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lunes, 3 de octubre de 2016

Aquí no Ganó la Democracia

Por Francisc Lozano*

Aquí no ganó la democracia. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/aqui-no-gano-la-democracia.htmlSantos y Uribe. Fuente: Wikimedia.org


Lo primero que quiero decir es que acepto los resultados que nos entregó nuestra democracia ayer, 2 de octubre. Yo, en temas políticos, soy ante todo un demócrata y no me atrevería a decir que los comicios han sido fraudulentos sin tener pruebas, y no las tengo.

Ahora que he dejado mi opinión clara sobre los resultados de la votación de ayer, debo decir que no estoy de acuerdo con muchas personas que han dicho que aquí ganó la democracia. Y no lo digo por el resultado del plebiscito, lo digo por la poca gente que salió a votar. Veamos los siguientes datos:


El censo electoral, publicado por la Registraduría Nacional del Estado Civil, dice que 34'899.945 (ver datos) personas estaban autorizadas para votar ayer. No obstante, sólo 13 millones 66 mil 47 personas salieron a votar. De esos, 170.946 fueron votos nulos y 86.243 no fueron marcados. El No al plebiscito ganó con el 50,21% de los 12’808.898 votos válidos, y el Sí sólo obtuvo los 6’377.438 votos restantes. Todos los datos pueden ser verificados en la página web de la Registraduría.  Lo anterior quiere decir que 21’833.898 personas que podían votar no lo hicieron. No sé cuáles sean las razones para ese hecho, pero me aventuraré a crear unas hipótesis:


Primero, los colombianos no estamos seguros de la utilidad de la democracia. A partir de 1991 con la promulgación de la Constitución, todos los cargos de representación de la sociedad se han hecho susceptibles de ser elegidos por la población. Ahora podemos elegir alcaldes y gobernadores, y no esperar a que el presidente los designe a dedo. A pesar de eso, parece que aún no confiamos en la democracia para expresar nuestros ideales. No todo es culpa del elector, también la democracia nos ha fallado en muchas ocasiones, como cuando asesinaron a Galán, a Lara, a Pizarro, a Guillermo Cano, al papá de Iván Cepeda, cuando le volaron los dedos a Vargas Lleras, cuando asesinaron a Garzón, cuando Escobar llegó al Congreso, cuando mueren todos los inocentes y aquí nada se resuelve o cuando se modificó ilegalmente la Constitución para permitir la reelección de Uribe y posibilitar la de Santos o cuando los 3 mil muchachos asesinados por el ejército no pudieron ser salvados. No obstante, la democracia también nos ha enseñado a creer: Mockus fue un buen alcalde de Bogotá, algunos presidentes de Colombia intentaron reformar el país y ponernos en la esfera de los países más educados o influyentes del mundo. A Santos se le reeligió con el propósito de llegar a un acuerdo con Las Farc, y lo ha logrado. También la democracia funcionó cuando salimos a marchar en contra de Las Farc a principios de los años 2000, cuando marchamos por la paz el año anterior y cuando Fajardo transformó a su ciudad en un lugar mejor. Hay muchos ejemplos, no puedo listarlos todos.


Segundo, mucha gente no sabe para qué sirve un voto. En las democracias representativas, como la nuestra, el voto es un contrato ciudadano: yo apoyo las propuestas de alguien con mi voto, y ese alguien se compromete a cumplir esas propuestas y yo me comprometo a hacerle seguimiento. Por eso es que le entrego mis esperanzas con el voto, porque podré ser un veedor de su labor. Así mismo funcionaba el voto de ayer: yo entregaba mi voto, y el Gobierno Nacional, Las Farc, y yo mismo nos comprometíamos a hacer de este un país en el que la muerte no sea más preponderante que la vida. Un país en el que sea más importante discutir las ideas con palabras que silenciarlas con tiros. Eso no pasó ayer, pero espero que pase pronto.

Tercero, la gente no se siente identificada con la democracia. Cuando hay muchos candidatos para un cargo público, yo me siento feliz. La pluralidad generalmente significa que hay más probabilidades de que uno o varios de los candidatos tenga ideas que se parezcan o que representen a las mías.

