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lunes, 11 de junio de 2018

Malos Profesores

Por Francisc Lozano*


De Humberto de la Calle y de Sergio Fajardo y sus seguidores diré que les admiro profundamente por su decisión inaplazable de la búsqueda de un país inclusivo y que halle en la diversidad, en la educación, en la democracia, en la salud y en las nuevas economías la prosperidad intelectual, ambiental y económica que tanto le han negado por siglos quienes hoy ofrecen, una vez más y sin asomo de vergüenza, resolver los problemas que su forma de gobernar y corromper al país han creado.



Humberto de la Calley Sergio Fajardo. Imagen de Semana

Durante esta campaña electoral que está a punto de culminar, hemos tenido candidatos para todos los gustos y colores, y aunque no todos los colombianos se identifiquen con la democracia y sus logros y falencias, casi todos encontramos en alguno de esos candidatos algo que coincide con nuestro pensamiento, filosofía o visión. En mi caso, varias de esas cosas confluyeron con los candidatos Petro, De la Calle y Fajardo. Para mí, ellos y sus visiones representan el presente y el futuro de Colombia. Con los otros candidatos comparto poco o casi nada, pero entiendo que representan facciones de grupos de colombianos y, en consecuencia, respeto su aparición en la arena política.

De Humberto de la Calle y de Sergio Fajardo y sus seguidores diré que les admiro profundamente por su decisión inaplazable de la búsqueda de un país inclusivo y que halle en la diversidad, en la educación, en la democracia, en la salud y en las nuevas economías la prosperidad intelectual, ambiental y económica que tanto le han negado por siglos quienes hoy ofrecen, una vez más y sin asomo de vergüenza, resolver los problemas que su forma de gobernar y corromper al país han creado.

Creo firmemente en la democracia y sus instrumentos, y creo profundamente en la capacidad de decidir por quién votar, por quién no hacerlo, e incluso no hacerlo, si se considera inconveniente. Creo también en la potencialidad que tiene el voto en blanco para dar golpes de opinión y exigir cambios, pero sólo si de verdad gana. Y sólo puede ganar con la mayoría absoluta (50% de los votos más 1) en primera vuelta, como cualquier otro candidato. O sea, si el 97% del censo electoral votara el domingo 17 de junio en blanco, de todas maneras, el ganador saldrá de quien obtenga más votos entre los dos candidatos. Hace 4 años escribí un artículo explicando por qué el voto en blanco no es una panacea, y más bien termina ayudándole a quien lleve la delantera a ganar las elecciones o a quien cuente con la corrupción a su favor y limitando el acceso de proyectos políticos independientes a la política. Porque los votantes en blanco son, principalmente, personas que representan una parte del voto de opinión (el voto libre de maquinarias y compras), el voto que siempre trata de elegir lo mejor para el país, y, al no escoger la mejor opción democrática, colabora par que quien tiene amarrados los votos legal o ilegalmente (Duque), termine imponiéndose.

Por esa razón, De la Calle, a quien le escribí cariñosamente esta columna, y Fajardo me han causado decepción, no porque no puedan votar en blanco ni porque votar en blanco sea un crimen, cualquiera lo puede y lo debe hacer, si considera que es la mejor opción, sino porque cuando se esperaba más de ellos y su compromiso con la paz real, decidieron poner sus opiniones e intereses personales por encima del bien supremo de la paz

Aún queda tiempo para que se pronuncien a favor de la opción que representa mayoritariamente sus propuestas, pero su indecisión puede terminar pasándonos factura a todos.  El mismo Humberto decía, hace unas semanas, que en la primera vuelta “se espera que uno vote por el que le gusta…” y que eso se hace por reflexión, y que en la segunda vuelta “la sociedad se divide en dos y genera uno u otro camino para Colombia”. Pues bien, con su decisión y la de Fajardo, están incumpliendo con su compromiso de defender la paz y están ayudando a que Duque, Uribe, Pastrana, Ordóñez, Gaviria, Vargas Lleras, Viviane Morales, Marta Lucía, José Obdulio, Fernando Londoño, Andrés Felipe Arias, “La Gata”, Armando Benedetti, María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Samuel Hoyos, Oswaldo Ortiz y los demás coequiperos de Duque tengan acceso al poder no sólo de la Presidencia, sino del Congreso y, probablemente, de las cortes.  Las consecuencias de eludir el compromiso con la paz y el pragmatismo pueden ser gravísimas e irreversibles.

Afortunadamente, otros liberales y miembros de la Coalición Colombia, como Claudia López, Antonio Navarro y Antanas Mockus, decidieron apoyar a Petro, pero el daño que hacen las decisiones expresadas en público por parte de Fajardo y De la Calle no será fácil de sanar.

Sergio y Humberto terminaron siendo como quien predica, pero no aplica. Algo así como unos malos profesores que su timorata decisión terminaron arrastrando hacia la indecisión y la zozobra a varios estudiantes. Es responsabilidad de esos estudiantes no seguir el trayecto que tomaron sus profesores y comprometerse con el presente y el futuro del país. Es su obligación moral aggarse del pragmatismo político y comprometerse con la paz.

Hoy, como hace cuatro años con Santos y Zuluaga, no podemos olvidar que la paz es un bien supremo, y mientras el partido de Duque prometió “hacer trizas los acuerdos”, Gustavo Petro y su equipo no sólo han propuesto mantenerlos, sino profundizar los avances logrados con ellos. La paz está cerca, abracemos la paz.



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Desarrolla artículos de opinión para Todas Las Sombras y Radio Macondo. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los otros

Por María Gloria Pérez*

 

Educación en el aula. Los Otros, Todas Las Sombras. Fuente: http://todaslassombras.blogspot.com/2016/11/los-otros.htmlSalón de clases. Fuente: UdeChile 

No me gusta la guerra. 

 


En el pabellón de máxima seguridad de una cárcel colombiana tuve un alumno cuyo alias era “Masacre”, venía de un pequeño pueblo del nordeste antioqueño, sus padres barequeaban oro en el río Nechí. A los once años deambulaba por su vereda, la escuela estaba abandonada, a la última maestra la habían asesinado una madrugada, camino a la escuela. Los niños se quedaron esperando, nunca vino nadie a reemplazarla. Cualquier día, uno de tantos en los que no había nada para comer, lo abordaron unos hombres invitándolo a partir, le ofrecieron ropa nueva y los “tres golpes”1 diarios. Se fue con ellos. A poco ya lucía un brazalete de las FARC, tenía once años. A los diecisiete, abandonó aquella milicia y por su pericia y habilidades militares fue reclutado por un grupo paramilitar en el que recibía buena paga y mejor trato.

Me pidió entrada a mi taller, advirtiéndome que nos sabía leer ni escribir, que había estudiado hasta segundo de primaria pero se le había olvidado todo. En los tres  años que estuve con ellos, nunca faltó al taller. El día que me despedí me dijo “no se vaya profesora, ya vio que no sé leer ni escribir, pero me gusta mucho oír hablar a las personas, me gustan mucho las historias”. 



Tenía veinticuatro años y estaba acusado de participar en el homicidio de por lo menos ciento veintitrés colombianos.  Cada que lo recuerdo me vuelve a doler su despedida y pienso: “cuántas vidas , incluyendo la de Masacre, se hubieran salvado, cuántas penas y vergüenzas menos llevaríamos a cuestas si por aquellos corredores, de esa escuela abandonada, hubieran corrido aquellos pies pequeños , si en ese patio, de esa escuela abandonada, hubieran aturdido los cantos y los gritos de las voces niñas, si al pequeño salón, de la escuela abandonada, lo hubiera entibiado la amorosa voz de una maestra, que repitiera: “la palabra paz es monosílaba, porque se escribe con tres letras, dos consonantes y una vocal”.



1. En el lenguaje coloquial de algunas regiones de Colombia, la expresión "los tres golpes" representa las tres comidas principales de cada día: Desayuno, almuerzo y comida.


*María Gloria Pérez: Nació en Anorí (Antioquia), un pequeño pueblo minero que por más de 40 años ha sufrido todas las batallas de esta guerra. Estudió licenciatura en Historia y Filosofía en la Universidad de Antioquia. Se desempeñó como profesora de literatura. Ha publicado en varias revistas y ha sido ganadora de tres premios nacionales de cuento.


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miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Y la paz para cuándo?

Por Francisc Lozano*

¿Y la paz para cuándo? Todas las sombra. Fuente:http://todaslassombras.blogspot.com/2016/11/y-la-paz-para-cuando.html
Manifestantes en favor del No al Plebiscito. Fuente: larevista.com

El 2016 será un año que no podré olvidar. Este año se firmó el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de Las Farc, después de 52 años de conflicto y casi 5 años de negociaciones; el Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea; Donald Trump, un millonario xenófobo y machista, destruyó a 17 contrincantes en su puja por alcanzar la presidencia de USA; y los colombianos le dijimos No al acuerdo que mencioné previamente, entre otras cosas por el engaño engendrado en las entrañas del Centro Democrático, algunas iglesias cristiano-católicas, el rechazo de la gente a Las Farc y a Santos. 


Y será imposible de olvidar porque todos esos sucesos ocurrieron en contra de todas las encuestas que determinaban que el Reino Unido no saldría de la UE, Colombia le diría SÍ al Plebiscito y Trump sólo tenía, hace dos días, un 18% de posibilidades de llegar a la Casa Blanca.


Pero no será inolvidable sólo porque demostró que las encuestas ya no sirven para predecir lo que pasará o que la gente empezó a decir mentiras al contestarle a las encuestadoras. Creo que esa es la única forma en la que, en contra de todos los pronósticos, los fenómenos del Brexit, el No al Plebiscito y el triunfo de Trump se pueden explicar. Este año será inolvidable para mí porque vi y escuché cientos de veces la expresión “paz sí, pero no así”.


Como dije en una columna anterior, no sólo los que dijeron No al acuerdo son los culpables del estado de conmoción en el que nos encontramos. También tenemos la culpa los que votamos Sí, Santos y sobre todo los que no votaron que son casi 22 millones de personas. Los que no votaron son culpables porque dejaron en manos de unos pocos la decisión de parar o no el conflicto más antiguo del hemisferio occidental, y con eso lograron contribuir a la desazón que vive Colombia desde el 2 de octubre del 2016.


¿Y los del No? Los que votaron No nos han demostrado los peligros que subyacen en la democracia. Sin importar cómo se hayan convencido de que votar No era la mejor opción para el país o para ellos, han permitido que los únicos que puedan realmente hacer alguna modificación a los acuerdos sean personajes como Alejandro Ordóñez, comprobado funcionario corrupto que llenó la Procuraduría de familiares y compró su reelección con nombramientos a familiares de los congresistas que iban a votar por él; Álvaro Uribe, reconocido político que compró su reelección presidencial con la entrega de notarías a los congresistas que tenían a su cargo la modificación de la Constitución y que permitió que sus hijos se quedaran con los terrenos que, él sabía, iban a terminar siendo zonas francas para que se hicieran millonarios sin trabajar esas tierras; Andrés Pastrana, de quien lo único que recuerdo es su fracaso al intentar un acuerdo de paz con Las Farc y la creación del Plan Colombia, y hoy se cree con la autoridad moral para decirle al país que este acuerdo está lleno de impunidad, sabiendo que él fue incapaz de alcanzar uno mejor o igual; y Marta Lucía Ramírez, a quien sólo le recuerdo haber sido candidata presidencial y ministra de defensa de Uribe en la época de las ejecuciones extrajudiciales.  Hay más voceros: Jaime Castro y otras personas, pero ni la gente los conoce, ni sus propuestas trascenderán porque no se han ganado el reconocimiento que sí le asiste a los demás.


Santos dice que se han recibido más de 300 propuestas para realizar modificaciones al acuerdo final, pero no podemos olvidar que los que “también quieren la paz” y votaron No son más de 6 millones 400 mil personas. Eso significa que el discurso de “paz sí, pero no así” ha sido sólo eso, un discurso. Si no fuera así, ¿por qué no hay por lo menos un millón de propuestas diferentes? ¿O es que acaso esas 300 propuestas recogen la pluralidad de ideas que debería existir en más de 6 millones de personas? ¿O es que Uribe, Castro, Ordóñez, Ramírez y Pastrana son tan visionarios para saber lo que pensaron tantas personas? ¿Es eso lo mucho que les importaba la paz de Colombia?


Yo sé que recibiré críticas, y estoy dispuesto a recibirlas, y es mi obligación preguntar si la “paz sí, pero no así”, ¿cómo es que debe ser esa paz y qué proponen para que sea mejor?, y más que eso, ¿la paz para cuándo?



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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sábado, 8 de octubre de 2016

Antioquia, ¿SÍ o NO?


Por María Gloria Pérez*




Antioquia, ¿sí o no? Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/antioquia-si-o-no.html
Marcha por la paz-Medellín. Fuente: Todas Las Sombras



Cansada de responder uno a uno los comentarios y deseos de algunos, referidos a los fatídicos resultados electorales en Antioquia, comentarios que van desde el deseo de "sacar" a Antioquia del mapa de Colombia (al mejor estilo de Paloma Valencia) hasta al deseo de exterminarnos, quiero expresar lo siguiente:


Son entendibles, muy entendibles, el dolor y la rabia. Antioquia puso el no. Así no más. Antioquia frustró la esperanza de medio país votante. Pero la cosa no es tan simple. Si a la Colombia por el SÍ le dolió este resultado, a la Antioquia por el SÍ nos devastó, nos paralizó.


Pero pasadas las primeras maldiciones, las primeras lágrimas, nos llegan, más que las razones, los motivos: no es necesario pasar más de un día con su noche en uno, cualquiera, de los barrios populares de Medellín para enterarse del dominio, en todos los ámbitos, de las ahora llamadas "bacrim", que no son más que bandas de narcoparamilitares descendientes, herederas de la poderosa organización de Pablo Escobar, unos; de los hermanos Castaño, otros; y otros más de las Convivir, creadas, organizadas y pagadas (en principio, con dinero oficial) por el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.


Estos grupos ejercen un dominio tal, que gobierna el miedo en todos los momentos y aspectos del devenir cotidiano en los barrios populares, y, claro, para estas votaciones la cosa no iba a estar al margen: "Si en este barrio gana el SÍ, se armó la guerra, más de uno lo va a pagar" (por razones obvias no se revelan fuentes, pero si usted lo duda dese una pasadita por las comunas populares). Claro que incluso a pesar de esas amenazas, muchas personas, muchos valientes de los barrios votaron SÍ. Los 600 mil y pico de votos no salieron todos de los estratos altos. En los municipios reina una religiosidad medieval, que alimenta el atraso, religiosidad que va aumentando en la medida en que las llamadas "iglesias cristianas" adoctrinan puerta a puerta por barrios y veredas. Y no tiene objeto exponer acá cuáles, a qué y a quiénes sirven estos intereses religiosos que en este caso se dedicaron a alimentar el rencor, la sed de venganza y el terror por el "comunismo agazapado que trataba de tomarse a Colombia de la mano de Juan Manuel Santos".



Para nadie es un secreto que desde tiempos inmemoriales existe una dirigencia paisa astuta que ha alimentado el regionalismo más rampante, apoyándose en la ignorancia, y hasta ingenuidad del pueblo. Dirigencia de clase que creó mitos empalagosos con los cuales alienan, mitos como "la raza y la berraquera paisas", que bien han servido a los intereses de dominio político. A todo esto súmele las mentiras con las que los promotores del NO alimentaron la ignorancia que, por desgracia, campea en Colombia. Esa es nuestra tragedia, señores.


Y, por último, como en TODA Colombia, muchos partidarios de la paz, de manera irresponsable se atuvieron a que "el SÍ ya estaba arreglado", que era un hecho y no votaron. Puede que para muchos sea difícil de entender, es comprensible. Afortunadamente, el mundo gira, la historia es dinámica y se rige por las leyes de la dialéctica y, entonces, en medio de todo esto, estamos los 600 mil y pico de votantes por el SÍ, los más de 30 mil que marchamos ayer. Y por el bien de Antioquia, por el bien de Colombia, por el bien de la paz, pedimos comprensión y alguito de respeto, si quieren nos maldicen, pero no nos lo hagan saber. Ya tenemos bastante con el dolor y la vergüenza que nos acongojan desde el domingo. Estamos tratando de recuperar el aliento, de recoger nuestra maltrecha alma para seguir, en medio de la mayor adversidad, luchando por la paz.



Gracias, ¡y qué triunfe la paz!





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*María Gloria Pérez: Nació en Anorí (Antioquia), un pequeño pueblo minero que por más de 40 años ha sufrido todas las batallas de esta guerra. Estudió licenciatura en Historia y Filosofía en la Universidad de Antioquia. Se desempeñó como profesora de literatura. Ha publicado en varias revistas y ha sido ganadora de tres premios nacionales de cuento. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

El perdón, ingrediente indispensable para la paz: El caso de Ricky Jackson





Por Francisc Lozano*










Ricky Jackson. Tomado de: www.Cleveland.com
Ricky Jackson. Fuente: www.cleveland.com




Uno de los principios básicos de la física establece que “toda acción genera una reacción igual y opuesta”. Sin embargo, la veracidad de esa regla parece inaplicable a la historia que quiero compartirles hoy o tal vez la confirma completamente y hasta la excede. La sonrisa que pueden apreciar en la imagen anterior es una reacción a la liberación después de un encierro injusto de 39 años de duración.


Ricky Jackson nació en Cleveland, Ohio, en 1957.  A la edad de 19 años, Ricky fue arrestado por la policía de la ciudad de su ciudad por el brutal asesinato de Harold Franks y un tendero en un barrio de la ciudad. Franks fue rociado con ácido en su rostro y, posteriormente, recibió múltiples impactos de bala esa noche de 1957. El móvil del asesinato fue un robo. Tras el asesinato, los dos perpetradores huyeron del lugar en vehículo de color verde. A los pocos minutos del hecho, falleció también el tendero y la escena del crimen se colmó de vecinos que querían socorrer a las personas o simplemente curiosear.


Una de las decenas de personas que visitaron la escena fue Eddie Vernon. Un chico del vecindario que para ese entonces tenía 12 años de edad. Eddie, quien tenía una muy buena relación con el tendero y sufrió mucho con su fenecimiento, quiso ayudar a encontrar a los asesinos y se puso en contacto con la policía para poder hallarlos. En principio, Eddie se resistía a entregar detalles claros sobre los atacantes y sólo contribuía con datos vagos y en algunos casos equivocados. Sin embargo, un poco después, durante su declaración, Eddie insistió en haber visto lo ocurrido. La policía confió en su palabra asumiendo que los errores en su declaración correspondían a su interés por hallar a los responsables y su incapacidad para expresar lo ocurrido de manera completamente coherente, y tras la descripción entregada por el niño, los agentes establecieron los perfiles de dos personas que según ellos correspondían a las personas de Ricky Jackson y Wiley Bridgeman. 


Una vez capturados estos dos hombres y Ronnie, un hermano de Ronnie por ser cómplice de los dos primeros, la policía siguió recolectando las pruebas necesarias para llevarles a juicio. Durante este tiempo, varios testigos dijeron que Eddie no podía haber presenciado el asesinato porque él se encontraba en un bus escolar a gran distancia del lugar y que los hombres arrestados no eran los culpables del crimen, a pesar de ello, la policía desestimó sus versiones de los hechos.  Para colmo, decidieron tomar a Eddie como testigo principal en el juicio.




Además de lo anterior, la madre de Eddie descubrió que su hijo mentía y le convenció de decir la verdad durante el proceso de reconocimiento de los perpetradores. Cuando Eddie fue a reconocer a los atacantes, dijo a la policía que ninguna de las tres personas había hecho parte del delito. No obstante, los agentes de policía se llevaron a Eddie a otro cuarto, le gritaron, le intimidaron y le dijeron que sus padres podrían ir a prisión si él se retractaba. Unos minutos después, Eddie identificó positivamente a los tres acusados. Durante las entrevistas subsecuentes, Eddie entregó detalles sobre el crimen a los cuales llegó mediante las preguntas parcializadas y enfocadas a que sólo tuviera que afirmar o desmentir lo que la policía preguntaba.  Los tres hombres fueron condenados a la pena de muerte, y esas penas fueron conmutadas por cadena perpetua para los tres a finales de los años 70. Wiley y Ronnie salieron de la prisión gracias un perdón de la corte en el 2002 y 2003.  Ricky, por el contrario, fue mantenido prisionero hasta el 21 de septiembre del 2014.  Ese día, tras treinta y nueve años de encierro, los fiscales acusadores determinaron que el caso en contra de Ricky debía ser archivado porque él era inocente de los cargos por los que había sido condenado. Esta sentencia se logró gracias a una iniciativa de the Ohio Innocence Project & Rosenthal Institute for Justice at the University of Cincinnati College of Law  y a la cooperación de Eddie Vernon, quien decidió romper el silencio y enmendar el horripilante error que había cometido en 1975.


Al escuchar al juez Richard McMonagle decir las siguientes palabras: “señor Jackson, usted es libre de irse. Le sugiero ­[sic] que la vida se construye con pequeñas victorias, y esta es una muy grande. Sepa quiénes son sus amigos porque todos van a querer algo de usted, espero que confíe en las personas en las que usted sabe que puede confiar. Entonces le deseo buena suerte”, Ricky sólo atinó a decir, “gracias, su señoría”. Acto seguido, se levantó, miró al techo de la sala como en acción de gracias y abrazó a sus dos abogados. Su rostro emanaba alegría por la recuperación de un derecho que le habían arrebatado injustamente: la libertad.




Al salir del juzgado, Ricky fue interrogado por decenas de periodistas acerca de su tiempo en prisión; lo que haría tras su liberación los alimentos que quería degustar; etc. Sin embargo, la pregunta que más llamó mi atención fue: “¿Cuáles son tus pensamientos sobre las personas que te trajeron aquí hace 39 años, las personas que dijeron que tú habías cometido el crimen cuando no fue así?”.  Con la sonrisa intacta en su cara, Ricky respondió: “Bueno, yo supongo que muchas personas quisieran que yo odiara a esa persona y que sintiera animadversión hacia él, pero no lo hago. La gente tiene que recordar que, aunque se ve como un hombre maduro hoy, en 1975 él era un chico de 12 años de edad y que fue manipulado por la policía. Que ellos le usaron para llevarnos a la cárcel. Así que respecto a ese joven hombre, en lo que a mí respecta, le deseo lo mejor. No le odio, sólo espero que tenga una buena vida. Se requiere mucho valor para hacer lo que él hizo en la corte. Ustedes no lo vieron, pero ellos intentaron hacerle arrepentir de decir la verdad, intentaron hacerle desfallecer, pero al final él se mantuvo su palabra y reafirmó que éramos inocentes (…)”.  




Ricky Jackson. Tomada de: www.csmonitor.com  
Ricky Jackson. Fuente: www.csmonitor.com


Ricky Jackson nos ha dado una gran lección. En vez de odiar para siempre, él decidió perdonar. En vez de acusar a su acusador, él decidió desearle una vida feliz y agradecerle por contribuir a su liberación. Es más grande el que perdona que el que hace justicia. Ricky se atrevió a desafiar a Newton y en vez de odiar y maldecir, perdonó y sonrió a sus verdugos. O tal vez Ricky no sólo no desafió a Newton, sino que comprobó su ley. Tal vez ante la acción de odio y discriminación, que recibió de sus captores y de los testigos en su contra, desembocó en una reacción de perdón y alegría hacia sus verdugos.


Es ese mensaje precisamente el que debemos escuchar los colombianos. El mensaje del perdón. Pero no un perdón para unos y para otros no. No un perdón para olvidar, sino un perdón para construir un país mejor. Este perdón no nos llevará a alcanzar la paz, pero construirá unas bases sólidas para que los colombianos podamos empezar a cambiar lo que tanto mal nos ha hecho: la iniquidad, injusticia, intolerancia el irrespeto. El perdón del que hablo es un perdón para todos, incluidos los que piensan que el conflicto sólo se puede resolver a su manera (asesinando a todo el que no está de acuerdo y reforzando ideas tan insensatas y carentes de razón y lógica como “le vamos a entregar el país a los terroristas.”; “Santos es un comunista.”; “Le vamos a pagar $1.800.000 a los guerrilleros.”; y “Colombia se va a convertir en la nueva Venezuela.”  Nuestro país se encuentra ante un reto sin precedentes en los últimos 60 años: un acuerdo con el grupo guerrillero más grande e importante de la historia de América del Sur. No estamos hablando de tres delincuentes, estamos hablando de la fuerza militar más importante del conflicto colombiano después del Ejército.  Insisto en que esto no es la paz. Sólo es la sustracción de uno de los grandes actores del mismo, pero contribuirá de manera trascendental a la creación de un mejor país.


Si mil veces estuviera en esta situación, mil veces votaría sí a los acuerdos. No a Santos, él es un presidente inepto al igual que sus antecesores; sí a los acuerdos, no a las Farc; SÍ AL PLEBISCITO, no a Uribe, Zuluaga, Ordóñez, Paloma, José Obdulio y su séquito desinformador.  




Los acuerdos no son perfectos, pero son lo mejor que hemos tenido en la historia del país. Por el bien que puede generar la solución pacífica, yo estoy dispuesto a perdonar al expresidente que permitió el asesinato de 3.000 personas inocentes para mostrar la efectividad de su “seguridad democrática” y después declaró que esas personas “no estarían cogiendo café”. Por el bien supremo de la paz, Colombia debe escuchar a Ricky Jackson. Esa es la lección que el colombiano debe aprender.


Cuando en unos años hablemos de esta época, yo quiero poder decir que estuve del lado correcto de la historia. No por demostrar que los otros estaban mal, sino por demostrarme a mí mismo que el amor es más fuerte que el odio, que el perdón es más poderoso que el rencor y que la paz no tiene comparación. ¿De qué lado va a estar usted? Las cosas nuevas siempre generan miedo. En este caso tener un conflicto disminuido o inexistente. ¡Démosle la oportunidad a la paz!





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*Francisc Lozano 
(1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano