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jueves, 24 de noviembre de 2016

Un tiro en el pie

Por Francisc Lozano*


Humberto de la Calle, Luis Carlos Villegas, Álvaro Uribe, Holmes Trujillo, Óscar Iván Zuluaga, Mauricio Lizcano, Rangel, Iván Duque,  Equipo Negociador, Todas Las Sombras, http://todaslassombras.blogspot.com/2016/11/un-tiro-en-el-pie.html
Equipo negociador y algunos promotores del No.  Fuente: Presidencia.gov.co


Con el paso del tiempo, los juicios sobre las decisiones tomadas en un pasado “lejano” se pueden realizar con mayor precisión, y objetividad, quizá. Hoy sabemos que el plebiscito fue un error, pero no lo sabíamos hace dos meses. No obstante, creo que Santos confiaba de verdad en el hecho de que el fin del conflicto se sobrepondría a cualquier diferencia que los colombianos tuviéramos con él y su gobierno, y obviamente se equivocó. Ya sabemos muchas de las razones para su fracaso: su poca favorabilidad entre nosotros; el poder de convicción de Uribe y sus secuaces, y su capacidad para mentir y engañar a personas incapaces de ver una mentira aunque se la pongan frente a los ojos; el odio que generan Las Farc en muchos colombianos y la incapacidad para perdonar sus fechorías; la falta de una cultura de lectura de los habitantes de este país; la dejadez de más de 21 millones de colombianos que no votaron; la incapacidad del Gobierno y los partidarios del Sí para convencer a quienes no creían en el acuerdo; las decisiones tardías de Las Farc para hablar de reparación económica y pedir perdón por sus crímenes; y un verdadero convencimiento de algunos que votaron No de que ese acuerdo no era conveniente para el país, entre otras. Hoy sabemos que, con el plebiscito, Santos se pegó un tiro en el pie.


Por el lado de la “oposición”, o sea, del Centro Democrático, esta semana hemos escuchado una propuesta que parecería ser una panacea. Varios miembros de ese partido han dicho que proponen una revocatoria del Congreso porque, según dicen, esa institución "no representa al pueblo colombiano".  Yo, que siento que hay muy pocas personas que me representen en el Congreso (Jorge Robledo, Claudia López, Juan Fernando Velasco), diría “sí, ¡hagámoslo!”, pero el problema es que tengo por lo menos cuatro inconvenientes con la propuesta, y los expondré a continuación: La inviabilidad de la misma, la contradicción del CD, el favorecimiento a los terratenientes y financiadores del paramilitarismo y el desplazamiento forzado, y la mezquindad que elimina la posibilidad real de paz.  


Primero,  según dice un artículo de la Revista Semana, “en la Constitución Política no existe un solo mecanismo que permita revocar el mandato de los congresistas”. Por esa razón, la propuesta desde ya parece inviable e ilógica. No obstante, habrá que ver qué se inventan en el CD para buscarle “la comba al palo”. Ya sabemos que son expertos en mentir y engañar a personas ingenuas,  tal vez también sean capaces de revocar al Congreso. O tal vez junten el número necesario de firmas para que el mismo Parlamento se revoque a sí mismo, aunque eso sí que parece irreal. No creo que alguno de los congresistas vaya a votar contra sí mismo, pero ya veremos.


Segundo, la propuesta del CD es contradictoria. Hoy dicen que el Congreso no representa la voluntad del pueblo, y en muchos casos yo estoy de acuerdo con eso, pero hace dos años eran los más felices llegando al poder a través de una lista cerrada en la que la única cabeza visible era la de Uribe. Es decir, nadie sabía quiénes eran el resto de congresistas de la lista, pero todos llegaron a vivir del bolsillo de los colombianos sin ganarse su participación en política consiguiendo los votos de la gente con propuestas. No. Sólo tuvieron que acercarse a Uribe y esperar el resultado de las elecciones parlamentarias. Ahora que lo pienso, y aunque esos votos sí son de Uribe, no es muy diferente eso de la forma en la que Las Farc llegarán al Congreso (10 curules). Muchos dirán que Uribe sí tiene esos votos, y Las Farc no, y yo estoy de acuerdo. Esos votos son de Uribe, pero no de Valencia, Rangel, Cabal, Duque, Gaviria (José Obdulio), Guerra (María del Rosario), Gómez, Correa, Araújo, Castañeda, etc. Si quieren ver toda la lista, pueden seguir este enlace. Y sí, no los nombro a todos porque nadie los conoce.


Y la contradicción se centra principalmente en los siguientes hechos: Si el Congreso no representa al pueblo, como ellos dicen, ¿por qué no renuncian ellos a la fortuna que cada mes reciben gracias a nuestros impuestos y nos devuelven a los colombianos los más de 600 millones de pesos que cada uno de ellos ha obtenido durante estos dos años por ser parte del parlamento? ¿Por qué se esperaron dos años para llegar a esa conclusión o para hacerla pública? ¿Por qué la ilegitimidad existe para refrendar el Acuerdo de La Habana, pero no existió para que votaran a favor de la propuesta de congelar los salarios de los congresistas y no de disminuirlos como proponía Claudia López? ¿Por qué el parlamento es ilegítimo para la refrendación del acuerdo, pero no para debatir el proyecto de ley de Nohora Tovar, senadora del CD, que ha sido catalogado por muchas personas como una ley que va en contra de la restitución de tierras? ¿Por qué el Congreso es ilegítimo ahora, pero no fue ilegítimo cuando, permeado por la corrupción y comprado por los ministros Pretel de la Vega y Palacio, y Alberto Velásquez, aprobó la reelección de Uribe, que era a todas luces ilegal? La lista puede continuar, pero voy a concluir con esta pregunta: ¿Por qué cuando Uribe decía lo siguiente: “pedir a todos los congresistas que nos han apoyado que, mientas no estén en la cárcel, a votar las transferencias, a votar la capitalización de Ecopetrol, a votar la reforma tributaria” (se puede ver el vídeo en este enlace o en la parte inferior de este párrafo), el Congreso sí era legítimo, a pesar de que muchos de sus miembros terminaron en la cárcel, pero no lo es ahora que puede decidir sobre la terminación de un conflicto de más de 52 años?



                                           Uribe pide a los congresistas que le apoyaban, votar sus iniciativas antes de ir a la cárcel.


Tercero, la mayoría de cambios que se incluyeron en el acuerdo siguiendo las propuestas de los promotores del No, con el CD como principal actor, se hicieron para favorecer a los terratenientes de este país, a los impulsores del paramilitarismo y del desplazamiento forzado y, en fin, a los que se ven representados por Uribe y sus políticas acumulativas de tierra por cualquier medio, incluido el asesinato y el desplazamiento de personas. Se pueden leer algunos de los cambios en esta declaración que hizo Santos el 12 de noviembre. Uno de los principales retrocesos del nuevo acuerdo es que “el catastro –fundamental para formalizar la tierra—no modificará por sí mismo los avalúos de las tierras.”, en palabras de Santos, con lo que los terratenientes y empresarios agropecuarios que tienen tierras que no pagan los impuestos que deberían, seguirán haciéndole “conejo” al pueblo colombiano.


Cuarto, la propuesta del Centro Democrático tiene como base una mezquindad que quiere eliminar la posibilidad real de paz para Colombia.  Al CD no le interesa alcanzar una paz real, sólo le interesa usar esta coyuntura política para proteger sus propios intereses y los intereses de quienes le patrocinan, y lograr alcanzar la Presidencia en el 2018. Uribe ha intentado retrasar la firma e implementación de los acuerdos (el viejo y el nuevo) porque le afectan en sus intereses y porque los militares investigados por acciones delictivas en contra de la población civil podrían confesar delitos que le podrían implicar e implicar a sus amigos empresarios y latifundistas que patrocinaron el paramilitarismo, como declaró Petro hace varias semanas en Semana en Vivo (ver declaraciones).


La mezquindad de Uribe y el Centro Democrático es tan grande que, con tal de no ver afectados intereses sus económicos  y políticos por el Acuerdo de La Habana, son capaces de proponer una revocatoria del mismo Congreso del que hacen parte y que le asegura a cada uno de ellos más de 27 millones de pesos al mes, para que el país no cambie. Es decir, su mezquindad es tan gigantesca que prefieren renunciar a sus millonarios salarios, y ellos también, como lo hizo Santos, darse un tiro en el pie.




@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano

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miércoles, 3 de agosto de 2016

El perdón, ingrediente indispensable para la paz: El caso de Ricky Jackson





Por Francisc Lozano*










Ricky Jackson. Tomado de: www.Cleveland.com
Ricky Jackson. Fuente: www.cleveland.com




Uno de los principios básicos de la física establece que “toda acción genera una reacción igual y opuesta”. Sin embargo, la veracidad de esa regla parece inaplicable a la historia que quiero compartirles hoy o tal vez la confirma completamente y hasta la excede. La sonrisa que pueden apreciar en la imagen anterior es una reacción a la liberación después de un encierro injusto de 39 años de duración.


Ricky Jackson nació en Cleveland, Ohio, en 1957.  A la edad de 19 años, Ricky fue arrestado por la policía de la ciudad de su ciudad por el brutal asesinato de Harold Franks y un tendero en un barrio de la ciudad. Franks fue rociado con ácido en su rostro y, posteriormente, recibió múltiples impactos de bala esa noche de 1957. El móvil del asesinato fue un robo. Tras el asesinato, los dos perpetradores huyeron del lugar en vehículo de color verde. A los pocos minutos del hecho, falleció también el tendero y la escena del crimen se colmó de vecinos que querían socorrer a las personas o simplemente curiosear.


Una de las decenas de personas que visitaron la escena fue Eddie Vernon. Un chico del vecindario que para ese entonces tenía 12 años de edad. Eddie, quien tenía una muy buena relación con el tendero y sufrió mucho con su fenecimiento, quiso ayudar a encontrar a los asesinos y se puso en contacto con la policía para poder hallarlos. En principio, Eddie se resistía a entregar detalles claros sobre los atacantes y sólo contribuía con datos vagos y en algunos casos equivocados. Sin embargo, un poco después, durante su declaración, Eddie insistió en haber visto lo ocurrido. La policía confió en su palabra asumiendo que los errores en su declaración correspondían a su interés por hallar a los responsables y su incapacidad para expresar lo ocurrido de manera completamente coherente, y tras la descripción entregada por el niño, los agentes establecieron los perfiles de dos personas que según ellos correspondían a las personas de Ricky Jackson y Wiley Bridgeman. 


Una vez capturados estos dos hombres y Ronnie, un hermano de Ronnie por ser cómplice de los dos primeros, la policía siguió recolectando las pruebas necesarias para llevarles a juicio. Durante este tiempo, varios testigos dijeron que Eddie no podía haber presenciado el asesinato porque él se encontraba en un bus escolar a gran distancia del lugar y que los hombres arrestados no eran los culpables del crimen, a pesar de ello, la policía desestimó sus versiones de los hechos.  Para colmo, decidieron tomar a Eddie como testigo principal en el juicio.




Además de lo anterior, la madre de Eddie descubrió que su hijo mentía y le convenció de decir la verdad durante el proceso de reconocimiento de los perpetradores. Cuando Eddie fue a reconocer a los atacantes, dijo a la policía que ninguna de las tres personas había hecho parte del delito. No obstante, los agentes de policía se llevaron a Eddie a otro cuarto, le gritaron, le intimidaron y le dijeron que sus padres podrían ir a prisión si él se retractaba. Unos minutos después, Eddie identificó positivamente a los tres acusados. Durante las entrevistas subsecuentes, Eddie entregó detalles sobre el crimen a los cuales llegó mediante las preguntas parcializadas y enfocadas a que sólo tuviera que afirmar o desmentir lo que la policía preguntaba.  Los tres hombres fueron condenados a la pena de muerte, y esas penas fueron conmutadas por cadena perpetua para los tres a finales de los años 70. Wiley y Ronnie salieron de la prisión gracias un perdón de la corte en el 2002 y 2003.  Ricky, por el contrario, fue mantenido prisionero hasta el 21 de septiembre del 2014.  Ese día, tras treinta y nueve años de encierro, los fiscales acusadores determinaron que el caso en contra de Ricky debía ser archivado porque él era inocente de los cargos por los que había sido condenado. Esta sentencia se logró gracias a una iniciativa de the Ohio Innocence Project & Rosenthal Institute for Justice at the University of Cincinnati College of Law  y a la cooperación de Eddie Vernon, quien decidió romper el silencio y enmendar el horripilante error que había cometido en 1975.


Al escuchar al juez Richard McMonagle decir las siguientes palabras: “señor Jackson, usted es libre de irse. Le sugiero ­[sic] que la vida se construye con pequeñas victorias, y esta es una muy grande. Sepa quiénes son sus amigos porque todos van a querer algo de usted, espero que confíe en las personas en las que usted sabe que puede confiar. Entonces le deseo buena suerte”, Ricky sólo atinó a decir, “gracias, su señoría”. Acto seguido, se levantó, miró al techo de la sala como en acción de gracias y abrazó a sus dos abogados. Su rostro emanaba alegría por la recuperación de un derecho que le habían arrebatado injustamente: la libertad.




Al salir del juzgado, Ricky fue interrogado por decenas de periodistas acerca de su tiempo en prisión; lo que haría tras su liberación los alimentos que quería degustar; etc. Sin embargo, la pregunta que más llamó mi atención fue: “¿Cuáles son tus pensamientos sobre las personas que te trajeron aquí hace 39 años, las personas que dijeron que tú habías cometido el crimen cuando no fue así?”.  Con la sonrisa intacta en su cara, Ricky respondió: “Bueno, yo supongo que muchas personas quisieran que yo odiara a esa persona y que sintiera animadversión hacia él, pero no lo hago. La gente tiene que recordar que, aunque se ve como un hombre maduro hoy, en 1975 él era un chico de 12 años de edad y que fue manipulado por la policía. Que ellos le usaron para llevarnos a la cárcel. Así que respecto a ese joven hombre, en lo que a mí respecta, le deseo lo mejor. No le odio, sólo espero que tenga una buena vida. Se requiere mucho valor para hacer lo que él hizo en la corte. Ustedes no lo vieron, pero ellos intentaron hacerle arrepentir de decir la verdad, intentaron hacerle desfallecer, pero al final él se mantuvo su palabra y reafirmó que éramos inocentes (…)”.  




Ricky Jackson. Tomada de: www.csmonitor.com  
Ricky Jackson. Fuente: www.csmonitor.com


Ricky Jackson nos ha dado una gran lección. En vez de odiar para siempre, él decidió perdonar. En vez de acusar a su acusador, él decidió desearle una vida feliz y agradecerle por contribuir a su liberación. Es más grande el que perdona que el que hace justicia. Ricky se atrevió a desafiar a Newton y en vez de odiar y maldecir, perdonó y sonrió a sus verdugos. O tal vez Ricky no sólo no desafió a Newton, sino que comprobó su ley. Tal vez ante la acción de odio y discriminación, que recibió de sus captores y de los testigos en su contra, desembocó en una reacción de perdón y alegría hacia sus verdugos.


Es ese mensaje precisamente el que debemos escuchar los colombianos. El mensaje del perdón. Pero no un perdón para unos y para otros no. No un perdón para olvidar, sino un perdón para construir un país mejor. Este perdón no nos llevará a alcanzar la paz, pero construirá unas bases sólidas para que los colombianos podamos empezar a cambiar lo que tanto mal nos ha hecho: la iniquidad, injusticia, intolerancia el irrespeto. El perdón del que hablo es un perdón para todos, incluidos los que piensan que el conflicto sólo se puede resolver a su manera (asesinando a todo el que no está de acuerdo y reforzando ideas tan insensatas y carentes de razón y lógica como “le vamos a entregar el país a los terroristas.”; “Santos es un comunista.”; “Le vamos a pagar $1.800.000 a los guerrilleros.”; y “Colombia se va a convertir en la nueva Venezuela.”  Nuestro país se encuentra ante un reto sin precedentes en los últimos 60 años: un acuerdo con el grupo guerrillero más grande e importante de la historia de América del Sur. No estamos hablando de tres delincuentes, estamos hablando de la fuerza militar más importante del conflicto colombiano después del Ejército.  Insisto en que esto no es la paz. Sólo es la sustracción de uno de los grandes actores del mismo, pero contribuirá de manera trascendental a la creación de un mejor país.


Si mil veces estuviera en esta situación, mil veces votaría sí a los acuerdos. No a Santos, él es un presidente inepto al igual que sus antecesores; sí a los acuerdos, no a las Farc; SÍ AL PLEBISCITO, no a Uribe, Zuluaga, Ordóñez, Paloma, José Obdulio y su séquito desinformador.  




Los acuerdos no son perfectos, pero son lo mejor que hemos tenido en la historia del país. Por el bien que puede generar la solución pacífica, yo estoy dispuesto a perdonar al expresidente que permitió el asesinato de 3.000 personas inocentes para mostrar la efectividad de su “seguridad democrática” y después declaró que esas personas “no estarían cogiendo café”. Por el bien supremo de la paz, Colombia debe escuchar a Ricky Jackson. Esa es la lección que el colombiano debe aprender.


Cuando en unos años hablemos de esta época, yo quiero poder decir que estuve del lado correcto de la historia. No por demostrar que los otros estaban mal, sino por demostrarme a mí mismo que el amor es más fuerte que el odio, que el perdón es más poderoso que el rencor y que la paz no tiene comparación. ¿De qué lado va a estar usted? Las cosas nuevas siempre generan miedo. En este caso tener un conflicto disminuido o inexistente. ¡Démosle la oportunidad a la paz!





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*Francisc Lozano 
(1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano