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miércoles, 9 de noviembre de 2016

¿Y la paz para cuándo?

Por Francisc Lozano*

¿Y la paz para cuándo? Todas las sombra. Fuente:http://todaslassombras.blogspot.com/2016/11/y-la-paz-para-cuando.html
Manifestantes en favor del No al Plebiscito. Fuente: larevista.com

El 2016 será un año que no podré olvidar. Este año se firmó el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de Las Farc, después de 52 años de conflicto y casi 5 años de negociaciones; el Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea; Donald Trump, un millonario xenófobo y machista, destruyó a 17 contrincantes en su puja por alcanzar la presidencia de USA; y los colombianos le dijimos No al acuerdo que mencioné previamente, entre otras cosas por el engaño engendrado en las entrañas del Centro Democrático, algunas iglesias cristiano-católicas, el rechazo de la gente a Las Farc y a Santos. 


Y será imposible de olvidar porque todos esos sucesos ocurrieron en contra de todas las encuestas que determinaban que el Reino Unido no saldría de la UE, Colombia le diría SÍ al Plebiscito y Trump sólo tenía, hace dos días, un 18% de posibilidades de llegar a la Casa Blanca.


Pero no será inolvidable sólo porque demostró que las encuestas ya no sirven para predecir lo que pasará o que la gente empezó a decir mentiras al contestarle a las encuestadoras. Creo que esa es la única forma en la que, en contra de todos los pronósticos, los fenómenos del Brexit, el No al Plebiscito y el triunfo de Trump se pueden explicar. Este año será inolvidable para mí porque vi y escuché cientos de veces la expresión “paz sí, pero no así”.


Como dije en una columna anterior, no sólo los que dijeron No al acuerdo son los culpables del estado de conmoción en el que nos encontramos. También tenemos la culpa los que votamos Sí, Santos y sobre todo los que no votaron que son casi 22 millones de personas. Los que no votaron son culpables porque dejaron en manos de unos pocos la decisión de parar o no el conflicto más antiguo del hemisferio occidental, y con eso lograron contribuir a la desazón que vive Colombia desde el 2 de octubre del 2016.


¿Y los del No? Los que votaron No nos han demostrado los peligros que subyacen en la democracia. Sin importar cómo se hayan convencido de que votar No era la mejor opción para el país o para ellos, han permitido que los únicos que puedan realmente hacer alguna modificación a los acuerdos sean personajes como Alejandro Ordóñez, comprobado funcionario corrupto que llenó la Procuraduría de familiares y compró su reelección con nombramientos a familiares de los congresistas que iban a votar por él; Álvaro Uribe, reconocido político que compró su reelección presidencial con la entrega de notarías a los congresistas que tenían a su cargo la modificación de la Constitución y que permitió que sus hijos se quedaran con los terrenos que, él sabía, iban a terminar siendo zonas francas para que se hicieran millonarios sin trabajar esas tierras; Andrés Pastrana, de quien lo único que recuerdo es su fracaso al intentar un acuerdo de paz con Las Farc y la creación del Plan Colombia, y hoy se cree con la autoridad moral para decirle al país que este acuerdo está lleno de impunidad, sabiendo que él fue incapaz de alcanzar uno mejor o igual; y Marta Lucía Ramírez, a quien sólo le recuerdo haber sido candidata presidencial y ministra de defensa de Uribe en la época de las ejecuciones extrajudiciales.  Hay más voceros: Jaime Castro y otras personas, pero ni la gente los conoce, ni sus propuestas trascenderán porque no se han ganado el reconocimiento que sí le asiste a los demás.


Santos dice que se han recibido más de 300 propuestas para realizar modificaciones al acuerdo final, pero no podemos olvidar que los que “también quieren la paz” y votaron No son más de 6 millones 400 mil personas. Eso significa que el discurso de “paz sí, pero no así” ha sido sólo eso, un discurso. Si no fuera así, ¿por qué no hay por lo menos un millón de propuestas diferentes? ¿O es que acaso esas 300 propuestas recogen la pluralidad de ideas que debería existir en más de 6 millones de personas? ¿O es que Uribe, Castro, Ordóñez, Ramírez y Pastrana son tan visionarios para saber lo que pensaron tantas personas? ¿Es eso lo mucho que les importaba la paz de Colombia?


Yo sé que recibiré críticas, y estoy dispuesto a recibirlas, y es mi obligación preguntar si la “paz sí, pero no así”, ¿cómo es que debe ser esa paz y qué proponen para que sea mejor?, y más que eso, ¿la paz para cuándo?



@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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lunes, 17 de octubre de 2016

No leer condena

Por Francisc Lozano*


No Leer Condena. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/no-leer-condena.html
Lectura. Fuente: k46.kn3.net


Los colombianos no leemos. Sí, así como lo leen, y por paradójico que resulte porque, tienen que leer este texto para darse cuenta que los colombianos no leemos. Creo que aún era un adolescente cuando la televisión colombiana transmitía un comercial que decía que “leer libera”, y en eso tiene toda la razón: la lectura nos otorga unas bases increíbles e indispensables para entender la realidad y la irrealidad, y entregar juicios mejor fundamentados sobre lo que ocurre o deja de ocurrir en el universo. No importa el campo de acción, la lectura siempre es un arma de construcción masiva.


Pero los colombianos no leemos.  Las estadísticas sobre lectura que entregó Enrique González, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, en abril de este año, hablan de un promedio de lectura de 1,9 libros al año por cada colombiano.  Ese dato es escalofriante, y bastaría para replantear muchísimas cosas en el sistema educativo colombiano y en la sociedad. No obstante, la cosa se pone peor. Ese índice no es realmente un índice del nivel de lectura de los colombianos, es un verdaderamente un índice que determina el nivel de compra de libros por los colombianos. Es decir, los colombianos compramos, en promedio, un libro cada seis meses. Y ese dato es aún más espeluznante que el primero.


Y digo que no es un índice de lectura porque para poder saber cuántos libros al año lee un colombiano, tendríamos que enviar a un observador para que se quedara con el colombiano durante un año, y de esa forma pudiera realmente ver cuántos libros lee cada 12 meses, y eso nos representa muchos otros inconvenientes, como saber de esos libros que lee, cuántos realmente entiende. Por eso, sólo podemos contar con estadísticas de compra de libros, y no de lectura.


Hay multitud de excusas por las cuales la gente no lee: el sistema educativo no incentiva el amor por la lectura; las vidas de los colombianos están llenas de muchísimas otras ocupaciones, y leer no resulta muy importante; leer requiere de una preparación previa en la que el leer es fundamental para leer, por complejo que resulte, se requiere de la lectura para aprender palabras que después le ayudarán a uno en  la lectura; las películas, los programas de televisión y las redes sociales lo hacen todo más sencillo, y no es necesario leer, o no tanto. Pero no sólo eso, leer requiere un verdadero esfuerzo. No es sólo tomar un libro y ya, es saber que surgirán  dudas, que el cansancio hará su aparición, que el tiempo de lectura debe estar lleno de tranquilidad y que casi siempre requiere de la soledad.


En el año 2012, en Colombia nos dimos cuenta que ni siquiera para ser Senador de la República se requería leer: a Simón Gaviria, hijo del expresidente César Gaviria, cuando le preguntaron por qué había otorgado su voto de aprobación a una reforma a la justicia que entregaba beneficios indignantes para los congresistas y que maniataba más al resto de colombianos, dio una de las respuestas más insólitas, increíbles, mediocres e imperdonables para una persona de su importancia en la sociedad colombiana, pero que resulta ser una radiografía de la sociedad colombiana: “es que yo no leí el texto de la reforma”.


Pero Gaviria no es el único ejemplo resaltable de la cultura de no lectura de los colombianos: el pasado 2 de octubre, y en los días que le sucedieron, vimos a esta tendencia histórica de nuestra cultura hacerse presente de manera determinante para decidir el futuro de una de las votaciones con mayor peso en la historia de República de Colombia. Los colombianos demostramos nuevamente que leer no es una característica intrínseca de nuestra cultura y que, en gran parte, esa característica le dio el triunfo a una opción que fue apoyada por un conjunto de mitómanos, entre ellos Álvaro Uribe, Ordóñez, Vélez Uribe, Pacho Santos, Óscar Iván Zuluaga y muchos cristianos, que lo único que tuvieron que hacer para acabar con las esperanzas de los que creíamos en la posibilidad de cambio del conflicto a la reconciliación fue confiar en que sus seguidores no iban a leer el Acuerdo de La Habana. Sí, Uribe y el Centro Democrático confiaron en que los colombianos no íbamos a leer, y, por lo tanto, lo único que hicieron fue fraguar una estratagema basada en las mentiras para destruir las esperanzas de construir un país en paz.


No estoy diciendo aquí que todos los que votaron NO, no hayan leído el acuerdo ni que todos los que votamos SÍ, sí lo hayamos hecho. Estoy diciendo que la mayoría de las masas que decidieron los resultados, fue a votar engañada, y que la gran mayoría de las personas engañadas votó NO.


Hay muchas otras razones por las cuales el NO triunfó (leer las columnas: 1 y 2), pero con los resultados de ese día y las declaraciones de Juan Carlos Vélez, Colombia demostró que leer libera, y no leer condena.



@Franzlozano



*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la organización Grameen Caldas; fue director de la Fundación Funeducol; laboró como Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador de Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y por convicción. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano


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miércoles, 12 de octubre de 2016

Todos Son Desechables para Uribe

Por Francisc Lozano*

Todos son desechables para Uribe. Juan Carlos Vélez y Álvaro Uribe. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/todos-son-desechables-para-uribe.html
Juan Carlos Vélez y Álvaro Uribe. Fuente: pbs.twimg


Una noche cualquiera, hace unos 10 años, me encontraba caminando de vuelta a casa después de culminar mi labor en el supermercado local.  En mi recorrido me encontré a mi profesor de inglés y padrino. Él estaba coordinando el descargue y almacenamiento de unas frutas y verduras. Me detuve para saludarle, y me dijo: “Mirá como trabaja de duro ese muchacho”. A esto, yo le respondí: “Sí, lástima que sea un desechable”.  Germán se quedó mirándome fijamente a los ojos y me dijo: “¿Cómo que un desechable? ¿Cómo se puede decir que una persona es un desechable?” Hasta ese momento de mi vida, nunca había pensado en el significado real de una palabra como desechable, y desde ese día, no he vuelto a usar esa palabra para calificar a persona alguna. La razón es sencilla: no creo que una persona se pueda desechar.


Ahora bien, en el contexto político colombiano sí hay alguien que, aunque probablemente no use la palabra, practica la acción de desechar de manera constante. Su nombre es Álvaro Uribe. El senador tiene un modus operandi digno de los grandes capos de la mafia: Al Capone, Luciano y Costello, por ejemplo. Cuando estos personajes necesitaban de alguien, le mantenían en su círculo más cercano y le delegaban funciones que demostraban que era digno de confianza. Una vez estas personas caían en desgracia o ya no eran útiles, desaparecían de esos círculos cercanos. El método de “desaparición” no es relevante en este momento, porque sólo me quiero referir al alejamiento físico que ocurría entre los capos y sus servidores.


Ahora enumeraré algunos de los casos en los que Uribe ha abandonado a su suerte a sus más fieles servidores cuando ya no le han sido de utilidad:

Diego Palacio y Sabas Pretelt se desempeñaron como ministros de Uribe durante su primera administración (2002-2006).  Con el propósito de asegurar la reelección de Uribe para su segundo período, Palacio, Pretelt y Alberto Velásquez “corrompieron” (como dice la sentencia de La Corte Suprema de Justicia) a dos parlamentarios de provincia para que cambiaran su voto y éste fuera favorable a la reelección de Uribe y la modificación ilegal de la Constitución Política de Colombia. Los parlamentarios eran Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, quienes también terminaron presos.


Andrés Felipe Arias, el popular ‘Uribito’, ha sido condenado por la justicia colombiana por robarse los fondos del Estado para entregárselos a grandes terratenientes y empresarios del agro con el propósito de que éstos, una vez terminado el segundo período de Uribe, financiaran la campaña a la presidencia de Arias. Este desfalco al erario se llama “Agroingreso Seguro”, pero sólo buscaba un ingreso seguro de dineros a la campaña de Arias. Una vez se destapó el escándalo, Uribe se hizo a un lado y cambió a su sucesor favorito (Arias) por su nuevo sucesor: Santos.


Jorge Noguera, Rito Alejo del Río, María del Pilar Hurtado, Bernardo Moreno, Mauricio Santoyo, Luis Alfonso Hoyos, entre otros, también hacen parte de ese grupo de “buenos muchachos” que acompañaron a Uribe durante sus gobiernos, pero terminaron siendo condenados por narcotráfico, tráfico de influencias, paramilitarismo y otros delitos contra la patria y la población civil. Aunque Uribe sigue diciendo que son “buenos muchachos”, nunca ha sido capaz de confesar que él también estuvo involucrado en esos temas o que, en caso de no haber estado involucrado, esas personas no son buenos muchachos.


No olvidaremos a Mario Uribe, primo del hoy senador, a quien se ha condenado por paramilitarismo y con quien Uribe no ha querido ser ligado, a pesar de que hizo lo posible y lo imposible para que le dieran asilo político en Costa Rica cuando supo que lo estaban investigando por tener vínculos con los paramilitares y las barbaries que estos han cometido.


Pacho Santos, leal escudero del senador, también sabe lo que es recibir la traición de Uribe: en el proceso para elegir el candidato del CD para las elecciones presidenciales del 2014, Uribe urdió una estrategia para dejar por fuera de la contienda a Francisco Santos (primo del presidente) por una sencilla razón: no iba a ser capaz de lograr votos. Uribe impuso entonces a Óscar Iván Zuluaga, “el mejor ministro de hacienda de América Latina”, según dijo una publicación que nadie conoce, pero que, de acuerdo con Zuluaga, era muy importante.


Hemos llegado al 2016, y Uribe mantiene su modo de operación inmodificable: el pasado 5 de octubre, Juan Carlos Vélez dio unas declaraciones a La República en las que contaba lo que ya todos los que votamos SÍ en el Plebiscito sabíamos: que el CD es un nido de mentirosos y criminales, y que habían convencido a los colombianos de votar NO, a través de cientos de mentiras, apelando a la credibilidad que tiene Uribe, y a la incapacidad para leer que define a la mayoría de habitantes del país. Lo importante de las declaraciones es que decían que los que los hemos denunciado teníamos razón. Tras ese escándalo, Uribe le pidió a Vélez que renunciara al partido, y que dijera una mentira más por él, que dijera que todas las verdades que entregó a La República eran mentira y que habían sido sacadas de contexto. Desde ese día Uribe abandonó a su buen muchacho Vélez, y lo abandonó por mentiroso, a pesar de que hasta hace un año era “buen gerente, gran líder y transparente”, como lo demuestra este vídeo (clic para verlo), o “decencia en la política. Gente honorable, de manos puras”, como mencionó en este otro.


El 11 de diciembre dijo que no le aceptará la renuncia porque le estima mucho. Pero son patrañas: sólo quiere mostrarse como un padre benevolente que perdona a su hijo descarriado para mejorar su imagen entre los colombianos. Hasta en eso es un demagogo. Usa a sus seguidores para obtener la mayor rentabilidad posible de cada situación. ¡Patrañas!



**En noviembre del 2017, Uribe, usando una vez más su ya conocida forma de deshacerse de quienes ya no representan utilidad para sus planes, le prohibió a Óscar Iván Zuluaga que se presentara al procedimiento interno de selección de un candidato único del Centro Democrático. Zuluaga ya había estado a punto de lograr la Presidencia de la República en el 2014 y es, junto a Uribe, Duque, Valencia, Cabal y Holmes Trujillo, uno de los representantes más conocidos de su partido político.
Las razones que esgrimió Uribe para dejarlo por fuera son, en su mayoría, válidas: Queda poco tiempo para armar su campaña, su nombre aún no ha sido completamente exonerado de sus vínculos con Odebrecht, etc. Pero la forma sentimentaloide que Uribe le ha dado a su decisión sí que es una farsa. El senador dijo, entre otras cosas: "La política se hace ingrata cuando obliga a decisiones que afectan intereses legítimos de compatriotas a quienes se quiere y se respeta". Uno podría creerle, si no hubiera visto como en el pasado ya se había deshecho sin amago de arrepentimiento de los otros personajes a quienes, como en el caso de Zuluaga, les llegó la mala hora.


Uribe siempre ha considerado que sus seguidores y colaboradores son útiles siempre que sirvan a sus propósitos, y hasta que caigan en desgracia. A partir de ese momento, a partir de que se ven envueltos en la desgracia, les abandona a su suerte porque todos son desechables para Uribe.




**Este texto fue escrito originalmente en octubre del 2016, y ha sido modificado en noviembre del 2017 para actualizar la nueva movida con la que Uribe  sacó del camino a Zuluaga, como antes ellos dos habían hecho con Francisco Santos.

@Franzlozano


*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia. Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change; y se desempeñó como Conferencista y Formador en Aprendizaje de Inglés en México. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su cuenta de Twitter: @Franzlozano



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sábado, 8 de octubre de 2016

Antioquia, ¿SÍ o NO?


Por María Gloria Pérez*




Antioquia, ¿sí o no? Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/antioquia-si-o-no.html
Marcha por la paz-Medellín. Fuente: Todas Las Sombras



Cansada de responder uno a uno los comentarios y deseos de algunos, referidos a los fatídicos resultados electorales en Antioquia, comentarios que van desde el deseo de "sacar" a Antioquia del mapa de Colombia (al mejor estilo de Paloma Valencia) hasta al deseo de exterminarnos, quiero expresar lo siguiente:


Son entendibles, muy entendibles, el dolor y la rabia. Antioquia puso el no. Así no más. Antioquia frustró la esperanza de medio país votante. Pero la cosa no es tan simple. Si a la Colombia por el SÍ le dolió este resultado, a la Antioquia por el SÍ nos devastó, nos paralizó.


Pero pasadas las primeras maldiciones, las primeras lágrimas, nos llegan, más que las razones, los motivos: no es necesario pasar más de un día con su noche en uno, cualquiera, de los barrios populares de Medellín para enterarse del dominio, en todos los ámbitos, de las ahora llamadas "bacrim", que no son más que bandas de narcoparamilitares descendientes, herederas de la poderosa organización de Pablo Escobar, unos; de los hermanos Castaño, otros; y otros más de las Convivir, creadas, organizadas y pagadas (en principio, con dinero oficial) por el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.


Estos grupos ejercen un dominio tal, que gobierna el miedo en todos los momentos y aspectos del devenir cotidiano en los barrios populares, y, claro, para estas votaciones la cosa no iba a estar al margen: "Si en este barrio gana el SÍ, se armó la guerra, más de uno lo va a pagar" (por razones obvias no se revelan fuentes, pero si usted lo duda dese una pasadita por las comunas populares). Claro que incluso a pesar de esas amenazas, muchas personas, muchos valientes de los barrios votaron SÍ. Los 600 mil y pico de votos no salieron todos de los estratos altos. En los municipios reina una religiosidad medieval, que alimenta el atraso, religiosidad que va aumentando en la medida en que las llamadas "iglesias cristianas" adoctrinan puerta a puerta por barrios y veredas. Y no tiene objeto exponer acá cuáles, a qué y a quiénes sirven estos intereses religiosos que en este caso se dedicaron a alimentar el rencor, la sed de venganza y el terror por el "comunismo agazapado que trataba de tomarse a Colombia de la mano de Juan Manuel Santos".



Para nadie es un secreto que desde tiempos inmemoriales existe una dirigencia paisa astuta que ha alimentado el regionalismo más rampante, apoyándose en la ignorancia, y hasta ingenuidad del pueblo. Dirigencia de clase que creó mitos empalagosos con los cuales alienan, mitos como "la raza y la berraquera paisas", que bien han servido a los intereses de dominio político. A todo esto súmele las mentiras con las que los promotores del NO alimentaron la ignorancia que, por desgracia, campea en Colombia. Esa es nuestra tragedia, señores.


Y, por último, como en TODA Colombia, muchos partidarios de la paz, de manera irresponsable se atuvieron a que "el SÍ ya estaba arreglado", que era un hecho y no votaron. Puede que para muchos sea difícil de entender, es comprensible. Afortunadamente, el mundo gira, la historia es dinámica y se rige por las leyes de la dialéctica y, entonces, en medio de todo esto, estamos los 600 mil y pico de votantes por el SÍ, los más de 30 mil que marchamos ayer. Y por el bien de Antioquia, por el bien de Colombia, por el bien de la paz, pedimos comprensión y alguito de respeto, si quieren nos maldicen, pero no nos lo hagan saber. Ya tenemos bastante con el dolor y la vergüenza que nos acongojan desde el domingo. Estamos tratando de recuperar el aliento, de recoger nuestra maltrecha alma para seguir, en medio de la mayor adversidad, luchando por la paz.



Gracias, ¡y qué triunfe la paz!





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*María Gloria Pérez: Nació en Anorí (Antioquia), un pequeño pueblo minero que por más de 40 años ha sufrido todas las batallas de esta guerra. Estudió licenciatura en Historia y Filosofía en la Universidad de Antioquia. Se desempeñó como profesora de literatura. Ha publicado en varias revistas y ha sido ganadora de tres premios nacionales de cuento. 

jueves, 6 de octubre de 2016

La Campaña de la Infamia


Por Francisc Lozano*


La Campaña de la Infamia. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/la-campana-de-la-infamia.html
Juan Carlos Vélez Uribe. Autor: Jcvelezuribe

El 7 de diciembre de 1941, la armada japonesa atacó la base militar estadounidense de Pearl Harbor en Hawái. El ataque ocasionó muchas pérdidas de tipo material y una gran cantidad de muertes, las pérdidas más dolorosas que la guerra puede ocasionar. Como respuesta a ese ataque, USA entró a participar sin vacilaciones de la Segunda Guerra Mundial, la cual terminó con los nazis derrotados y con la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, institución que a la postre se convertiría en la Unión Europea. Ese 7 de diciembre del 41 ha sido marcado, en los anales de la historia, como “El Día de la Infamia”. Al igual que con los atentados del 11 de septiembre, hay muchas dudas sobre cómo pudieron ocurrir estos ataques sin que el ejército o la fuerza aérea de USA pudiese detectarlos. Esas dudas surgen puesto que los japoneses lograron viajar durante 11 días desde Japón hasta Hawái, y nunca fueron detectados en su travesía. Pero no nos centraremos en esto hoy, culminaré este asunto diciendo que la historia siempre es escrita por los ganadores, y como USA y los demás países aliados ganaron, ese día se llama “El Día de la Infamia”.

Ahora me referiré a Colombia y la difícil situación institucional, y hasta anímica, que enfrenta después de los resultados políticos del pasado 2 de octubre en los que el NO al plebiscito salió avante. Tengo que advertir aquí que, si mi lector es un uribista incapaz de aceptar la crítica hacia el senador, es mejor que abandone inmediatamente la lectura de esta columna de opinión.

Para los que se hayan quedado, seguiré con la exposición de argumentos: el día 4 de octubre del 2016, el senador Álvaro Uribe le concedió una extensa entrevista al Canal RCN (se puede ver la entrevista dándole clic al vínculo anterior). En esa entrevista se notó que Uribe, como ya lo habíamos advertido previamente, no tenía ningún plan para “mejorar” los acuerdos de La Habana como había repetido incansablemente, no. Si algo se pudo ver en esa entrevista, es que Uribe lo único que quiere es retrasar la implementación de los acuerdos, para ser él quien les dé la aprobación final (sí, todavía se cree el presidente del país), mostrar su caudal político para asegurarse de que su candidato a la Presidencia quede muy bien parado frente a la opinión pública y las elecciones del 2018, y modificar el apartado del Tribunal Especial para la Paz del Acuerdo de La Habana para que los militares que estén presos o siendo investigados por delitos contra la población civil, en el marco del conflicto armado colombiano, no cambien verdad por libertad, como propone este acuerdo.  

Cuando, en esa entrevista, uno de los periodistas le preguntó por qué si renegociar los acuerdos era tan fácil “para que Las Farc le acepten ir a la cárcel; para que Las Farc le acepten no tener elegibilidad política; para que Las Farc acepten lo que usted plantea, que se parece más a un sometimiento a la justicia y no una negociación…”, ¿no iba él a negociar con Las Farc en La Habana si el Presidente le autorizara para ello?, Uribe respondió: “… Ahora, si yo te digo: sí, me voy para La Habana, Yamid, yo estaría usurpando competencias que no tengo porque es el Gobierno Nacional el que  negocia y dirige las negociaciones… Y te lo voy a decir desde el punto de vista práctico…: es inútil proponer, nosotros, algo a Las Farc desde el punto de vista jurídico, político y de conveniencia si el Gobierno no ha aceptado previamente corregir…”. Olvida Uribe que, con el NO al plebiscito, le entregaron a Las Farc el poder de decisión sobre si se puede seguir negociando o no, y que esa no es la facultad del Gobierno Nacional, como lo expliqué en otra columna.

A Uribe no le interesa que los militares digan la verdad porque él saldrá implicado en esos delitos cometidos por ellos, de eso no hay duda. Gustavo Petro, quien conoce de primera mano el conflicto colombiano porque fue guerrillero del M-19, senador de la República, y alcalde de Bogotá, dijo en unas declaraciones a Semana en Vivo (Ver declaraciones) que: “entonces le están diciendo al general, al coronel, al teniente, al soldado: oiga usted, Uribe les dice:  ustedes van para la justicia ordinaria, ¿por qué?... ¡Ah! Porque los acuerdos dicen que ese tribunal especial cambia los beneficios jurídicos por verdad. Entonces, lo que debería decirle el señor Uribe de frente a los colombianos es que teme que los militares confiesen y que por eso se tiró el proceso de paz con Las Farc y auspició el NO. Porque él, personalmente, como presidente de la República que fue y como Gobernador de Antioquia que fue, teme que unos militares confiesen cosas que él no quiere que confiesen y por eso, entonces, los sacrifica, sacrifica a los militares… Intenta no dejarlos llevar hacia el Tribunal Especial para que no paguen cárcel, para que no lo juzgue La Corte Penal Internacional, para que no queden enredados en procesos como el del general Uscátegui (ver documental)… Porque van a confesar. Entonces, me parece que ahí hay un tema de fondo: que es que detrás de la campaña del No hay el intento de ocultar realidades que sucedieron en esta historia.”

Ahora bien, en un hecho sin precedentes, el señor Juan Carlos Vélez quien fungió como el director de la campaña del NO por parte del Centro Democrático (CD), el partido de Uribe, ha hecho algunas de las siguientes declaraciones al diario La República (se puede leer la entrevista en el enlace anterior) después del triunfo del NO:

La campaña del Sí fue basada en la esperanza de un nuevo país, ¿cuál fue el mensaje de ustedes?
La indignación. Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca. (berraca o verraca: indignada, enojada)

¿Cómo fue la estrategia?
Descubrimos el poder de las redes sociales. Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla (sin dinero). Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas.
Hicimos una etapa inicial de reactivar toda la estructura del Centro Democrático en las regiones repartiendo volantes en las ciudades. Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios. En cuanto al segmento en cada región utilizamos sus respectivos acentos.  En la Costa individualizamos el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela.  Y aquí el No ganó sin pagar un peso. En ocho municipios del Cauca pasamos propaganda por radio la noche del sábado centrada en víctimas.

¿Cuál es el Top 5 de empresas que más aportaron?
Organización Ardila Lülle, Grupo Bolívar, Grupo Uribe, Codiscos, y Corbeta.

¿Por qué tergiversaron mensajes para hacer campaña?
Fue lo mismo que hicieron los del Sí.”

Hoy Uribe ha negado que lo que dijo Vélez esté apegado a la verdad y ha dicho, igual que Juan Carlos Vélez, que corresponde a una tergiversación de sus palabras. Resulta curioso ese hecho porque hace unas cuantas horas, el mismo Vélez difundía la entrevista que le habían realizado de manera continua y con gran orgullo:


Juan Carlos Vélez Uribe entrevista a La República. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/la-campana-de-la-infamia.html


















Como denunciamos muchos promotores del SÍ, de manera previa al plebiscito, hubo muchas mentiras para apoyar el NO.  Y muchos colombianos incautos que NO LEYERON los acuerdos, o que, aunque los hayan leído, creen en la palabra del uribismo como si fuera palabra de Dios, tomaron la decisión de votar NO el 2 de octubre de 2016, con base en las mentiras que dijeron, entre otros, el CD, empresarios, políticos, y muchos pastores, ministros y sacerdotes cristiano-católicos, quienes olvidaron su compromiso con el perdón, el mismo que promulgó Cristo. Los religiosos abandonaron las enseñanzas de Cristo, y se centraron en mensajes de odio contra las familias no tradionalistas y contra las personas no heterosexuales para destruir una oportunidad de solucionar los conflictos de nuestro país. Usaron ideas tan insulsas como: "nos van a imponer la dictadura del homosexualismo"; "nos quieren imponer la "ideología de género"". Todas una sarta de idioteces que se hubiesen caído por su propio peso después de haber leído conscientemente por lo menos el primer punto del Acuerdo, pero no, los colombianos prefieren no leer y escuchar a cualquier personajillo con ínfulas de gran pensador como Arrázola, quien usa a dedo cualquier versículo de La Biblia (se puede ver el vídeo) para traficar con las mentes de los incautos. Algunos cálculos hablan de 2 millones de votos proporcionados por los cristianos en contra del plebiscito. No son todos los que votaron por el NO, aclaro.

Uribe comprobó que lo que dijo Vélez es verdad al publicar en su Twitter lo siguiente:

Hacen daño los compañeros que no cuidan las comunicaciones: Álvaro Uribe. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/la-campana-de-la-infamia.html














La manipulación y desinformación han sido unos factores determinantes en el resultado que obtuvo el plebiscito el domingo anterior, lo mismo pasó en el Reino Unido, y podría pasar en USA en las próximas elecciones. Si no se elige a Trump allá, los colombianos y los británicos seremos recordados como los ciudadanos más torpes del mundo por un buen tiempo.


Lo que hemos visto, de parte de Uribe y su séquito, no es una campaña de por el bien de Colombia ni por acabar con la impunidad que ellos dicen existe en el Acuerdo de La Habana, no. Es una campaña de la infamia y los colombianos la dejamos progresar y derrotar las esperanzas de un mejor país y de una verdadera reparación para las víctimas del conflicto armado colombiano.

Una vez más hemos visto las consecuencias de haberle permitido a un pueblo, que no lee, que tomara la decisión política más importante en el último siglo de historia, después de permitir el sufragio femenino en el 53 y la creación del Frente Nacional en el 58. No voy a criticar la decisión de Santos, critico la forma en la que los colombianos le respondimos a la responsabilidad política, humana, social y económica de terminar los enfrentamientos con Las Farc y traicionar a muchas víctimas que le apostaron rotundamente al SÍ.



@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano

lunes, 3 de octubre de 2016

Aquí no Ganó la Democracia

Por Francisc Lozano*

Aquí no ganó la democracia. Fuente: https://todaslassombras.blogspot.com.co/2016/10/aqui-no-gano-la-democracia.htmlSantos y Uribe. Fuente: Wikimedia.org


Lo primero que quiero decir es que acepto los resultados que nos entregó nuestra democracia ayer, 2 de octubre. Yo, en temas políticos, soy ante todo un demócrata y no me atrevería a decir que los comicios han sido fraudulentos sin tener pruebas, y no las tengo.

Ahora que he dejado mi opinión clara sobre los resultados de la votación de ayer, debo decir que no estoy de acuerdo con muchas personas que han dicho que aquí ganó la democracia. Y no lo digo por el resultado del plebiscito, lo digo por la poca gente que salió a votar. Veamos los siguientes datos:


El censo electoral, publicado por la Registraduría Nacional del Estado Civil, dice que 34'899.945 (ver datos) personas estaban autorizadas para votar ayer. No obstante, sólo 13 millones 66 mil 47 personas salieron a votar. De esos, 170.946 fueron votos nulos y 86.243 no fueron marcados. El No al plebiscito ganó con el 50,21% de los 12’808.898 votos válidos, y el Sí sólo obtuvo los 6’377.438 votos restantes. Todos los datos pueden ser verificados en la página web de la Registraduría.  Lo anterior quiere decir que 21’833.898 personas que podían votar no lo hicieron. No sé cuáles sean las razones para ese hecho, pero me aventuraré a crear unas hipótesis:


Primero, los colombianos no estamos seguros de la utilidad de la democracia. A partir de 1991 con la promulgación de la Constitución, todos los cargos de representación de la sociedad se han hecho susceptibles de ser elegidos por la población. Ahora podemos elegir alcaldes y gobernadores, y no esperar a que el presidente los designe a dedo. A pesar de eso, parece que aún no confiamos en la democracia para expresar nuestros ideales. No todo es culpa del elector, también la democracia nos ha fallado en muchas ocasiones, como cuando asesinaron a Galán, a Lara, a Pizarro, a Guillermo Cano, al papá de Iván Cepeda, cuando le volaron los dedos a Vargas Lleras, cuando asesinaron a Garzón, cuando Escobar llegó al Congreso, cuando mueren todos los inocentes y aquí nada se resuelve o cuando se modificó ilegalmente la Constitución para permitir la reelección de Uribe y posibilitar la de Santos o cuando los 3 mil muchachos asesinados por el ejército no pudieron ser salvados. No obstante, la democracia también nos ha enseñado a creer: Mockus fue un buen alcalde de Bogotá, algunos presidentes de Colombia intentaron reformar el país y ponernos en la esfera de los países más educados o influyentes del mundo. A Santos se le reeligió con el propósito de llegar a un acuerdo con Las Farc, y lo ha logrado. También la democracia funcionó cuando salimos a marchar en contra de Las Farc a principios de los años 2000, cuando marchamos por la paz el año anterior y cuando Fajardo transformó a su ciudad en un lugar mejor. Hay muchos ejemplos, no puedo listarlos todos.


Segundo, mucha gente no sabe para qué sirve un voto. En las democracias representativas, como la nuestra, el voto es un contrato ciudadano: yo apoyo las propuestas de alguien con mi voto, y ese alguien se compromete a cumplir esas propuestas y yo me comprometo a hacerle seguimiento. Por eso es que le entrego mis esperanzas con el voto, porque podré ser un veedor de su labor. Así mismo funcionaba el voto de ayer: yo entregaba mi voto, y el Gobierno Nacional, Las Farc, y yo mismo nos comprometíamos a hacer de este un país en el que la muerte no sea más preponderante que la vida. Un país en el que sea más importante discutir las ideas con palabras que silenciarlas con tiros. Eso no pasó ayer, pero espero que pase pronto.

Tercero, la gente no se siente identificada con la democracia. Cuando hay muchos candidatos para un cargo público, yo me siento feliz. La pluralidad generalmente significa que hay más probabilidades de que uno o varios de los candidatos tenga ideas que se parezcan o que representen a las mías.

Cuarto, los políticos le han fallado a la democracia y al país. Mucha gente desconfía de la democracia gracias a las acciones de muchos políticos que han desangrado las finanzas de este país. Esta es probablemente la principal causa de todos los problemas de nuestra democracia, y origina la apatía de muchos colombianos por la misma. Esta razón es, en parte, el origen de las razones primera y segunda.

Por las razones anteriores, tengo que decir que aquí no sólo no ganó la democracia, sino que, muy por el contrario, perdió y mucho.

No voy a asignarle la culpa de lo ocurrido ayer a quienes dijeron NO al plebiscito. Ustedes tienen todo el derecho de votar como quieran, y ese derecho lo respeto por encima de todo. Me preocupa que muchos, tal vez, hayan votado NO por las mentiras que vi distribuidas por las redes sociales: “nos vamos a volver un país “castro-chavista””; “lo mismo pasó en Venezuela y en Cuba”; “no van a reparar a las víctimas”; “el acuerdo les ofrece impunidad total”; “les van a pagar $1’800.000 al mes”, "se viene la reforma tributaria sólo para pagar los acuerdos", etc, etc. No, esa culpa me la asigno yo, y se la asigno a todos los que como yo creímos en el Acuerdo de La Habana. Se la asigno a Santos por no ser capaz de desligar el SÍ de su persona, de su inexistente favorabilidad y polularidad entre los colombianos, a Gaviria por no lograr asumir de manera responsable la consigna de unir a los colombianos por el SÍ, a Claudia López, a Mockus, a Robledo y a todos los demás que, estando a favor del Sí, fuimos incapaces de convencer a los del No de las ventajas de parar la guerra ya. 

También se la asigno a nuestra democracia imperfecta y a los 21 millones de personas que, siendo el 45,4% de nuestra población y el 62,5% del censo electoral, decidieron dejar esta trascendental decisión en manos de los 13 millones de personas que votamos. Ellos estarán desencantados, pero yo estoy decepcionado porque fueron simples espectadores de lo que está ocurriendo.  Si alguno de los que he mencionado se siente ofendido por lo que estoy compartiendo, no tengo problema en reconocer toda la culpa del batacazo que nos han asestado ayer los promotores del No. Yo le fallé a mi país, y a los niños de mi país, y le fallé a la humanidad porque no fui capaz de convencer a mis adversarios políticos de las ventajas que traería consigo el Acuerdo de La Habana. Yo sé que hay desventajas en él, pero siempre que salvemos vidas, aunque sea una sola, todo sacrificio habrá valido la pena.

Algunas repercusiones


Siempre que visito un lugar diferente a mi natal Colombia, alguien se acerca y me pregunta de dónde soy. Cuando me oye decirle estas palabras: “Soy colombiano”, su cerebro empieza a asociarme con personas como Escobar, Tirofijo, Uribe, Santos, Carlos Castaño o Mancuso, y casi siempre vienen las preguntas obligadas para un colombiano que está por fuera del país: “¿Eres familiar de Pablo Escobar?”, “¿es cierto que su cocaína es la mejor del mundo?”, “¿hay mucha violencia allá?”. Yo siempre pensé que se trataba de una estigmatización sistemática contra los colombianos, y aunque sé que hay millones de nosotros que no queremos ser asociados con esas cosas y parar la violencia, muy a mi pesar, me temo que ayer le demostramos al mundo que no se ha equivocado al señalarnos así. Hace 8 años un miembro del gobierno inglés dijo: "Los colombianos son violentos por naturaleza", y aunque me he negado a creerlo veraz, con lo de ayer eso parece ser una realidad.



Repito que acepto lo ocurrido ayer. Lo acepto porque confío en nuestra democracia, a pesar de sus falencias. Pero me ha dolido inmensamente, y no he podido salir de mi tristeza y evitar el llanto constante al pensar que pudimos haber tirado a la basura una oportunidad que puede llegar a ser irrepetible. Tal vez pronto esos sentimientos pasen y olvide mi decepción, y yo siga con mi vida normal. Con una vida que hemos hecho normal en medio de las noticias de masacres y de secuestros y de explosiones. 


A causa de tanto vivir en medio de la guerra, creo que nuestro país ha entrado en un proceso de deshumanización tan grande y terrible, que somos capaces de menospreciar las vidas de quienes han muerto hasta hoy, con el propósito de “ahorrarnos” unos pesos que tendremos que gastar en más armamento y entrenamiento de nuestros militares, y despreciamos el fin de la guerra por no entregar 10 escaños en el Congreso, y eso me llena de dolor. Han podido más esas ambiciones personales que la ambición de un país mejor para todos o para la mayoría. Hemos tenido los oídos sordos al clamor de Toribío, de Bojayá, de Caloto, de Apartadó, Cajibío y de todos esos lugares que han sufrido la guerra en carne propia y en los que la población salió a decir: “No más guerra, digo SÍ al plebiscito”. Yo de verdad creo que le hemos fallado a la humanidad porque, como dijo Jonh Carlin, "si votar sí es traicionar a los muertos, votar no es traicionar a los vivos y a los que están por nacer".

Los Ganadores


Ayer ganaron los promotores del No, obviamente, pero además ganó Uribe, y ganaron Las Farc.

Los del No ganaron porque ahí están los resultados para ser mostrados.

En cuanto a Uribe,  se suponía que, el senador, estaba extremadamente interesado en esta negociación, pero hoy le ha dado una nueva bofetadaal país (visite el artículo anterior) al decidir no presentarse al pacto que propuso Santos: no es ni la primera ni la última vez que lo hace porque a él no le interesa el acuerdo, le interesa ser el único que pueda tomar la decisión final. Sus intereses personales y cálculos políticos están por encima de la ciudadanía, incluso de esa que tanto lo idolatra.  Si su interés real era/es la negociación con la guerrilla, debió haber asistido hoy a la reunión que convocó el presidente, pero él está esperando al momento preciso en el que su palabra y su decisión puedan tener el impacto mediático y político que a él tanto le encanta y que mueve masas a su alrededor y asegurarle a su bendecido un gran apoyo para las elecciones del 2018. Yo sé que no todos los que votaron NO son uribistas, y que no todos los uribistas votaron No. No obstante, resulta gracioso, y hasta paradójico, que quienes votaron No y no son uribistas, no tendrán representación alguna en este nuevo pacto político. ¿O ustedes creyeron que alguien iba a venir a sus casas a preguntarles qué les gusta y qué les disgusta del acuerdo? No señores, todo lo decidirán Uribe y Las Farc.



No puedo evitar decir que nadie presupuestaba el triunfo del No, y que éste cogió por sorpresa incluso al mismo Uribe. No es gratis que ayer se haya tardado horas en salir a hablarle al país. Estaba escribiendo un discursito que no había pensado dar, y ahora, como están las cosas no sólo tiene que armar esos discursos, sino que proponer cómo resolver el problema que se ha abierto con el fracaso del Sí en el plebiscito. Lo anterior nunca estuvo en sus planes. Su “acuerdo mejor” no es más que un eufemismo para evitar decir que no sabe qué va a hacer y cómo lo va a hacer. Su mezquindad se hace presente una y otra vez, y hoy le ha mostrado a Colombia que no es que quiera un acuerdo mejor, es que quiere ser el firmante el acuerdo.

¿Por qué ganaron Las Farc?



Las Farc han ganado porque, los que dijeron No ayer, pusieron en manos de ellas la posibilidad de volver a negociar. Es improbable que las Farc vayan a ceder en su propósito de participar en política y de no pagar cárcel. Pero esas son las exigencias de Uribe, por lo que un acuerdo como el que ofrecen Uribe, el Centro Democrático y otros resulta poco viable y bastante irreal. No obstante, espero que llegue a buen puerto.

De verdad espero que los que ganaron ayer, sepan manejar esa victoria para el bien del país. Me alegra escuchar o leer que los que ganaron dicen: “esto hay que construirlo entre todos”. Yo espero que sí lo podamos construir entre todos, y espero que los insultos de parte de quienes dijimos Sí paren contra quienes dijeron No. Yo estoy dispuesto a aportar mi tiempo, mi conocimiento y mis intenciones de hacer de Colombia un país mejor para trabajar con quienes dijeron NO ayer. Porque yo sí creo en el perdón y en la reconciliación que he promulgado desde que era un niño y que nuestras víctimas han ofrecido, a pesar de su dolor.



Ayer le dijimos NO a un sueño que he tenido desde que era un niño y escuchaba hablar de las bombas puestas por Escobar y sus hombres en toda Colombia, los atentados de las guerrillas y las masacres perpetradas por los militares y los paramilitares: que el país no se siga desangrando, y que después consigamos la paz de verdad. Espero que ese No sólo signifique haber aplazado ese sueño y no haberlo acabado para siempre.



Aquí estoy para trabajar con ustedes: los del Sí, los abstencionistas y los del No.



@Franzlozano



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*Francisc León Lozano Rivera (1988): Nació en Santiago de Cali, Colombia.  Es Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia. Trabajó como Director de Talento Humano en la Organización Grameen Caldas; fue Director de la Fundación Funeducol; y Coordinador de Reclutamiento de Heart for Change. Es escritor por gusto y convicción. Puede contactarle en su Twitter: @Franzlozano