Cuarto, los políticos le han fallado a la democracia y al país. Mucha gente desconfía de la democracia gracias a las acciones de muchos políticos que han desangrado las finanzas de este país. Esta es probablemente la principal causa de todos los problemas de nuestra democracia, y origina la apatía de muchos colombianos por la misma. Esta razón es, en parte, el origen de las razones primera y segunda.

Por las razones anteriores, tengo que decir que aquí no sólo no ganó la democracia, sino que, muy por el contrario, perdió y mucho.

No voy a asignarle la culpa de lo ocurrido ayer a quienes dijeron NO al plebiscito. Ustedes tienen todo el derecho de votar como quieran, y ese derecho lo respeto por encima de todo. Me preocupa que muchos, tal vez, hayan votado NO por las mentiras que vi distribuidas por las redes sociales: “nos vamos a volver un país “castro-chavista””; “lo mismo pasó en Venezuela y en Cuba”; “no van a reparar a las víctimas”; “el acuerdo les ofrece impunidad total”; “les van a pagar $1’800.000 al mes”, "se viene la reforma tributaria sólo para pagar los acuerdos", etc, etc. No, esa culpa me la asigno yo, y se la asigno a todos los que como yo creímos en el Acuerdo de La Habana. Se la asigno a Santos por no ser capaz de desligar el SÍ de su persona, de su inexistente favorabilidad y polularidad entre los colombianos, a Gaviria por no lograr asumir de manera responsable la consigna de unir a los colombianos por el SÍ, a Claudia López, a Mockus, a Robledo y a todos los demás que, estando a favor del Sí, fuimos incapaces de convencer a los del No de las ventajas de parar la guerra ya. 

También se la asigno a nuestra democracia imperfecta y a los 21 millones de personas que, siendo el 45,4% de nuestra población y el 62,5% del censo electoral, decidieron dejar esta trascendental decisión en manos de los 13 millones de personas que votamos. Ellos estarán desencantados, pero yo estoy decepcionado porque fueron simples espectadores de lo que está ocurriendo.  Si alguno de los que he mencionado se siente ofendido por lo que estoy compartiendo, no tengo problema en reconocer toda la culpa del batacazo que nos han asestado ayer los promotores del No. Yo le fallé a mi país, y a los niños de mi país, y le fallé a la humanidad porque no fui capaz de convencer a mis adversarios políticos de las ventajas que traería consigo el Acuerdo de La Habana. Yo sé que hay desventajas en él, pero siempre que salvemos vidas, aunque sea una sola, todo sacrificio habrá valido la pena.

Algunas repercusiones


Siempre que visito un lugar diferente a mi natal Colombia, alguien se acerca y me pregunta de dónde soy. Cuando me oye decirle estas palabras: “Soy colombiano”, su cerebro empieza a asociarme con personas como Escobar, Tirofijo, Uribe, Santos, Carlos Castaño o Mancuso, y casi siempre vienen las preguntas obligadas para un colombiano que está por fuera del país: “¿Eres familiar de Pablo Escobar?”, “¿es cierto que su cocaína es la mejor del mundo?”, “¿hay mucha violencia allá?”. Yo siempre pensé que se trataba de una estigmatización sistemática contra los colombianos, y aunque sé que hay millones de nosotros que no queremos ser asociados con esas cosas y parar la violencia, muy a mi pesar, me temo que ayer le demostramos al mundo que no se ha equivocado al señalarnos así. Hace 8 años un miembro del gobierno inglés dijo: "Los colombianos son violentos por naturaleza", y aunque me he negado a creerlo veraz, con lo de ayer eso parece ser una realidad.



Repito que acepto lo ocurrido ayer. Lo acepto porque confío en nuestra democracia, a pesar de sus falencias. Pero me ha dolido inmensamente, y no he podido salir de mi tristeza y evitar el llanto constante al pensar que pudimos haber tirado a la basura una oportunidad que puede llegar a ser irrepetible. Tal vez pronto esos sentimientos pasen y olvide mi decepción, y yo siga con mi vida normal. Con una vida que hemos hecho normal en medio de las noticias de masacres y de secuestros y de explosiones. 


A causa de tanto vivir en medio de la guerra, creo que nuestro país ha entrado en un proceso de deshumanización tan grande y terrible, que somos capaces de menospreciar las vidas de quienes han muerto hasta hoy, con el propósito de “ahorrarnos” unos pesos que tendremos que gastar en más armamento y entrenamiento de nuestros militares, y despreciamos el fin de la guerra por no entregar 10 escaños en el Congreso, y eso me llena de dolor. Han podido más esas ambiciones personales que la ambición de un país mejor para todos o para la mayoría. Hemos tenido los oídos sordos al clamor de Toribío, de Bojayá, de Caloto, de Apartadó, Cajibío y de todos esos lugares que han sufrido la guerra en carne propia y en los que la población salió a decir: “No más guerra, digo SÍ al plebiscito”. Yo de verdad creo que le hemos fallado a la humanidad porque, como dijo Jonh Carlin, "si votar sí es traicionar a los muertos, votar no es traicionar a los vivos y a los que están por nacer".

Los Ganadores


Ayer ganaron los promotores del No, obviamente, pero además ganó Uribe, y ganaron Las Farc.

Los del No ganaron porque ahí están los resultados para ser mostrados.

En cuanto a Uribe,  se suponía que, el senador, estaba extremadamente interesado en esta negociación, pero hoy le ha dado una nueva bofetadaal país (visite el artículo anterior) al decidir no presentarse al pacto que propuso Santos: no es ni la primera ni la última vez que lo hace porque a él no le interesa el acuerdo, le interesa ser el único que pueda tomar la decisión final. Sus intereses personales y cálculos políticos están por encima de la ciudadanía, incluso de esa que tanto lo idolatra.  Si su interés real era/es la negociación con la guerrilla, debió haber asistido hoy a la reunión que convocó el presidente, pero él está esperando al momento preciso en el que su palabra y su decisión puedan tener el impacto mediático y político que a él tanto le encanta y que mueve masas a su alrededor y asegurarle a su bendecido un gran apoyo para las elecciones del 2018. Yo sé que no todos los que votaron NO son uribistas, y que no todos los uribistas votaron No. No obstante, resulta gracioso, y hasta paradójico, que quienes votaron No y no son uribistas, no tendrán representación alguna en este nuevo pacto político. ¿O ustedes creyeron que alguien iba a venir a sus casas a preguntarles qué les gusta y qué les disgusta del acuerdo? No señores, todo lo decidirán Uribe y Las Farc.



No puedo evitar decir que nadie presupuestaba el triunfo del No, y que éste cogió por sorpresa incluso al mismo Uribe. No es gratis que ayer se haya tardado horas en salir a hablarle al país. Estaba escribiendo un discursito que no había pensado dar, y ahora, como están las cosas no sólo tiene que armar esos discursos, sino que proponer cómo resolver el problema que se ha abierto con el fracaso del Sí en el plebiscito. Lo anterior nunca estuvo en sus planes. Su “acuerdo mejor” no es más que un eufemismo para evitar decir que no sabe qué va a hacer y cómo lo va a hacer. Su mezquindad se hace presente una y otra vez, y hoy le ha mostrado a Colombia que no es que quiera un acuerdo mejor, es que quiere ser el firmante el acuerdo.

¿Por qué ganaron Las Farc?



Las Farc han ganado porque, los que dijeron No ayer, pusieron en manos de ellas la posibilidad de volver a negociar. Es improbable que las Farc vayan a ceder en su propósito de participar en política y de no pagar cárcel. Pero esas son las exigencias de Uribe, por lo que un acuerdo como el que ofrecen Uribe, el Centro Democrático y otros resulta poco viable y bastante irreal. No obstante, espero que llegue a buen puerto.

De verdad espero que los que ganaron ayer, sepan manejar esa victoria para el bien del país. Me alegra escuchar o leer que los que ganaron dicen: “esto hay que construirlo entre todos”. Yo espero que sí lo podamos construir entre todos, y espero que los insultos de parte de quienes dijimos Sí paren contra quienes dijeron No. Yo estoy dispuesto a aportar mi tiempo, mi conocimiento y mis intenciones de hacer de Colombia un país mejor para trabajar con quienes dijeron NO ayer. Porque yo sí creo en el perdón y en la reconciliación que he promulgado desde que era un niño y que nuestras víctimas han ofrecido, a pesar de su dolor.



Ayer le dijimos NO a un sueño que he tenido desde que era un niño y escuchaba hablar de las bombas puestas por Escobar y sus hombres en toda Colombia, los atentados de las guerrillas y las masacres perpetradas por los militares y los paramilitares: que el país no se siga desangrando, y que después consigamos la paz de verdad. Espero que ese No sólo signifique haber aplazado ese sueño y no haberlo acabado para siempre.



Aquí estoy para trabajar con ustedes: los del Sí, los abstencionistas y los del No.



@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano




jueves, 22 de septiembre de 2016

El Testimonio de una Víctima del Conflicto

Por Francisc Lozano*


Los niños celebran la paz en Colombia. Todas Las Sombras. Fuente:http://todaslassombras.blogspot.com/2016/09/el-testimonio-de-una-victima-del.html
Los niños celebran la paz. Fuente: Telesurtv.net

El pasado jueves 8 de septiembre, en horas de la noche, tuve la oportunidad de conversar con Antonio Pérez**. Yo me sentaba en el comedor de mi casa en una noche clara de verano en México y él, al mismo tiempo, pero a 3.450 km de distancia, se disponía a sentarse frente a su computadora en una noche típica bogotana para responder a mis preguntas.

Antonio es un joven meteño (Cubarral, Meta) que desde que era muy chico se trasladó al departamento de Caldas. Allí, en Manzanares, vivió gran parte de su infancia junto a sus padres en una finca. El resto de la historia nos la contará él, a continuación:



Francisc Lozano: ¡Antonio, por favor cuéntenos parte de su historia!


Antonio Pérez: Yo nací en Cubarral, Meta. Tengo 28 años. Cuando era muy pequeño nos trasladamos a Manzanares para buscar mejores oportunidades económicas para nuestra familia. En Manzanares estudié y después me trasladé a Bogotá desde hace 7 años. Soy administrador de empresas y trabajo para una organización con varios ingenieros eléctricos y electrónicos, pero yo me dedico a la parte comercial, principalmente. Además de eso, tengo una niña.

Francisc Lozano: ¿Por qué se vinieron del Meta?

Antonio Pérez: Allá trabajábamos en una finca ganadera, pero la situación económica de nuestra familia no era muy buena. Mi mamá es de Manzanares, y mi papá ya había vivido en ese lugar, así que decidimos irnos para ese municipio caldense.

F L: ¿Qué edad tenía cuando llegaron a Manzanares, Caldas?

A P: Tres años.

F L: ¿Qué es lo que más recuerda de su infancia?

A P: Mi familia nunca ha tenido una posición económica ostentosa. Yo recuerdo que para llegar a la escuela teníamos que caminar una hora, entonces pasábamos por los caminos rurales, veíamos las casas en las que se cocinaba con leña, el olor del campo. Eso es lo que más recuerdo, el olor a tinto, a leña y las arepas. Yo no recuerdo mi infancia como algo trágico, sino como la experiencia de haber crecido en el campo.

F L: ¿Cuál era la situación de orden público en Manzanares?

A P: Después de los 12 años yo ya no vivía en Los Planes, sino en Llanadas (Manzanares). Ese lugar es un corredor estratégico que se disputaban la guerrilla y los paramilitares. Así que, si uno se quería trasladar a otro lugar, uno tenía que pedir permiso. En las noches uno no podía andar sin linterna, porque corría el riesgo de que lo mataran. La advertencia de la guerrilla y de los paramilitares era: “si no andan con linterna, no respondemos porque no sabemos quiénes sean” … La situación era muy complicada. Muchos de mis compañeros de salón se unieron a los paramilitares y a la guerrilla porque eran los únicos que les ofrecían una opción diferente al desempleo.

F L: ¿A quién se le pedía permiso para poderse desplazar de un lugar a otro?

A P: Uno tenía que pedir permiso para poder desplazarse de un lugar a otro y decir a dónde iba y cuánto tiempo se iba a quedar. El permiso se le pedía a la guerrilla (Las Farc) o a los paramilitares.

F L: ¿Había presencia del ejército en esa localidad?

A P: Sí, pero a veces era peor que llegaran porque se corría el riesgo de que se iniciaran combates y la población quedara en medio. Así que eso aumentaba la posibilidad de que hubieran enfrentamientos. 

La policía se dedicaba a mediar los conflictos entre la gente del común solamente.



F L: ¿Realizó el Ejército algún tipo de delitos contra la población?

No que yo sepa. Yo nunca escuché al respecto. No hubo delitos, pero algunas niñas sí quedaron embarazadas y probablemente los padres nunca respondieron por los niños. Esas niñas generalmente tenían 14 o 15 años, entonces eso es pobreza sobre la pobreza…

F L: ¿Conoció usted a miembros de las guerrillas y los paramilitares?

A P: Sí, como le decía antes, algunos de mis amigos terminaron siendo guerrilleros, otros paramilitares y algunos más policías o soldados. Yo recuerdo a uno que fue paramilitar y está en la cárcel, pero no sé por qué. De los otros no sé mucho. A veces converso con los que están en La Policía.  Dos personas más trabajaban como informantes para los grupos ilegales, y a uno de ellos lo mató la guerrilla porque él trabajaba para los paramilitares. Las Farc llegaron hasta donde se encontraba cogiendo café y allá lo asesinaron. Ese día nosotros escuchamos los tiros y sólo dijimos: “¿A quién matarían?”, y no porque uno quisiera que mataran a alguien, sino que era tan común que se perdió la sensibilidad de la gente. Colombia se volvió insensible por tantas muertes que hemos visto. Ese día nos estábamos tomando un chocolate con pan y nos encontramos en la calle a su mamá llorando porque le habían asesinado a su hijo. Los paramilitares pasaron de evitar que la gente robara a ser sicarios y a asesinar personas porque no los querían. Muchos eran inocentes, pero a ellos no les importó.

F L: ¿Alguien de su familia o su grupo de amigos sufrió por causa del conflicto armado?

A P: Cuando yo estaba en el colegio, estaba en 10º, al lado del colegio había una construcción de un amigo, Ómar Santa se llamaba… Él sacaba arena del río y estaba construyendo una casa muy bonita al lado del colegio. El caso es que él estaba en la terraza de la casa, yo estaba en clase de religión y había salido a la puerta a hacer desorden o a ver quién pasaba. Yo vi que llegó una moto, una DT, y Omar empezó a bajar unas escaleras de guadua. El señor de la moto se bajó, sacó un revólver y le pegó dos tiros a Ómar Santa. Ómar Santa cayó al suelo; yo me entré; todo el mundo entró en pánico porque la casa de él quedaba a 5 metros del colegio. Todos nos agachamos, y después empezamos a mirar por un hoyo que tenía la puerta del salón. Resulta que el señor recogió a Ómar Santa, se lo montó al hombro y se fue caminando hacia la casa de Ómar, donde vivía con su esposa, la mamá y su hijo de un año. Lo tiró como a media cuadra de su otra casa y ahí lo remató. Le pegó otros tres tiros… Fue impactante porque era un amigo de toda la vida, y no sólo eso, lo peor fue escuchar a la mamá y a la esposa cómo lloraban por la pérdida de Ómar. De ese calibre era la situación en Manzanares…

F L: ¿Quiénes fueron los precursores de la violencia en Manzanares?

A P: La violencia empezó con los conservadores y los liberales en los años 50. Entre Manzanares y Marquetalia hubo una masacre horrible en 1969. Yo no recuerdo en este momento el número exacto de personas, pero creo que fue algo así como 39 personas. Interceptaron un bus e iban llamando a las personas y decían: “esta persona es de tal grupo político, ¡mátenla!”; “esta otra es de tal grupo, ¡mátenla!”; “esta es del otro grupo, ¡déjenla viva!...

Después llegaron los paramilitares para mantener la seguridad (evitar robos y proteger a los campesinos). A ellos les siguieron las guerrillas, que también querían parte de ese territorio estratégico; e intentaron llegar Las Águilas Negras y Los Rastrojos, pero no lograron consolidarse. La guerra se ha sufrido desde la era de la violencia de los partidos políticos hasta que nos adentramos en la actualidad.

F L: ¿Por qué se fue de Manzanares?

A P: Esa es otra historia triste. Yo trabajaba en el 2001 con un programa que se llamaba “Clubes Juveniles”. Terminé siendo el líder del grupo. Cuando terminé el colegio, trabajé con el ICBF y con Unicef, la GIZ y el Programa Presidencial Colombia Joven en un proyecto de paz. Me convertí en el asesor regional del proyecto. Nosotros trabajábamos con jóvenes y a los paramilitares y la guerrilla no les convenía que nosotros mostráramos una opción diferente a los muchachos. Un día recibí una llamada en la que me dijeron “oiga, Antonio, lo que pasa es que el trabajo que usted está haciendo no nos gusta y entonces le damos dos opciones: o deja de trabajar o se va del pueblo.” Yo pensé que era alguien haciéndome una broma, entonces le colgué y listo. Unos días después yo estaba trabajando con unos compañeros del proyecto, y salimos a hacer un trámite. Cuando volvimos, la casa estaba revolcada, y me llamaron y me dijeron: “oiga, hermano, usted sí es muy de buenas. Fuimos por usted y no lo encontramos, pero le dejamos un regalito”. En ese momento yo me di cuenta que el tema era en serio. Un tiempo después yo estaba en La Dorada, y me volvieron a llamar. Esta vez me expresaron lo siguiente: “Usted no ha querido hacer caso. Sabemos que está en La Dorada en esta parte, y vamos a ir por usted.” Yo me quedé pálido y la persona que estaba a mi lado me preguntó que pasaba. Yo le conté y me dijo, “¡nos vamos ya!”. Entonces se subió a la camioneta y me llevó hasta Manzanares con un par de escoltas. Yo le dije que me iba a ir. Empaqué y el día siguiente tomé un bus hacia Bogotá, y esa es la razón por la cual vivo hace 7 años en esta ciudad. Por un atentado y una amenaza.

F L: ¿Sabe algo del Acuerdo entre el Gobierno y Las Farc?

A P: Yo creo que hay muchas versiones encontradas. Sin embargo, para mí el tema del Acuerdo de Paz es algo necesario, y es algo que Colombia debió haber hecho hace mucho tiempo. Ruanda, Afganistán, muchos países han hecho procesos como estos porque ven que la guerra no le trae nada bueno al país, no le trae nada bueno al territorio. Porque finalmente andar agarrados unos con otros y andar matándose unos a otros es un tema que no tiene razón de ser; es algo que no tendría que ser así. Además, quien queda en la mitad del conflicto no son los paramilitares ni la guerrilla, sino la población civil. No digo que ellos no sufran, no. Alguien me decía “es que hay que matar la guerrilla; hay que matar a los paramilitares”. ¿Cómo es posible? O sea, una muerte pesa del lado de allá y de acá. Es una muerte, al fin y al cabo. Algo que no tiene sentido.

F L: ¿Qué opina de ese acuerdo?

A P:  Para mí el acuerdo de paz en este momento es lo mejor que le puede pasar a Colombia, y yo sueño con el acuerdo de paz. Yo estuve en medio del conflicto armado; yo viví en carne propia la barbarie, el tema de la sangre derramada de personas inocentes; como desalojaban a las personas y éstas tenían que dejar las tierras. Me parece que, aunque no estoy de acuerdo totalmente con las 297 páginas que tiene el Acuerdo de Paz y los micos que pueda tener, yo creo que hay que tratar de perdonar, y sobre todo pensar en que no es para mí, es para mi hija que tiene 11 años y que le queda una vida por vivir, y que yo no quiero que viva lo que yo ya viví. Para mí el Acuerdo de Paz tiene que hacerse. Es algo por lo cual Colombia se la debe jugar y a lo que le debe apostar. “Yo prefiero una paz a medias que una guerra completa”, como dicen por ahí y en eso estoy completamente de acuerdo.

F L: ¿Cómo va a votar en plebiscito y por qué?

A P: Voy a votar sí. Si pudiera votar 10 o 20 veces, 10 o 20 veces votaría sí.

F L: ¿Por qué una víctima del conflicto decide perdonar a quienes le hicieron tanto daño?

A P: Porque a mí ya me pasó. Yo ya lo viví y sé lo que es tener que andar de un lado para otro con una linterna después de las 6 de la tarde y pedir permiso para moverse de un lado a otro porque si no lo van a matar. Tener que pagar vacuna; tener que ver a amigos y familiares enterrados porque están en medio de una guerra. Yo ya lo viví, y yo no quiero que mis hijos y mis nietos vivan lo mismo que yo viví. Yo prefiero perdonar a quien lo hizo y decir: “Ya lo hizo, ya pasó…” Yo prefiero perdonar para que eso no siga sucediendo. No hay que pensar en el inmediatismo. Pensemos en los niños que vienen ahí creciendo. Porque el futuro es para ellos y yo quiero dejarles algo mejor de lo que yo tuve. Por eso prefiero perdonar y seguir adelante.

F L: ¿Qué mensaje le quiere dar a los colombianos ahora que se acerca el Plebiscito?

A P: Son respetables las posiciones del SÍ y del NO. Cada quien tiene su posición frente al tema y si la gente considera que debe votar no, yo no tengo problema con eso. Sin embargo, el mensaje que yo les dejo es “no piensen en lo que han vivido, no piensen en el odio. Piensen en el país que van a dejar para sus hijos. La vida no se acaba ahora, la vida no se acaba cuando uno muere. La vida continúa. Uno deja de existir, pero la vida continúa y hay que dejar algo mejor de lo que yo encontré. Y hay que perdonar. A veces uno se carga de odio, y eso lo paga uno todos los días, y está pesado porque no ha perdonado. Y la vida sigue. El Sol no se ha puesto por última vez. Piensen muy bien si los hijos merecen el sí o el no. Porque no sólo me va a afectar a mí, los va a afectar a ellos.”  





@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano


**Antonio Pérez no es el nombre real del entrevistado. Antonio Pérez es un seudónimo utilizado en esta entrevista con el fin de proteger la identidad y mantener la seguridad de la víctima.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El Perdón de Eva Kor

Por Francisc Lozano*


Eva Kor en el campo de concentración de Auschwitz. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/09/el-perdon-de-eva-kor.html

Eva y otros sobrevivientes de Auschwitz. Tomada de Furtherglory.wordpress

En 2015, Eva Kor realizó una acción inesperada: Se acercó a Oskar Gröning, quien está acusado y condenado por su complicidad en las acciones que los nazis realizaron para erradicar a los judíos de la faz de la tierra en Auschwitz, le dio la mano. Le preguntó cómo estaba, le dijo que lo perdonaba por ser cómplice de la muerte de toda su familia, y le abrazó delante de todos los presentes. Esta acción le trajo complicaciones con otras víctimas de los nazis. 

 

No obstante, Eva se mantiene serena y firme en sus convicciones. "¿Para qué sobrevivir a todo si vas a querer estar triste, enojada y herida? Eso es ajeno a quien yo soy. No entiendo por qué el mundo está mucho más dispuesto a aceptar una arremetida iracunda en vez de aceptar la amistad y la humanidad”, diría en una entrevista en su casa en USA.

Su ejemplo y tenacidad son un faro de luz en un mundo lleno de oscuridad.

 




@Franzlozano






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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano



miércoles, 7 de septiembre de 2016

El Enterprise pierde fuelle. Star Trek: Sin Límites

Por Andrés Rodelo*

Mr.Spock/Star Trek. https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/09/el-enterprise-pierde-fuelle-star-trek.html   
Spock. Fuente: progressiveenforcer.deviantart.com
Lo mejor (para los grandes estudios) y lo peor (para el público) es que un blockbuster encuentre los huevos de la gallina de oro. Cuando estas superproducciones consiguen balancear la ambiciosa disyuntiva de éxito comercial y de crítica (cada vez más perseguida, un síntoma saludable), Hollywood aprovecha para sacudirse el polvo de la mala reputación que ensucia su lujoso vestido y sentencia a los cuatro vientos: “¡Entretengo, pero también soy artista!”.


Y claro, nosotros lo celebramos, especialmente quienes declaramos que el cine crispetero puede alcanzar altas cotas de calidad. Es allí cuando señalamos los carteles de las películas con pasión en Internet y gritamos a los mamertos: “¡Miren esta joya!, ¡recapaciten ya!”. Luego Hollywood, embriagado por rentabilizar la mitología que tanto gustó, ordena: “Hagamos una secuela. La gente lo quiere”, y ahí es donde el aplauso del fan (por lo menos el mío) se detiene.

Se detiene no porque, necesariamente, la secuela vaya a ser mala, sino porque la experiencia nos indica que prolongar las sagas hasta el exceso las vuelve predecibles. Cada secuela explota la fórmula exitosa de la anterior (¡los malditos huevos de oro!) hasta que la novedad se va por el desagüe, hasta que todo cae en un bucle agotador de déjà vus. De ahí la retromanía enfermiza que hoy nos invade. Claro, hay excepciones, pero esta regla campa a sus anchas en Hollywood.


Esto es lo que ocurre con Star Trek: Sin Límites, la tercera entrega del relanzamiento de la mítica saga televisiva ideada por Gene Roddenberry, que inició su andadura en el 2009 con Star Trek, seguida en el 2013 por Star Trek: En la Oscuridad, dos películas soberbias, que se apropiaban del material original para llevarlo por otros derroteros, haciendo de la aventura intergaláctica y de la caracterización (encantadora) de los personajes su piedra angular.


Las circunstancias que rodearon la producción de Sin Límites anticipaban un cambio, era difícil saber qué cambiaría, pero algo no sería igual: primero, J.J. Abrams, el director de las primeras dos cintas, daba un paso al costado y llegaba Justin Lin en su reemplazo; segundo, el actor Simon Pegg, quien interpreta al personaje de Scotty, asumía el rol de guionista junto con Doug Jung. Por más que algunos se empecinen con que Hollywood hace las películas como fabricando salchichas, es hora de que tomen consciencia de que los creativos, la gente involucrada, marca la diferencia.

Personalmente, iba a bordo de una montaña rusa de ensueño: fascinado por la primera estación (Star Trek) y asombrado de que la segunda catapultara la excelencia ya demostrada hasta lo más alto (En la Oscuridad) para luego caer en un descenso (Sin Límites) que no me provocó náuseas ni vértigo, sino desinterés, apatía, una experiencia poco memorable, que pasó por mi lado sin siquiera rozarme.


Star Trek Beyond: https://todaslassombras.blogspot.mx/2016/09/el-enterprise-pierde-fuelle-star-trek.html 
Star Trek: Beyond. Fuente: flickr.com

Por un lado, la trama central es un eco constante de las anteriores: la amenaza del terrorista exiliado, que otrora fue bueno y ahora quiere cebarse con la utopía de la Federación, y lo más imperdonable: que se deshaga del espíritu que puso en mi corazón las entregas previas: la comedia de enredos, los mágicos desencuentros entre los personajes, esa perspectiva desde la cual la obra es inconcebible sin el encanto de sus protagonistas. Aquí las relaciones se sienten frías, aburridas, diplomáticas y, por ende, las caracterizaciones, fallidas, dan una sensación de vacío, de entes acartonados.


Que no se entienda como un apego irracional a las esencias, el problema es que la nueva propuesta no cuaja. Los chistes dan pena y extrañé las carcajadas que me provocó la saga antes, convertidas ahora en risas desganadas. Quizás, el único momento de magia sea el musicalizado por Sabotage, de los Bestie Boys. Lo demás avanza en piloto automático, lo que es imperdonable si manejas los mandos del Enterprise.


@elrodelo

 

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*Andrés Rodelo (1988): nació en Ciudad Bolívar, Antioquia. Estudió periodismo en la Universidad de Manizales, donde descubrió su amor por el cine mientras coordinaba el Cineclub Cinéfagos. Escribe para medios como la revista Kinetoscopio, la Revista Online Ocho y Medio y el suplemento cultural Papel Salmón, del diario manizaleño La Patria. Coordina el Cineclub Estúpido de Manizales. En enero de 2013 participó en el VII Taller de Crítica Cinematográfica del Festival de Cine de Cartagena, en el que fue distinguido con la publicación de una crónica suya en el diario del certamen. Dirige también el programa radial Cinerama, de la Gobernación de Caldas. @elrodelo