenforcer.deviantart.com
Lo mejor (para los grandes estudios) y lo peor (para el público) es que un blockbuster encuentre los huevos de la gallina de oro. Cuando estas superproducciones consiguen balancear la ambiciosa disyuntiva de éxito comercial y de crítica (cada vez más perseguida, un síntoma saludable), Hollywood aprovecha para sacudirse el polvo de la mala reputación que ensucia su lujoso vestido y sentencia a los cuatro vientos: “¡Entretengo, pero también soy artista!”.


Y claro, nosotros lo celebramos, especialmente quienes declaramos que el cine crispetero puede alcanzar altas cotas de calidad. Es allí cuando señalamos los carteles de las películas con pasión en Internet y gritamos a los mamertos: “¡Miren esta joya!, ¡recapaciten ya!”. Luego Hollywood, embriagado por rentabilizar la mitología que tanto gustó, ordena: “Hagamos una secuela. La gente lo quiere”, y ahí es donde el aplauso del fan (por lo menos el mío) se detiene.

Se detiene no porque, necesariamente, la secuela vaya a ser mala, sino porque la experiencia nos indica que prolongar las sagas hasta el exceso las vuelve predecibles. Cada secuela explota la fórmula exitosa de la anterior (¡los malditos huevos de oro!) hasta que la novedad se va por el desagüe, hasta que todo cae en un bucle agotador de déjà vus. De ahí la retromanía enfermiza que hoy nos invade. Claro, hay excepciones, pero esta regla campa a sus anchas en Hollywood.


Esto es lo que ocurre con Star Trek: Sin Límites, la tercera entrega del relanzamiento de la mítica saga televisiva ideada por Gene Roddenberry, que inició su andadura en el 2009 con Star Trek, seguida en el 2013 por Star Trek: En la Oscuridad, dos películas soberbias, que se apropiaban del material original para llevarlo por otros derroteros, haciendo de la aventura intergaláctica y de la caracterización (encantadora) de los personajes su piedra angular.


Las circunstancias que rodearon la producción de Sin Límites anticipaban un cambio, era difícil saber qué cambiaría, pero algo no sería igual: primero, J.J. Abrams, el director de las primeras dos cintas, daba un paso al costado y llegaba Justin Lin en su reemplazo; segundo, el actor Simon Pegg, quien interpreta al personaje de Scotty, asumía el rol de guionista junto con Doug Jung. Por más que algunos se empecinen con que Hollywood hace las películas como fabricando salchichas, es hora de que tomen consciencia de que los creativos, la gente involucrada, marca la diferencia.

Personalmente, iba a bordo de una montaña rusa de ensueño: fascinado por la primera estación (Star Trek) y asombrado de que la segunda catapultara la excelencia ya demostrada hasta lo más alto (En la Oscuridad) para luego caer en un descenso (Sin Límites) que no me provocó náuseas ni vértigo, sino desinterés, apatía, una experiencia poco memorable, que pasó por mi lado sin siquiera rozarme.


Star Trek Beyond: https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/09/el-enterprise-pierde-fuelle-star-trek.html 
Star Trek: Beyond. Fuente: flickr.com

Por un lado, la trama central es un eco constante de las anteriores: la amenaza del terrorista exiliado, que otrora fue bueno y ahora quiere cebarse con la utopía de la Federación, y lo más imperdonable: que se deshaga del espíritu que puso en mi corazón las entregas previas: la comedia de enredos, los mágicos desencuentros entre los personajes, esa perspectiva desde la cual la obra es inconcebible sin el encanto de sus protagonistas. Aquí las relaciones se sienten frías, aburridas, diplomáticas y, por ende, las caracterizaciones, fallidas, dan una sensación de vacío, de entes acartonados.


Que no se entienda como un apego irracional a las esencias, el problema es que la nueva propuesta no cuaja. Los chistes dan pena y extrañé las carcajadas que me provocó la saga antes, convertidas ahora en risas desganadas. Quizás, el único momento de magia sea el musicalizado por Sabotage, de los Bestie Boys. Lo demás avanza en piloto automático, lo que es imperdonable si manejas los mandos del Enterprise.


@elrodelo

 

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*Andrés Rodelo (1988): nació en Ciudad Bolívar, Antioquia. Estudió periodismo en la Universidad de Manizales, donde descubrió su amor por el cine mientras coordinaba el Cineclub Cinéfagos. Escribe para medios como la revista Kinetoscopio, la Revista Online Ocho y Medio y el suplemento cultural Papel Salmón, del diario manizaleño La Patria. Coordina el Cineclub Estúpido de Manizales. En enero de 2013 participó en el VII Taller de Crítica Cinematográfica del Festival de Cine de Cartagena, en el que fue distinguido con la publicación de una crónica suya en el diario del certamen. Dirige también el programa radial Cinerama, de la Gobernación de Caldas. @elrodelo



martes, 30 de agosto de 2016

¿Por qué Eva Kor perdonó a los asesinos de su familia?

Por Francisc Lozano*

Eva Mozes Kor. https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/08/por-que-eva-kor-perdono-los-asesinos-de.html

Eva Kor en la oficina de su fundación. Tomada de: Wikimedia.org

Eva Mozes Kor podría ser una abuela europea cualquiera. A simple vista, uno podría suponer que es la madre de Milla Jovovich o de Novak Djokovic. Pero Eva no es una mujer cualquiera: tiene 82 años y nació en Protz, Rumania. Hasta aquí nada fuera de lo común. Eva, no obstante, tiene una gran historia que contar. La señora Kor vino al mundo en 1934. Cuando su madre dio a luz, los médicos se percataron de que Eva no había venido sola al mundo: Junto a Eva llegó Miriam, su hermana gemela. Los padres de ambas eran judíos en una época en la que el antisemitismo empezaba a crecer en Europa y particularmente en Alemania y su zona de influencia.



Miriam y Eva Mozes. https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/08/por-que-eva-kor-perdono-los-asesinos-de.html
Miriam (izquierda) y Eva Mozes. Fuente: dailymail.co.uk


Siendo unas niñas, cuando vivían en Hungría, Eva cuenta que, en la escuela: “aprendíamos aritmética siendo preguntados: “Si tuvieras cinco judíos, y mataras dos, ¿cuántos te sobrarían?””. “A los chicos se les enseñaba a odiar y se les recompensaba por ello. Mis compañeros de juegos se convirtieron en mis torturadores”, agrega.


A la edad de 10 años, Eva, Miriam y el resto de su familia fueron trasladados al campo de concentración de Auschwitz en Polonia. Por el hecho de ser hermanas gemelas, Miriam y Eva fueron seleccionadas para la realización de experimentos “médicos” en humanos. Tras unos años en el campo de concentración, los padres de Miriam y Eva fueron asesinados en cámaras de gas por los nazis. También fueron parte del genocidio sus dos hermanas mayores. La única razón por la que tanto Eva como su hermana fueron mantenidas con vida era por la ventaja que representaban para las ciencias de la salud el hecho de ser gemelas. El médico Josef Mengele, reconocido galeno y prominente pensador y precursor de la ideología nazi, estuvo a cargo de la experimentación en ellas y en otros cientos de niños y adultos que profesaban el judaísmo, las personas que se habían definido a sí mismas o que habían sido categorizadas como no heterosexuales y otros seres humanos que padecían enfermedades o malformaciones. A todas estas personas se les aplicaron métodos de tortura para determinar qué cosas podían y no podía resistir los humanos, qué venenos eran más potentes que otros y cómo era más eficaz el asesinato de seres humanos. Todos estos hechos macabros e indecibles fueron ordenados por Mengele.


Niños en el Campo de Concentración de Auschwitz, Polonia. https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/08/por-que-eva-kor-perdono-los-asesinos-de.html
Niños en en el campo de concentración de Auschwitz, Polonia Wikimedia

Con la llegada de las fuerzas aliadas, el derrocamiento de Hitler y la finalización del Tercer Reich, Miriam y Eva fueron rescatadas y auxiliadas por la comunidad internacional. En 1950, recibieron visados israelíes y se trasladaron a ese territorio, donde se unieron a una comunidad en la que habitaban huérfanos, principalmente. Y tiempo después se unieron al ejército de ese territorio. En Israel, Eva conoció al hombre que después se convertiría en su esposo: Michael Kor. Eva y Michael se casaron y se fueron a vivir a USA. 


Cuarenta años después de la liberación de Auschwitz, Eva y Miriam, junto a muchos otros judíos, llevaron a cabo un juicio simbólico en contra de Mengele en el campo de concentración.





Como resultado de los tortuosos experimentos desarrollados en ellas, Miriam y Eva desarrollaron graves enfermedades en su adultez. Los riñones de Miriam nunca crecieron y en 1993 falleció a causa de un tipo de cáncer muy raro, que pudo haber adquirido gracias a los horrendos tratos a los que se vieron sometidas por Mengele y sus secuaces. Eva, por su parte, sufrió varios abortos naturales, ocasionados por los experimentos que le practicaron en el campo de concentración de Auschwitz, y tuberculosis. 


El año pasado, Eva fue noticia a nivel mundial. Durante un juicio que se le celebraba a Oskar Gröning -conocido como “el Contador” por estar encargado de las finanzas -, exsargento de la Schutzstaffel (o la SS, como generalmente se le conoce) por su complicidad en el genocidio perpetrado por los nazis en Auschwitz, en un hecho revolucionario, Eva anunció públicamente que perdonaba a Gröning. Pero esto no fue suficiente para Eva. Después de ofrecer su perdón a viva voz, se acercó a Oskar, le preguntó si estaba bien, le susurró unas cuantas palabras más al oído y le abrazó. Oskar, quien se veía visiblemente sorprendido, retornó el gesto de cariño.



Eva Kor y Oskar Gröning en el juicio contra los nazis. Fuente: http://i.dailymail.co.uk/i/pix/2015/04/25/01/27F1505900000578-3053685-image-m-2_1429921719130.jpg
Eva Kor y Oskar Gröning en el juicio en el que se declaró culpable a Gröning 


Para cualquier espectador desprevenido, esa escena representaría el encuentro de dos viejos amigos: Eva, de 81 y Oskar, de 94. Y aunque son dos viejos conocidos, nunca fueron amigos. Fueron víctima y victimario.  Muchos de los asistentes, víctimas y no víctimas del Holocausto Judío, se mostraron en contra de la actitud de Eva y rechazaron el perdón que ella estaba ofreciendo. 49 de los sobrevivientes del Holocausto han intentado demandarle por su acción hacia Gröning.



Cuando le preguntaron a Eva qué había sentido al abrazar a Gröning, ella respondió: “Yo estaba un poco pasmada”, y continuó con los siguiente: “Pero fue mucho más agradable que habérmelo encontrado en Auschwitz. Él me hubiese agarrado en ese entonces para otro propósito”.  Y finalmente concluyó diciendo: “Creo genuinamente que le caí bien. Yo vi en sus ojos mucho cariño, amor y tristeza por haber sido parte de todo eso”.



"No entiendo por qué el mundo está mucho más dispuesto a aceptar una arremetida iracunda en vez de aceptar la amistad y la humanidad".


En el momento en el que Eva fue cuestionada por el perdón que ofreció a Gröning, ella, de manera muy pausada, dijo: “Debemos entender mi perdón como el derecho que tiene una víctima a ser libre. Tú no puedes estar libre de lo que te hicieron a ti, a menos que remuevas de tus hombros la carga diaria de dolor e ira, y perdones a los nazis – no porque ellos merezcan ser perdonados, no, sino porque yo lo merezco-”.  En una entrevista concedida desde su casa en Indiana, Eva añadió: “¿Para qué sobrevivir a todo si vas a querer estar triste, enojada y herida? Eso es ajeno a quien yo soy. No entiendo por qué el mundo está mucho más dispuesto a aceptar una arremetida iracunda en vez de aceptar la amistad y la humanidad”.


Los colombianos, hoy como nunca antes en nuestra historia, deberíamos seguir la filosofía de Eva Kor. Ella, a pesar de todo lo que ha sufrido, decidió perdonar a sus victimarios, a los asesinos de sus padres y hermanas, a los verdugos suyos y de su amadísima hermana Miriam. Creo que Colombia tiene que perdonarse a sí misma y perdonar a los perpetradores de todos los crímenes que hemos vivido. No porque los perpetradores merezcan el perdón de sus víctimas, no, sino porque los demás debemos dejar esa carga a un lado para ver hacia adelante y construir un futuro mejor.



No darle la oportunidad al diálogo con Las Farc es quedarnos viviendo en ese pasado tortuoso que lo único que ha hecho y seguirá haciendo es anclarnos al odio, al dolor y a la violencia. Hoy nace una nueva Colombia, un país que le abre los brazos al perdón y a la reconciliación, una Colombia que puede esperar ver a sus hijos crecer en paz. Está en manos de los colombianos decirle Sí al porvenir y no al odio y el rencor. Está en las manos de los colombianos decirle Sí a ese nuevo mundo que entre todos podemos construir.




 

@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano

domingo, 21 de agosto de 2016

No me gustan las series*

Por Andrés Rodelo**



Walter White/Jesse Pinkman from Breaking Bad tomado de: http://craniodsgn.deviantart.com/art/Breaking-Bad-312313101
Walter White & Jesse Pinkman. Fuente: http://craniodsgn.deviantart.com/

No veo series, o más bien he visto pocas (cortas, sobre todo) y no son, precisamente, las que se apoderan de las charlas de cafetería, recesos en el trabajo o apasionadas discusiones en medio de una borrachera sobre si el regreso de Jon Snow estuvo o no a la altura de lo esperado. ¡No he visto ni un episodio de Juego de Tronos! (para muchos, una abominación en estos tiempos de seriesífilis), pero me entero de la existencia de estos personajes por las menciones (omnipresentes) que se hacen de ellos, especialmente al estrenarse cada temporada, cuando todos están muy (¡muy!) obsesionados con comunicarlo al mundo.
Es que es inevitable no enterarse, de verdad. Son como el nuevo hit del verano que retumba en todas partes hasta que, involuntariamente, terminas memorizando la letra sin que hayas tenido la mínima intención de hacerlo; un fenómeno con poder multiplicado por la fiebre de Internet, que se filtra por las paredes de tu subconsciente hasta el punto de que nombres como Walter White, Rick Grimes y Daenerys terminan siendo familiares y, a su vez, completamente desconocidos. 
Game of Thrones. Fuente:https://c1.staticflickr.com/1/316/18679295525_f39cc1bc70_z.jpg




























Game of Thrones. Tomada de: www.flickr.com

No veo series porque son esclavizantes, demandantes y porque ya no poseo la disposición de enfrentarme a un episodio tras otro como lo hacía a mis 12 años, aferrado al televisor mientras los capítulos de Fullmetal Alchemist, por ejemplo, desfilaban por mis retinas. A juzgar por el éxtasis desenfrenado y el paroxismo con el que muchos amigos me hablan de ellas, he llegado a pensar que verlas es algo como: “Toma tu mejor orgasmo, multiplícalo por mil y aún así estarás lejos de lo que se siente cuando te inyectas heroína”, tomando esta frase de Trainspotting, de Irvine Welsh, como punto de partida para entender la adicción que producen. “Parce, me tiene embazucado esa serie”, me dijo alguna vez un amigo.

Breaking Bad/Walter White. Fuente: http://kingjoeg.deviantart.com/art/Breaking-Bad-I-am-the-danger-328002796
Breaking Bad by kingjoeg

Personalmente, he mantenido distancia con esta jeringuilla, también porque me gustan más las películas: me someto a un visionado de 3 horas como máximo y la experiencia culmina, adquiero plena consciencia del universo que plantea y puedo pasar a otra cosa. Claro, están las sagas, pero en la mayoría de los casos aguardan por mí en el futuro, dos o tres años, el tiempo promedio que les toma a los grandes estudios hacerlas. Es decir, puedo hacer muchísimas cosas más mientras se estrena la próxima entrega. O si la comencé tarde es probable que deba ver unas cuantas secuelas, cuyas duraciones no se comparan ni por asomo con las que tienen las series de hoy.

Hoy, si no viste Juego de Tronos desde el comienzo y quieres enterarte de quién es el archimeganombrado Jon Snow, ¡pues tienes 67 episodios por delante, amiguito!, que duran entre 50 y 67 minutos cada uno, lo que vendría siendo, más o menos, 4.020 minutos de tu preciado tiempo. ¿De verdad, tanto tiempo?, ¿no puedo hacer algo más?, ¿puedo leer un libro?, ¿puedo ir al baño, aunque sea?, ¿puedo comer? Hay quienes tienen tiempo de sobra para hacer muchas cosas más, aunque de entrada ya parece un esfuerzo ¡bastante grande! y que te mantendrá ocupado un rato largo.

Con las películas las ves y te sales de ellas, saltas a otra cosa para no enloquecer por la saturación. ¿Estás viendo Alien?, ¿qué tal una peli de Cassavetes cuando termines?, ¿ya acabaste? Pasemos a Depredador y luego a Gritos y Susurros. Esta sensación de refrescarse permanentemente y de estar viendo cosas que no se parecen en nada es lo que me mantiene cuerdo. ¿Una maratón de una serie de 121 episodios como Lost? Mis sentidos explotan. Variar y variar es un placer.

Jon Snow/Game of Thrones. Tomada de: commons.wikimedia.org
 Jon Snow. Fuente: www.commons.wikimedia.org

Este, más que un ataque, es la percepción de alguien que no tiene la paciencia para seguirle a las series su ritmo exponencial. Espero que alguien se sienta identificado, sobre todo en un panorama en el que quienes no las vemos somos una minoría. Ustedes, como yo, sabrán lo que es sentirse aislado cuando tus amigos hablan del último episodio de Penny Dreadful, House of Cards o Mr. Robot y lo que es intentar iniciar una conversación sobre El Demonio Neón, la última peli de Nicolas Winding Refn, y que te miren con cara de: “¿de qué mierda estás hablando?”. Ese es el poder de las series de hoy.

Admiración para quienes se enfrascan en ellas y las despachan a una velocidad apabullante. Insisto: esta pataleta, muy personal, está al margen de la calidad artística que posean y va encaminada a desvelar que muchos no tenemos la dedicación de estar un largo tiempo en contados lugares, pues preferimos estar en muchos más y solo por unos instantes. En este caso, como también lo dijo en su momento el crítico argentino Hernán Panessi a propósito de este tema: “Prefiero tocar cien culos diferentes que el mejor culo del mundo”.

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*Este artículo apareció inicialmente en: http://www.lapatria.com/blogs/el-blog-estupido/no-me-gustan-las-series y se reproduce en este espacio bajo la autorización del autor.


**Andrés Rodelo(1988): nació en Ciudad Bolívar, Antioquia. Estudió periodismo en la Universidad de Manizales, donde descubrió su amor por el cine mientras coordinaba el Cineclub Cinéfagos. Escribe para medios como la revista Kinetoscopio, la Revista Online Ocho y Medio y el suplemento cultural Papel Salmón, del diario manizaleño La Patria. Coordina el Cineclub Estúpido de Manizales. En enero de 2013 participó en el VII Taller de Crítica Cinematográfica del Festival de Cine de Cartagena, en el que fue distinguido con la publicación de una crónica suya en el diario del certamen. Dirige también el programa radial Cinerama, de la Gobernación de Caldas. @elrodelo